14 de diciembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Ruedas como la que en el mundo se formalizó el viernes son de aquellas donde el entusiasmo que pueden poseer los inversores, los analistas, se ve estrujado por la realidad incomprensible. Que si, a todos, una de las primeras leyes de oro que se les ha enseñado es nunca discutir con el mercado, frente a lo que no posee ningún asidero invita al desaliento. Recordemos que en Buenos Aires las mentes estaban disipadas, disfrutando del fin de semana largo. Y que el Merval miraba desde fuera del circuito, por lo que -seguramente- se perdió una ocasión de actuar por simpatía con el resto y -también- apropiarse de una mejoría totalmente artificial.

A pesar de no actuar el recinto local, la columna sobre el día debíamos realizarla y al recibir los informes sobre saldos de las distintas Bolsas dudamos de que fueran los correctos. Porque ya había tomado amplia difusión lo resuelto en la «cumbre europea». Y comenzado las primeras críticas y polémicas, en virtud de la solicitud de ajustes, del patear el tablero europeo por parte de Londres, un conjunto que estaba en las antípodas de lo que podía resultar sustento para un repunte bursátil.

Y, sin embargo, esto se llevó a cabo en todos los indicadores europeos, más el Dow Jones, sumados los otros índices satélites. Tal enorme contraste nos llevó a traducir en la nota -y en su título- el desconcierto que teníamos. Arriesgando a quedar descolocados, si en el reinicio del lunes esto se repetía, titulamos con: «Rebote poco entendible». Que durante el lunes en el propio mercado se formalizó, acarreando bajas generales y disipando totalmente ese falso ambiente de triunfo.

Una rueda más, seguramente quedará olvidada bajo la pila de desarrollos del ejercicio, pero que nos promueve la mayor inquietud. Y es la de haber comprobado que realmente existe la «alquimia» de los hacedores de mercado de ahora, capaces de convertir una fecha con noticias tan plomizas en una rueda como de festejos. Sacarle el jugo y dejar después que la realidad mucho más acorde con los motivos -la caída del lunes- limpiara esa basura artificial que lograron crear y sostener.

La ausencia del inversor masivo, de escaso calibre, en todos los mercados -ante la crisis- acaso ha dejado en manos de unos pocos (y con la mayor tecnología de intervención) la dirección que pueda tomar una rueda, o varias. Lo dejamos escrito, como una prueba de lo peligroso que está el sistema (y donde hasta los ladrillos son capaces de flotar).

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