17 de octubre 2012 - 00:00

Confusión, alegría y cautela en las calles de La Habana

La necesidad de obtener un permiso oficial, además del pasaporte, para poder salir del país es vivida como una humillación por muchos cubanos, la mayoría de los cuales tiene familia en el exterior. Desde enero eso cambiará.
La necesidad de obtener un permiso oficial, además del pasaporte, para poder salir del país es vivida como una humillación por muchos cubanos, la mayoría de los cuales tiene familia en el exterior. Desde enero eso cambiará.
La Habana - Pese a que ha sido el cambio más esperado desde que Raúl Castro empezó a reformar el socialismo cubano en los últimos años, el anuncio de que La Habana eliminará el permiso especial para viajar al extranjero a partir de enero de 2013 sorprendió a muchos ayer en la isla caribeña.

La noticia de que las autoridades dejarán de exigir la carta de invitación y el permiso de salida necesario conocido como «carta blanca» llegó lentamente en el transcurso de la mañana a la calles de La Habana. El anuncio fue hecho a la madrugada en los medios estatales, y muchos cubanos se fueron enterando sólo poco a poco.

«¿Qué? ¡Qué bueno!», dijo Suset, una habanera de 26 años que trabaja limpiando casas, cuando se enteró en la calle. Incluso los diarios impresos como el órgano oficial Granma se reparten con lentitud en el país.

Otros cubanos no conocían incluso al mediodía el anuncio de la reforma migratoria que el régimen de Raúl Castro preparaba desde el año pasado. «¿De qué se trata?», preguntaba Javier, un jubilado de 78 años, en el parque cercano a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana en el que se suelen reunir a diario los cubanos que buscan tramitar un visado para el país norteamericano.

Debido a las colas y las largas esperas en el parque, muchos de los solicitantes desconocían el anuncio. Javier viajó toda la noche desde Camagüey, en el centro de la isla, para llegar temprano a presentar su documentación.

Con las muestras de alegría y estupor se mezclaban también las primeras señales de cautela. «Me parece un paso positivo, si es verdad», dijo Alfredo, un licenciado en Estudios Sociales, que ve en la reforma un avance hacia un modelo de «sociedad contemporánea». Cuba restringe desde hace décadas la libre salida y entrada de sus ciudadanos. «Eso tenía que haber pasado hace años», indicó Caridad, de 55 años.

«Vamos a ver si no hay una contramedida», agregó Alfredo. Como graduado universitario, él pertenece al grupo que podría verse sometido a restricciones para evitar el «robo de talentos» que teme el Gobierno.

La medida es una de las que había anunciado Raúl Castro a mediados de 2011 y uno de los cambios más anhelados en la isla. Prácticamente todo cubano tiene un familiar en el exilio, sobre todo en Estados Unidos.

El alcance real de la medida no queda todavía nada claro. En meses anteriores se había especulado a menudo con moratorias de varios años para determinados grupos antes de poder viajar al extranjero. La Habana acusa tradicionalmente a Washington de fomentar la emigración masiva desde la isla con su política de acogida de refugiados cubanos.

En La Habana la confusión se mezclaba con el escepticismo al que están acostumbrados muchos cubanos. «Yo sí creo que la van a quitar», dijo sobre la eliminación de la «carta blanca» Lourdes, de 54 años, que acompañaba a un familiar frente a la Sección de Intereses estadounidense para la solicitud del visado. «Pero hay que ver las regulaciones», matizó.

«Un papel menos», comentó también Javier. Sin embargo, la situación «mejorará mucho», resumió.

I.R.

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