25 de agosto 2009 - 00:00

Cruce entre economistas en la primera cumbre heterodoxa

Roberto Frenkel, Roberto Feletti
Roberto Frenkel, Roberto Feletti
El manejo de la política económica dividió ayer a la heterodoxia: Roberto Feletti, viceministro de Economía, debió defender ayer la gestión oficial ante los reclamos de «previsibilidad» por parte de Roberto Frenkel, economista del CEDES. Fue en el marco del congreso organizado por la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA). «La situación macro sería manejable si se siguieran cursos de acción razonable; sin embargo, hay importantes fuentes de incertidumbre por la baja calidad de la conducción macroeconómica. La previsibilidad de las decisiones de política es prácticamente imposible, y esta imprevisibilidad es uno de los problemas más grandes que afecta a la economía argentina», disparó Frenkel.

Feletti respondió, a su vez, que «hay decisión y previsión de no hacer ajuste fiscal, no permitir caídas del salario ni del empleo; en eso somos absolutamente previsibles».

Del panel también participó Eduardo Curia, para quien el tipo de cambio de equilibrio se encuentra en torno a los $ 4,5 y $ 4,6. Minutos antes de esta revelación, Feletti había sostenido que «apelar a saltos cambiarios podría llevar a licuar no sólo el gasto público, sino también de los salarios; y esto no va a suceder». Los cruces con el viceministro fueron lo más celebrado en el concurrido encuentro al que asistieron también Fernando Peirano, Bernardo Kosacoff y Enrique Martínez.

A continuación, los puntos destacados de las exposiciones:



Roberto Frenkel



  • La Argentina estaba en una de las mejores posiciones relativas para enfrentar la crisis internacional, gracias a la acumulación de reservas internacionales, los superávits de cuenta corriente y fiscal, y la flexibilidad en el tipo de cambio. Además, el país concentra sus exportaciones en productos agrarios cuyos precios tienen mejor perspectiva que el resto de las commodities.  

  • No obstante, se observa el completo aislamiento financiero internacional del sector público y la fuga persistente de capitales. Éstos no son efectos de la crisis global, sino que emergieron por circunstancias locales.

  • La situación macroeconómica puede considerarse, a trazos gruesos, mejor que lo que trasuntan las opiniones dominantes en el sector privado y en el público en general. Paradójicamente, la distorsión de la información pública a la que el Gobierno viene apelando hace que la percepción de los hechos tienda a ser peor, y no mejor, que la que justificarían los elementos fundamentales de la economía.

  • La recuperación del precio de los commodities favorece el sostenimiento del superávit comercial y la recaudación fiscal; el incumplimiento de las obligaciones de deuda no parece probable, al menos en 2009 y 2010; el efecto de la recesión sobre el empleo fue moderado, en la comparación internacional, y la inflación está desacelerándose.

  • Así, la situación macroeconómica resultaría manejable mientras se sigan cursos de acción razonable en la definición de políticas; sin embargo, hay importantes fuentes de incertidumbre por la baja calidad de la conducción macroeconómica. El pronóstico económico depende crucialmente de decisiones políticas y, en nuestro contexto la previsibilidad de esas decisiones es prácticamente imposible. Esta imprevisibilidad es uno de los problemas más grandes que afecta a la economía argentina.



    Roberto Feletti



  • La política de expansión del nivel de actividad sobre la base de ganar espacios en el mercado externo, conseguir la solvencia fiscal y utilizar recursos públicos para impulsar la demanda nos coloca hoy en una situación de aterrizaje suave y cómodo frente a la crisis. El eje de la política económica fue la recomposición de la ecuación fiscal, lo que permitió, por un lado, el desendeudamiento y, por el otro, la estrategia de la intervención y regulación en el nivel de actividad. Fueron la solvencia fiscal y externa las que permitieron, vía expansión del gasto público, que no se desplomara la actividad.

  • Pero al sostenimiento de la actividad y el consumo se oponen la retracción de las exportaciones y la inversión privada. Es difícil pensar que la recuperación de la demanda externa se podría lograr a través del tipo de cambio. Es necesario trabajar sobre el problema de la inversión privada, el Gobierno está buscando crear un clima favorable para alentar la inversión.

  • El aislamiento financiero no es culpa de este Gobierno (que no contrajo ni defaulteó la deuda), pero sí busca corregirlo. Cualquier recorrido que se haga para resolverlo se hará sin alterar la ecuación fiscal que hasta ahora permitió atenuar el impacto de la crisis.

  • Apelar a saltos cambiarios podría llevar a licuar no sólo el gasto público, sino también de los salarios; éste es un camino que el Gobierno no va a recorrer. Hay decisión y previsión de no hacer ajuste fiscal, de no permitir caídas del salario ni del empleo; en eso somos absolutamente previsibles.
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