25 de febrero 2010 - 00:00

Cogobierno hasta 2011, nueva apuesta K

Miguel Pichetto y Nicolás Fernández, exégetas de la nueva doctrina de poder elaborada por Néstor Kirchner en la quinta de Olivos.
Miguel Pichetto y Nicolás Fernández, exégetas de la nueva doctrina de poder elaborada por Néstor Kirchner en la quinta de Olivos.
Desde hoy, y hasta 2011, el oficialismo da por iniciada una nueva era política en la Argentina, el cogobierno con la oposición. El cambio de época quedó reflejado en la improvisada sesión preparatoria de ayer en el Senado, donde tanto el kirchnerista Miguel Pichetto como el radical Gerardo Morales hicieron referencia explícita en sus discursos a una etapa inédita donde oficialistas y opositores compartirán los resortes del poder.

La mención al cogobierno de parte de Pichetto no fue casual. Esa doctrina fue

minuciosamente elaborada dentro de los muros de la quinta de Olivos por Néstor Kirchner para coparticipar a radicales, macristas, peronistas disidentes y cívicos de cualquier crisis, económica o social, que pudiera detonar en el Gobierno de Cristina de Kirchner hasta que finalice su mandato.

Un análisis minucioso por los escalafones del poder político en la Argentina muestra, tras las elecciones legislativas del 28 de junio pasado, a Cristina de Kirchner aislada dentro del sistema republicano. Desde Julio Cobos, híbrido que pendula entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, hasta las dos Cámaras del Congreso, todo es predominio opositor. Y para completar el sobrevuelo por los pilares de la República, a confesión de parte, relevo de prueba: la Casa Rosada considera que detrás del Poder Judicial se esconde el Partido Judicial, una confabulación de magistrados destinada a desestabilizar el Gobierno, con el paralizado Fondo del Bicentenario como botín principal.

Así, el cogobierno se traduciría en el control opositor de dos de los tres poderes del sistema republicano de Gobierno, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. El Ejecutivo, unipersonal y en cabeza de la presidente Kirchner, está cercado por la asfixiante y omnipresente figura de Cobos.

Morales, presidente del bloque de la UCR en el Senado, fue el primero en adherir a esta tesis. «Cuando pensamos en la República, pensamos en los tres poderes que la sostienen y que forman parte del Gobierno. Y cuando expresamos una opinión distinta, hablamos de oposición como la contracara del Gobierno, pero en realidad todos nosotros formamos parte del Gobierno».

En su discurso fundacional como jefe del principal bloque opositor de la Argentina, Morales admitió en la sesión preparatoria que «se inicia un nuevo tiempo donde no existe un poder absoluto. Le toca al Frente para la Victoria ejercer el Poder Ejecutivo, pero el Congreso y el Poder Judicial también formamos parte del Gobierno argentino. Esto nos lleva a pensar en la responsabilidad de cada uno».

Antes de abandonar el recinto con todos sus senadores, Pichetto encontró en las palabras de Morales uno de los pocos núcleos de consenso en el Senado: «Parece que a la oposición le interesa cogobernar, manejar la caja del Gobierno nacional y a alguno hasta se le puede ocurrir bajar los impuestos».

El legislador rionegrino del Frente para la Victoria anticipó cómo será el esquema de poder compartido hasta la finalización del mandato de Cristina de Kirchner, con mayorías adversas en el Senado y también en la Cámara de Diputados. «Van a querer modificar el sistema de ingresos, la política fiscal y las retenciones para favorecer a las grandes empresas exportadoras», fue la profecía del titular de la bancada kirchnerista.

Coparticipar el daño -no el impuesto al cheque ni las retenciones móviles-, los efectos de la crisis y una feroz advertencia de ajuste para los gobernadores aliados, como el correntino Ricardo Colombi y el pampeano Oscar Jorge, que no apoyan en el Senado el uso de los u$s 6.569 millones de reservas del Banco Central, son la base del programa de Gobierno hasta 2011. Ni Concertación Plural ni transversalidad, la era del cogobierno empezó ayer en la Argentina.

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