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Claves y señales (para entender)
•Gobernar en el límite de la autoridad, aquí y en el mundo. •Tambalea Garré, pero la sostienen las encuestas como candidata en Capital el año que viene. •Lorenzetti espera los cambios desde otro balcón. •Otra señal de la Corte sobre medios. •La Justicia navega sin luces.
La capacidad de los ciudadanos -con uniforme o sin él- de manifestar reclamos y tomar decisiones por fuera de las instituciones pone a todos los gobiernos del mundo en la necesidad de inventar mecanismos de identificación con el público, fueran las apariciones públicas compulsivas o no; los llamados a moverse en la calle por fuera de partidos y estructuras de organización clásica no son un problema de la Argentina sino de todos los gobiernos de Occidente. El ejemplo más conocido es el de Barack Obama, quien ha conducido su primer mandato en los Estados Unidos con medidas tomadas en el límite de la autoridad presidencial que le han valido críticas de sus opositores de ser un socialista a la americana.
La escena de un gendarme pateando a un jefe de la institución o los daños que sufrió el auto del ministro Hernán Lorenzino en la madrugada del martes, cuando se retiraba de una reunión en el edificio de la Prefectura, también son testimonio de las dificultades de manejarse al borde de la autoridad. Algo que se agrava cuando se produce en instituciones en las cuales el principio de autoridad domina sobre cualquier otra consideración, y que además son las que más prestigio tienen en la sociedad y a las que se reclama cuando han sido desbordadas otras fuerzas policiales o militares. La respuesta del Gobierno es de bajo tono para no recalentar la disputa, beneficiado por un dato central de este conflicto: los quejosos de Gendarmería y Prefectura pertenecen a un grupo que no tiene cultura de conflicto, no están acostumbrados a hacer huelga ni saben reclamar como los profesionales de sindicalismo. No tienen estrategia ni liderazgo y las asambleas son dominadas por quienes proponen consignas maximalistas de todo o nada. Un gremialista profesional sabe cómo reclamar y cuál es el punto de arreglo.
Este fin de semana de tensión tiene a las fuerzas del oficialismo y de la oposición mirando en silencio hacia Venezuela -hay mucho activismo criollo pero subterráneo- porque nadie se anima a cantar victoria. El Gobierno sueña con festejar el domingo a la noche la victoria de Hugo Chávez y la oposición espera su derrota para decir que con el bolivariano perdió también el kirchnerismo. La falta de certidumbre sobre lo que pasará es un ingrediente que les sumó pimienta a las preocupaciones oficiales por el conflicto de las fuerzas de seguridad, que por primera vez puede conmover al gabinete nacional. Nadie dice nada sobre nombres, pero anoche en Casa de Gobierno los enterados no daban mucho por la estabilidad de Nilda Garré en su cargo, en un tapete en donde no habrá novedades en el corto plazo pero sí -quienes afirman esto- cuando el conflicto haya salido de la tapa de los diarios. Pero la sostiene la política: en las mediciones que mandó hacer el Gobierno Garré da bien como candidata el año que viene a senadora o diputada nacional por el kichnerismo.
La otra señal de la tumultuosa semana que necesita de intérprete viene de la Justicia. Ricardo Lorenzetti habilitó a los lenguaraces de la Corte Suprema a reproducir sus opiniones sobre el agotamiento que le causa seguir como presidente del tribunal. Como ocurre en estas circunstancias y con estos personajes, nada saldrá on the record de su boca. Con eso dispara especulaciones; unos dirán que es sincero su renunciamiento a otro mandato en la Corte; otros, que busca generar un movimiento en su favor para pedirle que siga. Ese cargo, por lo que se sabe, tiene una gran carga de trabajo y un alto costo político. Pero ser cabeza de un poder del Estado, no sólo en figuración, es el sueño de cualquier magistrado, empezando por quienes integran el tribunal. El gesto de Lorenzetti también admite otra hermenéutica: un magistrado -sea juez o político, que también es una forma de ejercer la magistratura- toma decisiones de acuerdo a cómo mira el futuro. El de la política argentina es incierto con los tres grandes cargos del país (Nación, Buenos Aires, Capital) en manos de dirigentes sin reelección. Quizá fuera prudente esperar ese futuro desde alguna silla más cómoda que la presidencia de la Corte.
De esos despachos del 4° piso de Tribunales salieron otras señales. Mientras el monopolio puso en la vidriera la pelea en el Consejo de la Magistratura por la intención presunta de poner un candidato en el juzgado que debe resolver el amparo sobre el art. 161 de la Ley de Medios, la Corte consintió que se designase en ese cargo a un magistrado jubilado para que atienda esa changa. Exageró el monopolio al atribuir esa intención a los consejeros del oficialismo en la Magistratura, porque esa candidatura de la rionegrina María Lorena Gagliardi debe pasar por el filtro de ese cuerpo, ir al Ejecutivo, después a la Comisión de Acuerdos del Senado y finalmente al recinto. Algo que dilata ese eventual nombramiento a tiempos que van más allá del 7 de diciembre, fecha cuando vence el término de la cautelar. El retirado Raúl Tettamanti, silenciosamente, quedó autorizado, y en cuanto se siente en el juzgado tendrá tiempo para fallar sobre el tema. El entuerto del 7-D ganó, sin que nadie se diera cuenta -salvo los estrategas de las dos partes-, otro ingrediente enigmático, como si le faltara.


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