25 de octubre 2010 - 00:00

Colón: orquesta y solista deslumbrantes

El Teatro Colón ovacionó a la estupenda Orchestre Philharmonique de Radio France, que, para el Concierto en Mi Menor N° 1 de Chopin, tuvo un solista de lujo: el argentino Sergio Tiempo.
El Teatro Colón ovacionó a la estupenda Orchestre Philharmonique de Radio France, que, para el Concierto en Mi Menor N° 1 de Chopin, tuvo un solista de lujo: el argentino Sergio Tiempo.
Mozarteum Argentino (novena función, primer ciclo de abono). Orchestre Philharmonique de Radio France. Dir.: M. W. Chung. Solista: S. Tiempo (piano). Obras de Weber, Chopin y Beethoven (Teatro Colón, 22 de octubre).

Como parte de una gira latinoamericana, y en el marco de la temporada del Mozarteum Argentino, la Orchestre Philharmonique de Radio France brindó en el Teatro Colón el viernes pasado un concierto deslumbrante, el primero de los dos programados por la asociación.

La institución orquestal (cuyos orígenes se remontan a 1937, cuando nació con el nombre de Orchestre Radio-Symphonique) es una de las mejores que se hayan escuchado en Buenos Aires, y como tal no podía dejar de contar con un director extraordinario (su titular desde el 2000, cuando sucedió a Marek Janowski), el surcoreano Myung-Whun Chung, y un solista de lujo: el pianista argentino Sergio Tiempo.

El denso (en el mejor de los sentidos de la palabra) programa ofrecido comenzó con la obertura del Singspiel «Der Freischütz» de Carl Maria von Weber. Difícil imaginar una versión más intensa, de dinámicas y claroscuros más extremos, que la ofrecida por la OPhRF y Chung; la genialidad de Weber, especialmente plasmada en esta ópera tan trascendente para la evolución de la música alemana, fue más explícita que nunca. Se destacaron el solo de clarinete y las intervenciones de los cornos, sencillamente perfectos también a lo largo de todo el concierto.

El solista Sergio Tiempo, quien en septiembre pasado había brindado en la misma sala una presentación inolvidable en dúo de pianos con su hermana Karin Lechner, fue recibido con la mayor calidez. Y fue justamente la calidez el rasgo más sobresaliente de su interpretación del «Concierto en Mi menor» N° 1 opus 11 de Chopin. Con sus ya conocidas virtudes intactas (técnica ilimitada, sensibilidad exquisita, inteligencia para el fraseo) y un marcado uso del «rubato», Tiempo brindó una versión que fue personal sin ser caprichosa, mostrando también una conexión fluida con el director y la orquesta, con quienes funcionó en permanente sincronía. Como respuesta a la ovación del público, Tiempo interpretó uno de los «Estudios» más desafiantes en lo técnico del compositor polaco: el opus 25 N° 12.

En la segunda parte del concierto se escuchó la «Sinfonía N° 5» de Beethoven. La orquesta reafirmó en ella su sonido contundente, con un timbre inusual en la cuerda, y su director la claridad de sus gestos e intenciones. Finalizado el programa, en el momento de los bises, Chung habló de la labor humanitaria que desarrollan él y su orquesta (cada uno de cuyos miembros es embajador de UNICEF), y relató la visita que habían realizado a la Maternidad Sardá de esta ciudad. Pero la última palabra de la noche la tuvo Johannes Brahms, cuya «Danza húngara N° 1» en sol menor fue un cierre brillante que el auditorio del Teatro Colón festejó con alegría y gratitud.

M.P.

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