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Charlas de Quincho
Como es habitual en los fines de semana largos, dividimos esta sección en dos entregas (mañana, la segunda). Aquí contamos el equipaje -en sentido figurado- que se llevó la Presidente a su larga excursión por el sur, y le adelantamos parte de lo que dirá hoy en Ushuaia sobre Malvinas. Pero también relatamos la estrategia de un gobernador para enfrentar ataques, y dos bodas bien diferentes entre sí (sobre todo por la edad de los contrayentes en ambos casos). En una de ellas, un tío del novio fue asaltado por segunda vez en pocos días: en este caso, por otros invitados que le pedían que relatara cómo había salvado la vida en un intento de secuestro. Finalmente, un quincho artístico hiperrevulsivo. Veamos.
Juego fuerte, político y futbolero, ayer en La Ñata, residencia de Daniel Scioli, quien recibió una plancha de un adversario de Sportivo Italiano que pudo motivar expulsiones que negó un polémico árbitro.
Igual la Presidente usará en las horas que vienen el contenido de otras minutas que le acercaron sus ministros, como la que intenta responder a la noticia de la denuncia de 40 países en la OMC contra la Argentina por frenar importaciones. Dirá, siguiendo la letra de la Cancillería, que lo que se conoció en la OMC es la protesta de los Estados Unidos y 17 países por las medidas del país -la UE tiene allí un solo voto, aunque la información presuma que multiplica los votos en representación de cada miembro-, pero que no es la apertura de un expediente, por ahora, ni de tribunales para examinar esas denuncias. Usará la Presidente seguramente alguna de las ironías que aporta Héctor Timerman sobre que Estados Unidos tiene 177 expedientes abiertos en la OMC sobre trabas a importaciones y que la UE tiene otros 70, mientras que la Argentina tuvo uno cuando era presidente Néstor Kirchner y otro con Cristina de Kirchner. Este se arregló con una mediación y fue por unos textiles que venían de Perú. Algunos optimistas del mundo de la cultura esperan también que se expida Cristina sobre las trabas por la importación de libros de manera de mitigar el efecto negativo de esas medidas en la opinión de los sectores moderados para los cuales los libros son sagrados, cuando el negocio significa el 0,09% del PBI y las importaciones representan el 0,16% del total de las que hace el país.
La semana que pasará la Presidente en el sur se quiere pacífica pero dará para titulares por el rostro que va tomando la pelea dentro del oficialismo que tiene punta en el reclamo de los diputados del bloque mayoritario en la Legislatura bonaerense para que el Gobierno de Daniel Scioli informe sobre concesiones al grupo Boldt en materia de casinos, una réplica de la denuncia que hizo Amado Boudou sobre esa firma como promotora de campañas periodísticas sobre su actuación en el caso Ciccone. No gustó nada esa andanada en el vértice del poder provincial, más por la música -que es agresiva para Scioli- que por la letra -que los destinatarios políticos creen es inocua-. En las sobremesas futboleras de La Ñata, adonde la actividad deportiva nunca cesa -ayer tocó un enfrentamiento entre los «Naranjas» y un Sportivo Italiano de La Matanza, dirigido por el cuestionado árbitro Gabriel Brazenas, quien desoyó pedidos de expulsión cuando el gobernador recibió una plancha que le dejó marcas de tapones en el pecho-, destacaron que el actual gobernador heredó contratos de la gestión de Felipe Solá y que el interés de los legisladores quizás debería ampliarse a las otras empresas que administran juego en la provincia. El gobernador, enfatizaba ayer en La Ñata el grupo que integraban entre otros, el extenista Ricardo Cano, el médico de las estrellas Alfredo Cahe y los cantantes Roberto Rimoldi Fraga y Nacha Guevara, no abrió un solo bingo desde que asumió.
