21 de mayo 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Una nota aparecida en Clarín del domingo (y a la que citamos, como debe ser) nos trae como novedad un peligroso giro que adoptan las grandes marcas: para colar sus prédicas publicitarias, en medio de contenidos periodísticos -o analíticos- contratados por ellos mismos. El título lo resume bien: "Las marcas quieren hacer periodismo". A lo largo de la columna, firmada por Darío Laufer, se cita a una serie de compañías que ya han montado reales redacciones. Esto es la excusa, derivada de que los anuncios que aparecen rodeando las pantallas son evitados por los clientes. Entonces, se habrán planteado, colemos nuestro mensaje dentro de lo que tiene el ropaje de una nota periodística: con tal de que el cliente lo engulla, como pececillo desprevenido ante la carnada. Se trata -dice el autor de la nota- "de pensar una estrategia de marketing, que no sea percibida como una intrusión en la lectura o el consumo de medios".

En una palabra -decimos nosotros-, utilicemos una estratagema que desde mucho tiempo antes ha sido bautizada como propaganda "subliminal". En tiempos lejanos, era la técnica de mostrar un desierto: y, de manera apenas perceptible, la imagen de una gaseosa -bien helada- por detrás: desierto, sensación de sequedad de garganta, deseos de consumir tal producto para calmarla. En tal caso, se trataba de productos de consumo alimenticio, primarios; otra cosa es armar redacciones e insertar opiniones dirigidas en lo financiero y las inversiones, por caso, en apoyo a la estrategia publicitaria de un banco. Esto, al parecer, se está extendiendo en el mercado del norte y -como suele suceder- en cuanto uno sale con una nueva estrategia, los demás la copian enseguida.

Cuestión sumamente peligrosa poseer redacciones especialmente direccionales y deslizando visiones y conceptos, que responden a quienes armaron las páginas. Todo era para dar pie a la polémica, hasta que la columna se remata con una opinión: que ya tiró todo de un plumazo. Se culmina diciendo: "Hoy las empresas son las que pueden pagarles a los expertos. Si Goldman Sachs decidiera sacar un portal, sobre futuros o materias primas, no tendría competencia...".

En tal aseveración, recordaríamos la buena expresión de Winston Churchill: "Me niego a tener que elegir entre el carro de bomberos y el incendio".

(De paso, si Goldman Sachs decide hacerlo, el anuncio que sugerimos es: "¿Quiere ser un delincuente?, síganos".

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