4 de febrero 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

 ¿Qué es lo que promueve el respingo que dieron con el índice en Wall Street?, vaya a saberse. Será una nueva inyección de dinero salido de la «maquinita» del dólar, que -por otra parte- se venía pidiendo a gritos. En todo caso, esto comprueba de modo fehaciente qué lejos estaba de solucionarse el problema de la crisis. Pero es terreno de los colegas que siguen de cerca el mercado del NYSE, si bien había que mencionarlo. Por existir una correlación directa entre el repunte del Dow y la mejora del marchitado Bovespa, como también las ruedas con alzas que deparó el Merval. Es sabido que por nuestro propio terreno nada hay de halagüeño o de novedoso, que pueda hacer cambiar el estado de ánimo de un viernes para un lunes.

De todas formas, febrero arrancó mucho más auspicioso que el final de enero, aunque conviene recordar que también las primeras ruedas del año registraron un entusiasmo enérgico y poco después todo se fue diluyendo. Estamos ya muy cerca de conocer los estados contables de diciembre -siempre y cuando no sean «memorias», que tienen más tiempo para presentarse- y esto genera alguna expectativa nativa en la plaza local, que hacia el próximo día «10» podrá ir cotejando resultados. De paso, conviene también remarcar que nuestro mercado perderá a inicios de 2010 otros dos navíos de gran porte. Uno, Telefónica, que anunció su partida en el siguiente vuelo, después de rescatar del mercado lo que quedaba flotando. La otra, Alpargatas, sociedad que había presentado una OPA para retirar sus papeles y que -al ser objetada- había quedado en manos y consideración de la Comisión Nacional de Valores. Se supo días atrás que tal oferta resultaba aprobada: con lo cual se completará el trámite formal para la partida de la tradicional especie de nuestro mercado.

Dos bajas, de renombre, ninguna anotada en alza e incorporación: prosigue el drenaje de activos cotizantes, como también afecta a los montos de «capitalización bursátil» del mercado de Buenos Aires. Dos malas nuevas, dos testimonios de un sistema que cada vez se consume más en su propio reducto, sin posibilidad alguna de volver a disputar «la calle», de ofrecerse como alternativa para el ciudadano común. Los supuestos «sabios» que decidieron que el pequeño inversor no interesaba más, que, además, el mercado debía ser puramente tecnológico, sin presencia humana en un recinto que es un desierto, ven de qué modo se consuma la tarea. No ser nada.

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