También se rieron de la técnica legislativa de ese pedido de informes, que no tiene «considerandos» que la expliquen. Trae sólo un texto resolutivo; cuando le preguntaron a los diputados por qué no había considerandos respondieron que es porque los argumentos eran tan peregrinos o insolventes que no se pudieron poner de acuerdo. Quienes presumen de ver debajo del agua no descartan que haya detrás otra guerra empresaria, esta vez para interceptar una licitación para enlazar on line todas las apuestas de la provincia que está en marcha hace tres meses y que culminará recién a fin de año. Igual es una pirotecnia peligrosa que el gobernador tratará de capear con más sciolismo, estrategia que pasa hoy por mostrarlo no sólo en algaradas futboleras sino pisando territorios nuevos. Ahora toca el exterior, porque hay ya lista para la semana próxima una misión al Uruguay cuyo eje es enlazar cajeros del Banco Provincia con el Banco de la República del Uruguay y la inauguración de una sede del Bapro en Montevideo a la que asistirá Pepe Mujica. Como los sciolistas tampoco duermen en lo político, sordos ruidos oír se dejan sobre un movimiento discreto que está en búsqueda de un nombre, pero que tiene ya un rótulo provisorio: el grupo Calafate de Scioli.
De esto no habló nada el gobernador en su aparición en una de las dos fiestas principales del fin de semana, el casamiento del hijo de Gerardo Werthein en el hotel Sheraton, adonde fue parte del lote político de invitados que alimentaron Mauricio Macri y un importante número de empresarios y personajes de la vida pública. El casamiento juntó a casi 700 invitados en el hotel de Retiro para consagrar la boda de Gregorio Werthein, hijo de Gerardo y Marcela Gotlib. La novia, Geraldine, es una joven abogada que puso su carrera temporariamente en suspenso para vivir un año en Nueva York mientras su novio completaba su MBA en Economía en la Columbia University. Los invitados disfrutaron de un copioso buffet (froid y chaud), una entrada de salmón y endivias, un cordero con salsa de Malbec y un parfait de chocolate con helado, todo regado con vinos de las bodegas Riglos y Flischman.
Hubo baile -tocaron los Gypsy Kings, regalo de quien los trajo a Buenos Aires, el promotor Diego Finkelstein-, disc jockey y varios videos preparados por la familia y los amigos de los contrayentes. Los invitados religiosos (no sólo los rabinos presentes, como Tzví Karro, llegado desde Miami Beach) tuvieron reservado un sector en el que se sirvió comida casher, separado por una «mejitzá» -una división ad hoc- del resto de la fiesta. Entre los invitados que se ubicaron del otro lado de la «mejitzá»: Adrián, Darío, Daniel Werthein y toda esa numerosa familia vinculada a negocios que van desde la telefonía y los seguros a las bodegas y la producción agrícola; Scioli y Karina Rabolini; Macri y Juliana Awada; el canciller Héctor Timerman -compañero de colegio del padre del novio, con quien está ligado por su familia política-; el rabino y legislador porteño Sergio Bergman con su esposa; Sebastián Eskenazi y Analía Franchín; Valeria Maza y Alejandro Gravier; la diputada María Laura Leguizamón y su marido, el empresario de laboratorios Marcelo Figueiras; la modelo Andrea Burstein y su esposo; el empresario gastronómico Federico Ribero; el sindicalista Armando Cavalieri; el industrial farmacéutico Hugo Sigman; el escritor Marcos Aguinis, y todo el «clan Sielecki», encabezado por la baronesa Lili y su hijo «Calilo». También muchos chicos llegados desde Estados Unidos, excompañeros de universidad del novio.
La «jupá» (la ceremonia religiosa judía se celebra bajo un palio de tela así denominado) se instaló en un salón contiguo en el mismo hotel, acondicionado como un templo. Un coro, una orquesta y cuatro «jazanim» (cantores rituales) interpretaron las canciones, los salmos y las «sheva brajót» (siete bendiciones) con las que concluye la ceremonia antes de que el novio rompa la copa con el pie en recordación de la destrucción del Gran Templo de Jerusalén. La boda fue celebrada por el Admur de Malta (originalmente de Praga), un rabino establecido en esa isla mediterránea que se ha convertido en el verdadero asesor espiritual de la familia Werthein. Se dice incluso que sus consejos habrían sido decisivos para que el grupo «Los W» saliera exitosamente del entuerto que mantenía con Telecom Italia por su participación en Telecom Argentina. No fue eso lo que provocó que durante la fiesta cientos de invitados -judíos y no judíos por igual- hicieran una larga fila para recibir la bendición personal del Admur (sigla que en hebreo significa «Nuestro señor, nuestro maestro y nuestro rabino»): se dice que habría jugado un rol decisivo en la recuperación de uno de los invitados a la fiesta, aquejado por un gravísimo mal, y del que aparentemente se habría recuperado en forma total gracias a -según explican sus seguidores- la intervención del Admur. Yosi Baumgarten, rabino del Gran Templo de la calle Paso, y que co-ofició el casamiento, invitaba a cuanto convidado se le acercaba a una cena de Pésaj («pascua» judía) en esa tradicional sinagoga. Será el sábado próximo y «va a estar el Admur, y va a bendecir a todos los que vayan. La entrada y la cena son gratuitas», prometía. Muchos apuntaron la cita, obviamente no en función de la gratuidad del evento.
