3 de febrero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Lo que hemos visto del primer mes de 2010 resultó casi como una foto instantánea de finales de diciembre: con una ligera «salida de foco», que no afectó la figura principal. Resultó un mes más de parálisis, que de bajas. Un primer capítulo, de un ejercicio que tiene que aclarar muchas cuestiones de fondo. Y no en la periferia del sistema, sino en lo más profundo: en saber qué tipo de capitalismo habrá de predominar dentro de la crisis.

Después de tantos discursos y foros importantes, como el reciente en Davos, se pudo establecer que hay dos bandos perfectamente identificables. Los que debajo de las palabras ocultan el deseo de que todo siga igual y que, pasado el momento de la eclosión, se prosiga con iguales prácticas y sin recortes en las libertades que otorgó la «desregulación», a través de todas las décadas que siguieron a la «regulación», después de 1930. Y hay también formado otro bando, con gobernantes incluidos, que intentan colocar límites, vallas -y hasta impuestos- a los deslices y desvíos bancarios y financieros. Esto es lo que parece resultar el tema excluyente y que torna sumamente apasionante -y acaso histórico- el camino del presente año 2010.

Y en tal monumental polémica, va implícita la suerte de los índices de los mercados de riesgo. Que puede que se acongojen más, por ciertas adversidades puntuales que surgen. O se alegren temporalmente, por algunas medidas económicas que sigan tratando de generar el crecimiento tras la crisis. Pero, la tendencia de fondo -la fundamental- seguramente irá ligada al resultado de la porfía entre los dos bandos: y quién será el vencedor, para marcar el rumbo de años siguientes.

La puja no será tan sencilla como podría parecer, solamente con gobernantes aprobando regulaciones y haciéndolas aplicar. Esos monstruos bancarios y que resultan «demasiado grandes para caer», no se rendirán fácilmente. Y hasta puede mellar de mil formas, lo que se les quiera imponer desde lo político. No será la primera vez en la historia donde se vea a tales instituciones tener inclusive más poder, que el poder mismo. Si todo queda en borradores, si las normas son laxas y más para la apariencia y calmante de multitudes, acaso haya que prepararse para otra crisis. Y en tanto, ganar cuanto se pueda.

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