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Cupones bursátiles
En una palabra -decimos nosotros-, utilicemos una estratagema que desde mucho tiempo antes ha sido bautizada como propaganda "subliminal". En tiempos lejanos, era la técnica de mostrar un desierto: y, de manera apenas perceptible, la imagen de una gaseosa -bien helada- por detrás: desierto, sensación de sequedad de garganta, deseos de consumir tal producto para calmarla. En tal caso, se trataba de productos de consumo alimenticio, primarios; otra cosa es armar redacciones e insertar opiniones dirigidas en lo financiero y las inversiones, por caso, en apoyo a la estrategia publicitaria de un banco. Esto, al parecer, se está extendiendo en el mercado del norte y -como suele suceder- en cuanto uno sale con una nueva estrategia, los demás la copian enseguida.
Cuestión sumamente peligrosa poseer redacciones especialmente direccionales y deslizando visiones y conceptos, que responden a quienes armaron las páginas. Todo era para dar pie a la polémica, hasta que la columna se remata con una opinión: que ya tiró todo de un plumazo. Se culmina diciendo: "Hoy las empresas son las que pueden pagarles a los expertos. Si Goldman Sachs decidiera sacar un portal, sobre futuros o materias primas, no tendría competencia...".
En tal aseveración, recordaríamos la buena expresión de Winston Churchill: "Me niego a tener que elegir entre el carro de bomberos y el incendio".
(De paso, si Goldman Sachs decide hacerlo, el anuncio que sugerimos es: "¿Quiere ser un delincuente?, síganos".


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