Misticismos aparte, uno de los más buscados por los invitados fue Adrián Werthein, que debió explicar y relatar hasta el hartazgo cómo había salvado la vida en el intento de secuestro que lo había tenido como víctima pocos días antes, en el cruce del Acceso Oeste y la General Paz. A pocos metros de allí estaban los dos mandatarios provinciales que deberían preocuparse por la seguridad de ése, uno de los puntos más transitados de la frontera entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Werthein (Adrián) no echaba culpas a nadie; simplemente agradecía que ninguno de los tres ocupantes de su vehículo (su esposa y su custodio) hubiera salido herido o algo peor. Uno de los que escuchaban su relato le dijo: «No sos el único; en ese cruce hay una banda que hace diez robos y secuestros exprés por día como el tuyo». Los demás miembros del corrillo miraron, ya sin asombro.
No lejos del Sheraton, en el Plaza, varios centenares de invitados a la segunda fiesta de casamiento del publicista, productor y exsecretario de Medios Enrique Albistur con Victoria Tolosa Paz, que se interrumpió para escuchar al cómico «Coco» Silly gritar desde el micrófono: «Por favor, en razón de la edad del novio, se ruega no revolearlo por el aire». Fue la cumbre de la jarana que festejó esta boda de alguien que es en realidad un dirigente político que tiene como especialidad la publicidad y el espectáculo, y que toca en tantos teclados que es una política de Estado. Por eso hubo multitud de artistas -muchos ligados a sus producciones- como Adriana Varela (un descubrimiento de Albistur y también de Carlos Menem, quien siendo presidente la iba a escuchar casi en secreto, en días de semana, a la tanguería Homero), Mex Urtizberea o Ciro, de Los Piojos y autor de un tema fetiche para el peronismo, «San Jauretche». Albistur honró a su generación privando a los invitados de esa costumbre odiosa de los casamientos de arrancar la comida pero interrumpirla antes de cada plato para ir a bailar durante una hora.
Esta vez el menú -arrollado de salmón y un ojo de bife superior- fue corrido hasta medianoche, cuando arrancó el video familiar que presentó Silly, seguido de la actuación de los artistas amigos y un show de V-J, formato que reemplaza al D-J mezclando videos musicales. Que Albistur es una política de Estado lo demuestra que hubiera invitados del Gobierno como Carlos Tomada, Oscar Parrilli, Alfredo Scoccimarro o el exvocero Miguel Núñez, Cristina Álvarez Rodríguez con su marido, funcionario de Economía, Miguel Cuberos, las diputadas Diana Conti y Mónica Gutiérrez, el embajador Ginés González García, Estela de Carlotto o Juan Cabandié, del peronismo disidente como el exministro kirchnerista Alberto Iribarne, peronistas sueltos como el exlegislador Eduardo Valdez y el exjefe de Gobierno Jorge Telerman, Julio Pereyra (intendente de Florencio Varela), León Arslanian, Liliana Mazure (presidenta del INCAA), Juliana Di Tulio, Juan Bontempo, Carlos West Ocampo (del gremio de la sanidad), hombres de la vía pública como el legislador Juan Carlos Dante Gullo (a) El Canca. También hombres de macrismo como Diego Santilli y una representación radical con el exdiputado Rafael Pascual y el intendente de San Isidro, Gustavo Posse.
