17 de mayo 2016 - 00:07

De The Cavern Club a la capital del cuarteto

• EL RECITAL DE PAUL MCCARTNEY EN CÓRDOBA COMBINÓ ESPECTACULARIDAD CON TEMAS QUE NO HACÍA DESDE HACE 50 AÑOS

La espectacular puesta en escena hizo funcionales las tres pantallas gigantes para algo más que permitir la visión desde lejos, combinándolas conceptualmente con proyecciones que tematizaron algunos temas.
La espectacular puesta en escena hizo funcionales las tres pantallas gigantes para algo más que permitir la visión desde lejos, combinándolas conceptualmente con proyecciones que tematizaron algunos temas.
Enviado especial - A esta altura de su carrera nadie le puede pedir a Paul McCartney que vaya a hacer algo distinto. Lo asombroso es que cada nueva gira que trae a la Argentina incluya una mejor muestra de su talento musical y su apuesta por entretener a su público. Además de recrear temas que no tocaba hace medio siglo, como la contundente canción de apertura del show, "A Hard's Day Night", para las más de 40 mil personas que llenaban el estadio Kempes había un detalle que superaba cualquier cualidad objetiva que pudiera brindar el concierto: el ex beatle McCartney realmente estaba diciendo "Hola Córdoba! Hola culiados!". Y de verdad estaba ofreciendo uno de los mejores shows de la historia del rock en la capital del cuarteto.

Más allá de lo pintoresco, la interacción con el público cordobés, y de todo el interior de nuestro país, le dio matices distintos a esta escala mediterránea en su nueva gira, One to One. La principal diferencia entre este tour y el que McCartney ofreció en River en 2010, con los mismos músicos, es una puesta más espectacular y tecnológica en lo visual, en el énfasis en tocar temas que no había interpretado en cincuenta años, o que no había vuelto a tocar nunca, como el primero que hizo con los Beatles cuando aún se llamaban The Quarrymen, "In Spite Of All The Danger", muchos de los cuales formaron parte de un largo set acústico que ocupó más de la tercera parte de la performance que superó las dos horas y media de duración.

Justamente durante este set es donde se advirtió una de las proezas técnicas de esta puesta formidable:McCartney canta "Blackbird" sólo con su guitarra acústica y de repente empieza a elevarse. Y la plataforma que lo lleva hacia la parte superior del escenario es, a la vez, una nueva pantalla de video en la que se ven alucinantes imágenes semiabstractas alusivas a la canción.

La puesta, con tres pantallas gigantes y de alta definición a ambos lados y detrás del escenario, está diseñada para algo más que el uso práctico y necesario de lograr que a una distancia mayor de 100 metros se vean perfectamente detalles como las cuerdas del famoso bajo de McCartney, sino también para conceptualizar de distintos modos, ya sea relacionados con el momento histórico de una canción especial por ejemplo, "A Hard Day's Night" incluía una cuadrícula blanco y negro en referencia a la tapa del disco con la banda sonora del film de Richard Lester- o "Maybe I'm amazed" de Wings, que dedicó in memoriam a Linda Eastman, para lo cual se insertaron imágenes de cuando Paul y Linda se conocieron.

Justamente "Maybe I'm Amazed" fue uno de los momentos culminantes en lo estrictamente musical, con la guitarra de Rusty Anderson articulando una versión extraordinaria del solo que moldea la melodía de la canción, y con la banda demostrando la cohesión que hay entre estos músicos que tocan juntos desde hace años. En ese sentido, los momentos culminantes de la banda explotan cuando McCartney cambia el bajo por la guitarra eléctrica, lo que sucede por primera vez durante el concierto cuando, sobreactuando un poco, se quita el saco y se queda en camisa en un gesto que dice algo así como que un gran bajista también sabe hacer buenos solos de guitarra. Eso se ve en "Let It Roll It" que culmina con un cover instrumental de "Foxy Lady" de Jimi Hendrix, como para que no haya dudas de las cualidades de Paul el violero, que en ese momento también se mezclaron con las de Paul el showman, en su afán por hacer que el público demuestre menos timidez. Eso le llamó la atención durante toda la noche: hizo una larga e inusitada improvisación, al estilo Hendrix, del cantito "oh oh oh oh ooooh", que a lo largo del show tuvo otras sorpresivas variaciones, incluyendo una en piano y otra estilo reggae.

Es que, a diferencia del público de cuarteto, las audiencias rockeras cordobesas suelen ser menos efusivas a la hora de aplaudir a un músico, cosa que en un estadio como éste la actitud se nota más. Por eso McCartney debió arengar varias veces al público, como por ejemplo para que cantara "Let It Be" como un gigantesco coro de miles. Estos fueron sólo algunos detalles inolvidables de un show milagroso: todos y cada uno de los espectado0res que vinieron desde distintas partes del país para vivir un acontecimiento imposible hasta en los sueños más delirantes, Paul Mc Cartney tocando en vivo en Córdoba, una deuda que los productores de shows internacionales tenían desde hace tiempo con el interior.

*Recital de Paul McCartney. Abe Laboriel Jr. (batería), Paul Wickens (teclados), Brian Ray (guitarra) Rusty Anderson (guitarra). (Estadio Kempes, Córdoba, 15 de mayo).

Dejá tu comentario