3 de junio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

En un mercado de riesgo, donde no existen pronósticos finales y que basa su juego en la diversidad de opiniones (a tal punto que alguien considera que debe vender y, la contraparte, es alguien que desea comprar), no existe ninguna "santa" palabra. Así es que al culminar el quinto mes, imaginamos que el ambiente bursátil se puede estar viendo como un hormiguero al que le han puesto un pie encima.

Todos partiendo en distintas direcciones, abandonada la disciplina de las fuerzas del mercado y con la desprolijidad siendo el preámbulo de junio. Nosotros creemos ver la íntima relación del curso seguido por las acciones, con el que fijó el camino del dólar "paralelo".

El testimonio que recogemos, para tratar de avalarlo, es que ambos casos han sufrido una caída superior al 9 por ciento. Y la carrera anterior, cuando el dólar trepaba hasta alcanzar los dos dígitos, teniendo al ritmo accionario siguiéndolo como un discípulo fiel. A menos que el segmento de títulos privados logre una mancomunión, en torno de otros motivos, el destino inmediato parece seguir siendo el mismo.

Un mercado de la moneda foránea, siendo el mentor del Merval. En tal caso, tenemos por delante otra zona de hechos incidentes sobre el ámbito de la divisa: la salida al ruedo de los nuevos "bonos-dólar", la profundidad que puedan alcanzar y las reacciones encadenadas que se vayan produciendo. Pueden ser exitosos, o no, todo está por comprobarse. En tal caso, es una u otra forma, esto tendrá un efecto directo sobre la actuación de las acciones. No es un tema menor, aparece como una cuña colocada entre dos alternativas que seguían rutas paralelas y, en buena medida, automatizadas.

Lo de mayo mostró una ausencia muy evidente de las llamadas "manos amigas" (salvo la rueda en la que YPF saldó un 12% y elevó al Merval hasta un 6%) que dejaron correr a lo bursátil aguas abajo, sin ofrecer ningún dique de contención. Como abandonada a su suerte -que es lo que hacen quienes se acercan sólo para vivir el momento- la Bolsa vio que la demanda había partido. Y que sólo una oferta demasiado razonable podía ofrecer resistencia. Todo fue en vano, ya después gobernó la resignación y así se fue el quinto período: acaso, con más daños en los ánimos, que en los bolsillos. Riesgo de un solo argumento.

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