Con tanta mezcla hubo tela para cortar. Pascual, por ejemplo, contaba de su amistad con Albistur nacida durante la campaña electoral de Fernando de la Rúa, a la que el novio aportó no sólo el alquiler de las superficies publicitarias de las que es concesionario en todo el país; también -reveló Pascual- algunas ideas a aquella campaña a los adversarios de Eduardo Duhalde. En otras mesas había comentarios sobre las sillas que habían quedado vacías a partir de la lectura de las tarjetas con los nombres de invitados ausentes, como los de Alberto Fernández, Vilma Ibarra o Felipe Solá. A Antonio Cafiero se lo disculpó por su salud, pero hubo brindis por su recuperación -Albistur siempre ha sido un hombre cercano al cafierismo-. También chanzas sobre las tribus del oficialismo que, según algunos, divide a los intelectuales en dos grupos: los de Carta Abierta, que se nuclean en la Biblioteca Nacional, y los de Caja Abierta, en donde están los neorrevisionistas que son algunos historiadores y otros meros divulgadores de ciencias ajenas. También noticias sobre reapariciones, como la de Jorge Asís, que viene de tres meses en Europa embutido en su computadora. El resultado son tres novelas, una de las cuales dará que hablar cuando se publique porque está en el género político y relata lindezas a la actualidad. No tiene aún título definitivo, pero el borrador lleva el de «Robar no es para los pobres». La vuelta de Asís al género de la novela política que ha ejercido con éxito con «La línea Hamlet», relato imperdible del menemismo naciente, promete debates. También cambios en la climatología literaria; parece mostrarse el descubrimiento del escritor por nuevas generaciones. Por ejemplo, un grupo de jóvenes ha puesto en marcha un Taller Asís para estudiar su obra.
Terminamos esta primera entrega con dos quinchos artísticos. Para nadie es un secreto la seducción que EE.UU. ejerce sobre los argentinos. Los teatros de Broadway, las compras en Miami y el amor por museos como el MOMA o el Metropolitan son gustos compartidos por casi todos los invitados del Citibank al Pre opening de la exposición «Bye Bye American Pie» en el Malba. No obstante, al ingresar por la alfombra roja, ya se escuchaba hablar de la decadencia del imperio americano, porque la exposición trata justamente de eso: la caída moral del país que dominó el mundo. Resulta difícil de aceptar, pero algunos parecían encantados con la noticia. «Me imagino unas liquidaciones imperdibles», auguró una fanática del shopping. Mientras otros, menos optimistas, trataban de comprender el tristísimo despliegue de imágenes escabrosas de seis artistas estadounidenses superconsagrados.
Las obras hablan de sexo, drogas, el ocaso político y el viaje fatal del sida hacia la enfermedad y la muerte. «¿Dónde está el glamour de Andy Warhol?», cuestionaban las modelos. Las escenas bizarras, de una melancolía paralizante, hay que mirarlas con el rabillo del ojo. «Mejor me voy a charlar un rato con las Trillizas de Oro», dijo Eduardo Plá, cansado de tener que explicar a todos -porque es artista- algunas cuestiones violentas de la exposición, entre ellas, la gigantesca escultura movediza de George Bush sodomizando un par de cerdos. Las preguntas apuntaron entonces al organizador de la muestra, el joven de pelo enrulado, Philip Larratt-Smith, quien, sobre la obra de Paul McCarthy que exhibe a Bush copulando con una bestia, respondió: «Yo diría que es una imagen de lo que Bush le ha hecho a su país y al mundo. El 'acting out' de Bush ha tenido consecuencias profundas para el mundo entero. A la vez, Bush no es nada más que un símbolo y un aviso para otros». El silencio reinó entonces en la sala.
Ver para creer. Hasta Cristiano Rattazzi se quedó sin palabras, demudado, al igual que Inés Berton, Laurencio Adot, Patricia Guarnes, Rossella Giovanpaola y Lucrecia Cornejo.
