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“Como todo humorista, no creo en las utopías”
En su novela “Milagro en Haití”, una chilena sesentona de clase alta viaja a ese país para hacerse una cirugía estética, y la sorprende un golpe de Estado.
Gumucio. Una voz clave en la nueva literatura chilena, ensayista, novelista, periodista, humorista y guionista.
R.G.: Toda América Latina es un poco Haití, aunque Haití hable otro idioma, tenga otra historia y otro mayoritario componente racial. Es novelesco: un país de esclavos que se toma en serio la Revolución Francesa, se libera y entra a la deriva, cae en la dictadura y la peste, el carnaval y la violencia. Un argentino me decía que gracias al peronismo él había entendido a la sociedad haitiana. Nada más distinto que Buenos Aires y Puerto Príncipe, pero el culto a los muertos, a los cadáveres, la política a través de símbolos, eso está en muchas partes de América Latina. Es así, y tendemos a creer que no. Creemos que entre nosotros no existe la magia negra, el vudú, los zombis. Y está la "ceremonia del angelito" que cuando se muere un niño lo decoran, una ceremonia de vudú. Es algo que no hemos querido ver. La chilena Carmen Prado, por azares del destino, lo tiene que enfrentar y ver hasta qué punto se siente cómoda en ese ambiente, hasta qué punto es el suyo.
P.: Una mujer rica, 60 años y varios matrimonios, casada con el embajador de Dinamarca, que no va a Miami a que la operen para rejuvenecerse, es rara, ¿no?
R.G.: La fui descubriendo a medida que escribía. No es normal. En la clase alta y la clase popular no existe ninguna normalidad, y tampoco la pretenden; la normalidad es una idea de clase media. Carmen es una mujer de derecha, es liberal porque no se sujeta a ninguna regla, y así maneja su vida. Podría pensar que tiene algo de mi madre, que fue embajadora en Haití, pero no, no tiene nada que ver con la desfachatadamente incorrecta y mordaz protagonista de mi novela. Me atrae de las mujeres que están más cerca de los instintos, y pueden hacer mucho bien pero también mucho mal. Y a mí me gusta la gente peor de lo que es, no los normales. Como todo humorista soy antiutópico. Me gusta el mundo como es, complejo, curioso, injusto y difícil.
P.: ¿Qué buscó contar con esa confrontación entre dos mujeres tan diferentes?
R.G.: Hasta ahora no había hecho la experiencia del escritor que se larga a escribir desde sus fantasmas, sus sueños, sus pesadillas. Eso me faltaba y quise liberar esa energía. Me moví como un cineasta que ante el escenario decide como quiere filmarlo. Desde el placer de escribir quise transmitir al lector el placer de leer. Evidentemente hay metáforas entre el país más pobre de América Latina y el país, no sé si más rico, pero acaso más normal. Quería con esta novela salir de Chile pero no me resultó. Mis libros son parte de un mural de la chilenidad, donde están aquellos con los que aprendí como Skármeta, y Donoso, con el que confronté hasta darme cuenta en cuánto lo seguía.
P.: ¿Qué les pasa a los escritores chilenos que tienen que convivir con Roberto Bolaño, el gran escritor del cierre del siglo XX?
R.G.: Es difícil. Bolaño nos enseñó a leer, nos liberó mucho. Tiene un aspecto muy chileno, su apego a nuestra poesía y a la vanguardia chilena. Nos obligó a volver a pensar sobre Nicanor Parra. A la vez tiene cosas nada chilenas como el placer por narrar, por ficcionar. A los chilenos no nos gusta contar cuentos, y él era un gran contador de historias. Cuenta del Chile que cuenta la gente que no vive en Chile. Eso le permitió escribir con cierta liviandad que convirtió en encanto, construir alegorías, algo que nosotros descartamos. Es un gran motor. El problema es que provocó que muchos jóvenes escritores busquen ser Bolaño.
P.: Después de "Milagro en Haití", ¿qué está escribiendo?
R.G.: Acabo de publicar "Contra la inocencia", ensayos sobre temas impopulares, contra la belleza, contra los animalistas, sobre la inocencia del mal, contra la inocencia, a favor de la corrupción. Estar en contra es darse una pausa para pensar. Tengo en trámite una novela sobre un personaje que se circuncida por motivos médicos, es una novela sobre la sexualidad masculina. Mis últimas novelas están protagonizadas por mujeres, ahora quiero hablar de la cabeza de los hombres.

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