La debacle que está acabando con el mercado del alquiler de video en la Argentina ha traído algunos cambios peligrosos en el segmento de la «venta directa» que, hoy en día, es lo único que mantiene con vida al sector legal de la actividad. En épocas no tan remotas, los lanzamientos de novedades estaban dirigidos por completo a su adquisición por parte de los videoclubes, que debían desembolsar el precio estipulado por las distribuidoras para tener las novedades en sus locales y poder seguir compitiendo. En ese escenario, pocos meses después los principales títulos pasaban a la «venta directa», con un precio sensiblemente menor. Con la virtual desaparición del mercado del alquiler -cuya última gran víctima en nuestro país fue la cadena Blockbuster-, las distribuidoras perdieron la fuente principal de beneficios del negocio, lo que las ha llevado a lanzar al segmento de la «venta directa» películas a precios demasiado elevados, como forma de compensar la pérdida. Esto hace que, durante varios meses, los principales lanzamientos de novedades tengan un precio de entre 70 y 80 pesos, lo que deprime aún más el negocio y genera un círculo vicioso. Para un público masivo, cuyo interés pase sólo por ver la película, ese costo no tienen ningún sentido, porque pueden tener una copia ilegal por una fracción del mismo; para los coleccionistas, el precio es muy similar al de la misma película en el exterior, incluso si se trata de ediciones especiales. Y la comparación tiene más desventajas para la industria local si hablamos de los mismos films en formato Blu-ray. Es claro que estas decisiones responden también a factores ajenos a los editores locales, que tienen que ver con las expectativas de beneficios de los generadores de los contenidos, la dimensión del mercado potencial, etc., pero la realidad de los números es incontrastable y la actual política de precios favorece únicamente al circuito ilegal, un hecho que los estudios que licencian sus productos deberían tener en cuenta cuando negocian sus contratos. Esta es una realidad que no se modificará sustancialmente a futuro, y habrá que obrar en consecuencia o languidecer hasta desaparecer.
Horacio Moreno
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