16 de septiembre 2010 - 00:00

“Comer, rezar, amar”: turismo de autoayuda

En el cine, igual que en el best seller de Elizabeth Gilbert, además de comer pastas y pizza en Italia, meditar en Bombay y enamorarse en Bali, la protagonista vive experiencias exóticas como tocar un elefante.
En el cine, igual que en el best seller de Elizabeth Gilbert, además de comer pastas y pizza en Italia, meditar en Bombay y enamorarse en Bali, la protagonista vive experiencias exóticas como tocar un elefante.
«Comer rezar amar» (Eat pray love, EE.UU., 2010, habl. en inglés). Dir.: R. MurInt.: J. Roberts, V. Davis, R. Jenkins, J. Franco, J. Bardem.

Por tratarse de una película que funciona sólo a través de la identificación (está basada en la exitosa autobiografía de Elizabeth Gilbert), interesará casi de manera excluyente al público femenino de entre 25 y 40 años. En especial, a la legión de lectoras del best seller de Gilbert, que esta semana, no casualmente, volvió a ubicarse en el tercer puesto de los más vendidos. Y a fans de Julia Roberts, por supuesto.

Según la historia que cuenta Gilbert, ella era una periodista neoyorquina de buen pasar hasta que, tras un fracaso matrimonial, emprendió un viaje para comer en Roma, rezar en Bombay y amar en Bali. Las amantes de ese tipo de búsquedas gozarán de la experiencia de la protagonista, al menos a juzgar por las muchas treintañeras de todo el mundo ávidas de nuevas experiencias, que cuentan en Internet haber repetido el mismo periplo como ritual, buscando las mismas emociones.

El film en cambio, no será justamente del agrado de quienes descreen de la típica autoayuda cool, por no decir el snobismo de encarar un viaje de esta naturaleza para buscar el equilibrio y la felicidad. Por otra parte ni el libro ni la película explican cómo se sustenta semejante año sabático. Como sea, en Roma, la mujer engulle las típicas pastas y pizzas mientras se burla de los kilos de más y se extasía con rasgos «exóticos» de los italianos, como hablar a los gritos o colgar la ropa en la calle. En Bombay intenta meditar, aunque la manden a fregar los pisos, orar y elevar cánticos en sánscrito hacia la gurú. En Bali cierra el círculo de equilibrio y encuentra el amor en el personaje de Javier Bardem.

La actuación de Julia Roberts es similar a casi todas sus películas: correcta, sólo que en el caso con su famosa sonrisa cada vez más ancha conforme avanza su felicidad (un gurú le recomienda sonreír hasta con el hígado). Pero quienes se destacan son Richard Jenkins, como su amigo del «ashram» (templo hindú) y Bardem.

El film habla de búsqueda de emociones pero no logra emocionar, ni tampoco provoca mucha risa, pese a que tiene chistes, algunos de ellos francamente burdos, siempre vinculados a la mujer sola.

Lo mejor es cómo están fotografiadas estas bellas ciudades, y lo peor la obvia musicalización: cuando la protagonista come spagetti, suena música clásica, en Nápoles acompaña la pizza con tarantellas, en Bombay suenan tambores, y en Bali optan por el bossa brasileño, sinónimo de playa y placer. Acaso esto responda a las influencias del director televisivo Ryan Murphy, responsable de la serie musical «Glee».

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