27 de enero 2016 - 00:00

Conmovedor relato sobre la calma aceptación del destino

Conmovedor relato sobre la calma aceptación del destino
Adriana Lisboa, "Hanói" (Bs. As., Edhasa, 2015, 200 págs.).

"La misma característica es común a todas las cosas. En un determinado momento comienzan a existir, y en otro, dejan de existir. ¿O acaso pensaste que eran para siempre?", discurre David mientras camina por una calle de Chicago. Acaba de salir de ver al oncólogo. El médico, mientras acariciaba un elefantito de jade, le dijo que tenía cáncer en el cerebro, que su vida se terminara era cuestión de meses, unos pocos meses. David tiene 32 años, trabaja en una empresa de materiales de construcción, pero su pasión es tocar jazz. Fue a la consulta con su trompeta. Es su compañía desde que Lisa se fue con otro, y lo dejó más solo que nunca, aún la extraña. Sus padres murieron hace tiempo. Por más que sea un estadounidense más, ellos lo hicieron latino. Su madre era mexicana, su padre brasileño. Ambos inmigrantes ilegales. Buscando un futuro mejor se quedaron, pero nunca se arraigaron del todo.

La sentencia vital lleva a David a despojarse, a quedarse sólo con lo esencial, a interesarse sólo por lo que realmente importa. Recuerda la elección final de los elefantes: alejarse en solitario a un lugar pantanoso donde pasar los últimos días de manera fácil. Pero un día David conoce a Alex, cajera en un supermercado asiático de su barrio. Alex estaba en su barrio, y hasta entonces si la había visto no la había tenido en cuenta. Y nada cambia para el futuro de David, pero de algún modo también todo cambia. Sí, todo cambia.

Alex tiene 22 años y es madre soltera de Bruno, un chico de 5 años. Lo tuvo a los 18 con "el primo Max", un entrenador de básquet negro, casado, profesor en el colegio donde Alex estudiaba. Max no se desentendió, la sigue ayudando. Y Bruno es feliz cuando aparece "el primo Max". Acaso lo de Alex es un karma, un aciago destino familiar. En el Vietnam de la guerra, su abuela engendró a su madre con un soldado afroamericano. No supo más de él, pero eso las llevó a viajar a Estados Unidos como refugiadas por aquel intercambio sexual imperdonable en su país. Se quedaron allí, pero nunca se arraigaron. La intensidad de la urbe las abruma y tratan de alejarse lo más que pueden. Alex tiene algo de afroestadounidense pero más de oriental, y acaso por eso la protege Tung, el dueño del supermercado, exmonje budista que tuvo que huir de Vietnam.

El de David y Alex es un romance de días contados. De esperanzas y aceptaciones. De reconocer la fragilidad de la vida. Algo que hace sentir que con "un poco de calidez, de música, de la compañía de alguien, no se necesita de nada más". Un día David le pregunta a Alex a qué lugar le gustaría escapar, y ella dice Hanói, y no sabe por qué, pero a David se le convierte en su utopía. En ese lugar pantanoso que eligen los elefantes para morir. Y también en un broche al amor.

Lo más atractivo es cómo lo que podía ser un melodrama (rodeado de música de jazz y del estilo de la prosa), una novelita sentimental y lacrimógena, supera ese escollo para convertirse en un relato sobrio, de precisa distancia, que revive la novela existencialista europea de los años 50 y 60, que habla del desarraigo, del sentirse extranjero en el mundo.

"Hanói" sobrevuela el drama para tejer una historia luminosa, conmovedoramente humana en la calma aceptación del destino. Es desde una superficialidad aparente que Adriana Lisboa alcanza la profundidad en ésta su sexta novela. La brasileña Lisboa reside desde hace una década en EE.UU., es cantante, doctora en Literatura Comparada, investigadora, y con su novela "Sinfonía en blanco" ganó el premio Saramago, que sumó a anteriores. Quien quiera conocerla puede ver en YouTube el documental "Lisboa" de Eduardo Montes Bradley. Pero basta para valorar sus cualidades narrativas sentir que uno se despide de "Hanói" estremecido en la mente por la música de "Sweet Georgia Brown".

Máximo Soto

Dejá tu comentario