- ámbito
- Edición Impresa
Cómo decir verdades sin ponerse solemne
Sorprende, divierte, advierte y pega fuerte el trabajo de investigación de Enrique Piñeyro sobre un caso de connivencia entre policías que armaron pruebas contra un inocente y jueces que lo condenaron a 30 años.
Hace prácticamente un año, Enrique Piñeyro («Fuerza Aérea S.A.»), el titular del Colegio de Abogados, Gregorio Cabani, y el Nobel de la Paz Pérez Esquivel se presentaron ante la Procuración General de la Nación con un video de 40 minutos donde se exponían las enormes y evidentes irregularidades que causaron la injusta condena de un inocente.
La investigación y gran parte del material fueron mérito del periodista Pablo Galfré, uno de los realizadores del programa «Cámara testigo», que se emitía por América. Y, puesto que el procurador hizo oídos sordos, el mismo Galfré impulsó la idea de hacer este documental, para que todo el mundo pueda abrir bien los ojos, y recele de ciertas noticias. La llamada «masacre de Pompeya», como se llamó en su momento, fue una causa totalmente armada para encubrir un grueso error policial, fruto del gatillo fácil de unos oficiales de la 34. Gatillaron, mínimo, 18 veces. Como el tipo seguía vivo, le pusieron un arma. Después la justicia le puso un abogado. Casualmente, el abogado de la 34. Para completarla, el testigo que declaró a los canales haber visto todo preside desde hace años la asociación de amigos de la 34, y tiene a su nombre uno de los autos «civiles» usados en el operativo. Después ante el juzgado dijo otra cosa, pero no importa: en su fallo los jueces tergiversaron a gusto de la comisaría las declaraciones más importantes. Etcétera, etcétera.
¿Cómo se entiende todo esto? Enrique Piñeyro lo explica clarito, con ayuda de maquetas, animaciones, pruebas al aire libre, explicaciones de peritos en balística, muñecos, y varios otros recursos, incluyendo un video del accidente del corredor Felipe Massa, cuando le cayó en la cabeza un pedazo de metal y, desvanecido, siguió con el pie apoyado en el acelerador. Bien, a Fernando Ariel Carrera le cayeron cinco pedacitos de metal encima, sin previa voz de alto. Resultado: tres personas arrolladas. Lo declararon culpable de asaltos, resistencia a la autoridad, y asesinatos provocados en la huida. Los asaltos los habría cometido esa mañana con su propio auto, toda una innovación en la historia de la delincuencia.
Alarmante: según consta en archivos, un solo periodista señaló esa contradicción. El resto se tragó y difundió el informe oficial, poniendo el debido tono de indignación ante el supuesto criminal. Luego, sólo Enrique Sdrech planteó detalladamente sus dudas (de veras se lo extraña). Ahora la película también hace sus planteos, y además una firme apelación, y varios chistes. El humor es un arma necesaria en estos casos, y en ese sentido Piñeyro es bien claro, preciso, y sarcástico, vale decir, nos convence plenamente.
En suma, este documental sorprende, divierte, advierte, y pega fuerte. Y lo que el conductor no puede explicar, lo dice clarito un monólogo que hizo Tato Bores en «Good Show», sobre los ascensos en la justicia. Codirector, Pablo Tesoriere, el mismo de «Puerta 12» y «Fútbol, Violencia SA», otras dos películas igualmente necesarias para que algo cambie. Coguionista, Pablo Ottonello, conviene tenerlo en cuenta. Unica observación, el prólogo nos remite a los hechos de Puente Pueyrredón 2002, siempre evocados con manifestaciones que obligan a tomar otro camino, pero no dice si ésa fue exactamente la razón que llevó a Carrera a tomar el camino que cambiaría su vida. Tampoco se lo pregunta el equipo cuando lo visita en el Penal de Marcos Paz, donde lo vemos aún esperanzado.
P.S.


Dejá tu comentario