14 de diciembre 2010 - 00:00

Cupones Bursátiles

Está culminando una de las tantas temporadas de Bolsa local: en tiempos de inflación. Y nos es un dato accesorio, simplemente un marco colorido. Podría ser una etapa inflacionaria de un dígito, o de dos con ribetes sobrios. Pero aquí -fuera del dato oficial- se estima un rango que va del 25 por ciento al 30 por ciento.

Y según se está viendo en pronósticos que se lanzan para 2011, es que debemos prepararnos para un estado inflacionario nuevamente cercano al 30 por ciento (lo peor de esto, en relación con otras épocas inflacionarias, es que se asume con naturalidad el estar inmersos en un 30 por ciento de inflación, anual y acumulativa).

Por otra parte, y a diferencia de otros momentos, la degradación de la moneda argentina no se traduce en correcciones sobre el valor del dólar. Y de esto surge un garabato para las evaluaciones: donde se puede afirmar que -en dólares- el ejercicio que termina en acciones es fantástico con la utilidad dejada por el Merval. Pero si se realiza un desagio por inflación soportada, el resultado es nada más que «satisfactorio».

Además, se mantiene la veda para aplicar el «ajuste por inflación» en los balances empresarios, desde inicios de la década, con el daño que hace a las compañías pagar al fisco sobre beneficios irreales. Intentar arribar a una conclusión sobre en qué punto del ciclo bursátil nos hallamos, qué parámetros pueden taparse para ello, se corre el riesgo de entrar en un laberinto, donde cada uno opine según le haya ido en el mercado (como la vieja figura, donde cuatro ciegos tocaban distintas partes de un elefante y cada uno afirmaba que era un animal distinto).

Sólo el realismo

Nos podríamos evitar toda la disquisición y sumarnos simplemente a batir palmas por «el gran año de la Bolsa». Sin embargo, nos parece aconsejable referir que el juego de variables -más allá de saldos dados por un índice- donde debe insertarse la Bolsa no luce para nada armónico. Y promete -para 2011- estar igual o más desvirtuado que ahora.

Podría llegarse a dos tentativas conclusiones: 1) que para el inversor en pesos ha constituido un buen refugio, frente a la inflación. 2) Que para el que trajo dólares, hizo la diferencia, y se lleva dólares fue una «bicoca».

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