Dicen que para no arrugarse antes de tiempo, las modelos no deben gesticular, pero Ginette Reynal, Iván de Pineda, Julieta Kemble, Javier Iturrioz y Marcela Tinayre no lograban mantener el gesto de estupor del inicio de la muestra. Eduardo y Clarise Costantini, curados de espanto desde que desembalaron la exhibición, la recorrieron con los expertos Marta Minujín, Rogelio Polesello, Boy Olmi y los editores Dudu Von Thielmann y Jean Louis Larivière. Por lo demás, y como si esto fuera poco, el Malba inauguró una serie de obras eróticas de León Ferrari, el más provocativo de los artistas argentinos. Los deliciosos bocaditos, el buen vino y el champán circulaban sin cesar.
Al día siguiente y luego de una vernissage multitudinaria, Eduardo y Clarise invitaron a una comida en su casa, en parte para comentar con los íntimos del Museo (Marcelo Pacheco, Victoria Giraudo, Lupe Requena, Vázquez Ocampo y Emilio Xarrier) una apuesta tan jugada y, además, para agasajar a Larratt Smith y a un grupo de neoyorquinos que llegaron a ver la muestra. Mientras comía las ricas albóndigas de bacalao, Eduardito Costantini recordó el estrés de hace diez años, cuando trabajaba en el Malba. El Museo no es precisamente una empresa rentable, nunca lo fue, con un gasto total de 5 millones de dólares anuales, la recaudación asciende ahora a 3 millones. Allí estaban, disfrutando de los ñoquis, la crema de maracuyá y la torta de chocolate, los artistas Guillermo Kuitca, Nuschi Muntaabsky, Alejandra Seeber, Minujín y Polesello, los críticos Sonia Becce, Florencia Battiti, Hugo Petruchansky y Graciela Speranza, los galeristas Alberto Sendrós, Mariano López, Orly Benzacar e Ignacio Liprandi, y la vestuarista Mini Zuccheri. Poca gente, en una casa que parece también un museo, para hablar de una exposición que deja un resabio amargo, porque desnuda el perfil duro y oscuro del mundo de los artistas, y que, como señaló Costantini, «la gente tiene que ver y el Malba debe mostrar».
Por su lado, en debut artístico-empresarial, Julia Ramos inauguró Holbox Photo Gallery en Palermo Soho, convocando a más de 150 invitados entre los que estuvo Alan Faena, que fue a contemplar los retratos que exhibió su sobrina, Jimena Mizrahi, junto a otros expositores. Julia Ramos, hija del periodista Julio Ramos, estuvo presente en la muestra con cuatro obras relacionadas con la nieve. Esas fotos fueron tomadas en Suiza. La reunión organizada por el RR.PP. Lucio Canievsky estuvo musicalizada por Soledad Rodríguez Zubieta. Entre los invitados estuvieron Eduardo Plá, el fotógrafo Nacho Ricci, Coni Dietrich, Cochito López, Jackie Parisier, Magalí Montoro y Priscila Preste.
Vamos a terminar con un chiste conyugal, escuchado en la boda celebrada el sábado en el Sheraton. Una pareja se casa, y se va de luna de miel a Europa. Allí deciden hacer una cabalgata por los Alpes. Salen temprano en dos bellos caballos y llegan a un arroyito; al cruzarlo, el montado de la novia trastabilla y casi la hace caer. El novio se baja, mira al caballo fijamente a los ojos, y le dice, grave:
-Va una, eh...
Siguen recorriendo los senderos montañosos, los bellos paisajes, las vistas bucólicas. Almuerzan lo que llevaron en una canasta preparada «ad hoc», hacen el amor en la hierba, y vuelven a sus montados. Poco después, el caballo de la novia tropieza con un árbol caído, y está a punto de rodar. Trabajosamente el animal se incorpora, pero el novio ya está frente a él clavándole la mirada y gritándole:
-¡Ya van dos!
El sol comienza a esconderse tras las montañas, y los novios emprenden el regreso. El caballo de la novia tropieza en una pendiente mohosa, pero la novia logra mantener el control con la rienda. Sin embargo, el novio se baja, ayuda a la chica a desmontar, encara al caballo, lo mira a los ojos y le grita:
-¡Van tres!
Y sin decir otra palabra, extrae un revólver y lo mata. La chica no puede creer lo que ven sus ojos, e increpa al novio:
-¡¿Pero vos estás completamente loco!? ¿Por qué lo mataste, pobre caballito?
Y el novio dice, frío y mirando a su esposa a los ojos:
-Va una, eh...


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