9 de enero 2012 - 00:00

Daulte: “Mi meta es el buen teatro y no hacer un éxito”

Javier Daulte: «Ningún éxito de teatro hace rating televisivo. Sumando todos los espectadores que pueda reunir «Toc, toc», traducido a cifras televisivas no es nada».
Javier Daulte: «Ningún éxito de teatro hace rating televisivo. Sumando todos los espectadores que pueda reunir «Toc, toc», traducido a cifras televisivas no es nada».
Tras «Baraka», Hugo Arana, Darío Grandinetti, Juan Leyrado y Jorge Marrale volvieron a convocar a Javier Daulte para que los dirija en una nueva obra con producción de Pablo Kompel. El material elegido fue «Mineros» (2007) del inglés Lee Hall (el autor de «Billy Elliot») quien se inspiró en el libro «Pitmen Painters, The Ashington Group» de William Feaver, donde el autor rescata un hecho real: la transformación de un grupo de mineros ingleses en un colectivo de arte que despierta el interés de museos, galerías y coleccionistas. El debut está previsto para el 17 de enero en el Teatro Metropolitan I. Dialogamos con Daulte:

Periodista: Usted va a camino a monopolizar la cartelera teatral porteña. Cada vez dirige más obras y no sólo de su autoría.

Javier Daulte: En los dos últimos años trabajé aquí y en España, me la pasé viajando, y claro, en cada lado vieron la mitad de mi trabajo. Ahora que tengo los dos pies puestos en Buenos Aires parece que trabajo el doble y para mí no es así. Reconozco que hubo una suerte de aluvión, lo que sucede es que rechazo tantas propuestas, que lo que hago me parece poco.

P.: También lo buscan como hacedor de éxitos. Le fue tan bien con «Baraka», «Filosofía de vida», «Lluvia constante» y en breve reestrena su «4D Optico» en el Cervantes.

J.D.: Sí, en febrero. Los que me buscan para hacer un éxito se equivocan conmigo. Yo no sé hacer éxitos, ni me lo propongo. Mis objetivos son otros, por eso me entiendo muy bien con Kompel que no juega a los dados. Incluso, elige obras que a veces vienen del off de Estados Unidos o que en una primera lectura no tienen un perfil de circuito comercial.

P.: Háblenos de esos «Mineros» que nada tienen que ver con los que en Chile mantuvieron en vilo al mundo entero.

J.D.: La obra transcurre en Inglaterra, en la década del 30, donde un grupo de mineros tienen la posibilidad de tomar cursos de apreciación del arte. Yo adapté mucho la obra y la ubico entreguerras para que la guerra no sea un tema. Como estos mineros son un poco brutos el profesor (Marrale) les propone hacer ejercicios en lugar de aprender Historia del arte. Pronto descubren que tienen un talento innato y empiezan a trabajar con entusiasmo hasta convertirse en el primer grupo de arte colectivo proveniente de la clase obrera. La distancia de tiempo y lugar permite que esta fábula adquiera un espesor metafórico. Además de los conflictos que atraviesan estos mineros y de sus historias de vida tan conmovedoras, se plantean cuestiones que aunque parezcan de otra época siguen muy vigentes -¿Para quién es el arte? ¿quién hace arte?- y son parte de una discusión que todavía no se resolvió. Este grupo de trabajadores demuestra que el arte es una decisión de vida, un salto que no tiene vuelta atrás.

P.: ¿Va a dirigir alguna otra obra este año?

J.D.: En mayo estrenamos «El hijo de puta del sombrero» de Stephen Adly Guirgis, una comedia, con Pablo Echarri, Florencia Peña y Fernán Mirás en los protagónicos. Es una historia de amor en el estrato más bajo de la sociedad, en un contexto de delincuentes que están siempre bajo «probation». Para mí es «Un tranvía llamado deseo» del siglo XXI.

P.: ¿Volvió a trabajar con Adrán Suar?

J.D.: Sí ya escribí cuatro capítulos de «Tiempos compulsivos» el nuevo unitario que saldrá en julio.

P.: ¿Sobre transtornos obsesivos compulsivos?

J.D.: No es «Toc, Toc» como andan diciendo por ahí.

P.: Pero «Toc, Toc» es un éxito teatral que demostró que al público le interesan estos temas de salud mental.

J.D.: Pero ningún éxito de teatro hace rating televisivo. Sumando todos los espectadores que pueda reunir «Toc, toc» o cualquier otro éxito teatral, traducido a cifras televisivas no es nada. A ningún Suar se le ocurriría llevar «Baraka», un megaéxito que reunió 350 mil espectadores, a un programa de televisión porque haría muy pocos puntos, la nada misma.

P.: ¿De qué trata «Tiempos compulsivos»?

J.D.: Es la relación entre pacientes con trastornos mentales y un equipo de terapeutas psiquiatras y psicólogos, en un hospital de día. Protagonizan: German palacios, Gloria Carrá, Carla Peterson, Rodrigo de la Serna y ojalá Celeste Cid, la estamos esperando. La idea es mostrar el mundo de las terapias a puertas abiertas, no en la intimidad del consultorio. En «Para vestir santos» yo tomé la institución familiar para mostrar una realidad más abierta, caótica y disfuncional, aquí pretendo hacer lo mismo. ¿Vio que ahora la televisión se puso ochentosa otra vez?

P.: ¿A qué se refiere?

J.D.: A que algunos programas repiten modalidades de viejos ciclos como «Atreverse» y se ocupan de temas sociales con un enfoque didáctico. Prefiero lo políticamente incorrecto. Estamos en una época donde hasta el terapeuta es disfuncional. Vivimos tiempos compulsivos, lo que antes se consideraba una patología hoy es un rasgo de normalidad. El límite entre la salud y lo patológico se ha quebrado. La patología se define por esos síntomas que a un individuo le impiden trabajar y tener una pareja, pero hoy puede pasar que otra persona con los mismos síntomas no tenga obstáculos en el trabajo y el amor. Después está esa gran bolsa de gatos llamada bipolaridad, ahí se mete todo lo que los profesionales no terminan de entender qué es. Por supuesto que los trastornos que vamos a tratar, como le dije a Suar, van a ser los que nos convengan para contar una buena historia.

Entrevista de Patricia Espinosa

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