Cristina de Kirchner anunció ayer que Mercedes Marcó del Pont, actual presidente del Banco Nación, fue designada para reemplazar como titular del Banco Central al destituido Martín Redrado, cuya remoción fue avalada el martes por la Comisión Bicameral del Congreso. «Transcurrido prácticamente un mes, el resultado es el mismo: la remoción del titular del Banco Central por mala conducta e incumplimiento de sus deberes de funcionario», enfatizó la Presidente en referencia a las dificultades que enfrentó su intento de desplazar a Redrado a través de un decreto de necesidad y urgencia el 7 de enero.
La mandataria informó, además, la creación de un consejo económico integrado por el titular del BCRA y el ministro de Economía, con un «modelo similar al que existe en Brasil y Chile», para planificar políticas vinculadas a la producción y la creación de empleo. Asimismo, volvió a defender la implementación del Fondo del Bicentenario: «El mundo económico reaccionó muy bien, el Merval batió récords que nunca había conocido», indicó, aunque reconoció que la constitución de ese fondo deberá ser discutida en el Parlamento, algo que originalmente se había intentado evitar.
A continuación, los aspectos destacados de sus declaraciones.
He firmado hoy (por ayer) el Decreto 189 que reemplaza al número 18 y que confirma la remoción del presidente del Banco Central por mala conducta e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Esto que ocurrió nos plantea la necesidad de visualizar el rol de las competencias de los poderes. A veces, el excesivo ritualismo que se utiliza como instrumento, más que colaborar con la verdad, obstruye a las instituciones. Queda claro que quien tiene la potestad de remover al presidente del Banco Central es, precisamente, quien decide los destinos del país. En este caso quien les habla.
El artículo 9 de la carta orgánica del Banco Central obliga a un consejo no vinculante de las comisiones parlamentarias, pero como era público y notorio, esas comisiones no estaban constituidas y me vi obligada a tomar esa decisión.
Esa tensión institucional que provocó la salida de Martín Redrado del Banco Central podría haberse obviado si se hubiera actuado con mayor grado de racionalidad y colaboración institucional. No digo apoyando políticas con las que no se está de acuerdo, como la oposición que tiene el Fondo del Bicentenario. Se podría haber obviado todo este estrés o desgaste institucional.
Como legisladora, cuando me tocó ser opositora, jamás se me hubiera ocurrido recurrir a un recurso de amparo por perder una votación. Hoy hay algunos que se ampararon en la Justicia por un veto y para eso, se sabe, hay que reunir las dos terceras partes e insistir como fue siempre. No se puede estar hablando todo el tiempo de división de poderes republicanos y después hacer todo lo contrario. ¿Se imaginan lo que podría ser el país si cada vez que un diputado no consigue la sanción de la ley que él quiere va a la Justicia a pedir cautelas o inconstitucionalidad o amparos?
Es conveniente seguir adelante con el Fondo del Bicentenario. Lo vamos a discutir. La oposición no tiene propuestas alternativas. La oposición es previsible, es siempre no. Pero el mundo económico reaccionó muy bien. Es una medida muy lógica: si usted explica que tiene dinero inmovilizado en el exterior y le pagan sólo el 0,5 por ciento y tiene que pedir dinero, yo no creo que haya que ser economista ni prepara ver la oportunidad que se le presenta al país. Está muy clara su intencionalidad, que es pagar las obligaciones de vencimiento externas.
Los plazos del canje siguen exactamente como lo veníamos previendo. Vamos a esperar a ver qué resuelve la SEC (el órgano de regulación bursátil de Estados Unidos). Antes de la implementación del canje de deuda de 2005 hubo tres intercambios de opiniones entre el Ministerio de Economía, que monitoreaba el canje, y la SEC. Son cuestiones de orden técnico.
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