Leemos que Wall Street está, como desde hace unos años, dependiente de aquello que proponga la Reserva Federal en cuanto a seguir dando "canilla libre" o a aplicar un costo sobre el dinero. Lo que delata -nos parece- que buena parte de estos permanentes nuevos marcos históricos en el Dow Jones tiene mucho de "bijouterie". Al momento, no se sabe todavía cuándo, en que las variables estén alienadas dentro de una normalidad se llegará a poder comprobar qué andamiaje real poseían esas menciones sobre "récords" accionarios en el norte. Si es que se tiene tanto temor a que la Fed cambie su política y pase a una fase de comenzar a subir la tasa es, y se cae de maduro, que existe un creciente miedo a que esto derribe un "ciclo" que tiene bastante de inaudito. Salvando las distancias, un símil de cuando por aquí se observan ruedas totalmente "descolgadas" de sus antecesoras y aparecen repuntes violentos que no puede saberse de dónde provienen (solamente intuirse). Aquello de las "manos amigas", que ya se utiliza en las redacciones como si fuera un hecho natural, diáfano, admisible, que no lo es, en función de estar doblegando las leyes básicas del mercado, con incursiones de tipo dirigistas. En las últimas dos semanas, y algo más, solamente en una rueda -a mediados del pasado período- emergió un desarrollo totalmente alejado de todo: fue cuando YPF tuvo un enorme rebotar, del 12 por ciento y con más de $ 23 millones de volumen, que arrastró a las demás tras ella para concretar un 6 por ciento en el Merval.
En la ocasión, tal carburante parece que se agotó velozmente en los suministros de las "manos amigas", porque lo que siguió a continuación fue un empalme con lo que venía desde antes y que prosiguió tras el forzado paréntesis alcista. Una demanda que crezca de la nada -como por generación espontánea- no resulta creíble para aquellos que tienen alguna trayectoria en eso de observar a los mercados. Bastante de "bijouterie" -pretendiendo ser de oro- y que en los primeros cuatro meses duró bastante más, pero que ahora se extinguió en una sola rueda. Y el mercado, como el agua, fue buscando su propio nivel: eludiendo los pretendidos "diques" artificiales (que les colocan los que tienen la pretensión de doblegar a un potro salvaje: la tendencia bursátil).
Por las dudas, alguien que les avise a los inocentes pícaros que en 500 años nadie le puso el cascabel al gato de la Bolsa. (Eviten el ridículo.)
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