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Despidieron ayer los restos de Gallardo
Carlos Gallardo y Mauricio Wainrot, en un ensayo años atrás en el Teatro San Martín.
La muerte de Gallardo, también fotógrafo, escenógrafo y diseñador gráfico y de vestuarios que dedicó todos sus esfuerzos a despertar y aguzar la sensibilidad de su público, significa una dura pérdida para el arte argentino.
En 1984, luego de ganar la Bienal de Diseño por la creación de sus reconocidos afiches para el Teatro San Martín, Gallardo comenzó una larga e intensa colaboración artística con Wainrot, elaborando escenografías y vestuarios para la mayor parte de sus obras: «Carmina Burana», «Un Tranvía Llamado Deseo», «Anna Frank» y «La Consagración de la Primavera», entre otras.
Como artista plástico expuso en las ferias Art Chicago, ARCO, New York Art Fair, Arte BA, Basel Miami Art Fair, Basel Art Fair de Suiza, Foire d'Art de Bruselas y FIAC de París. Asimismo, realizó exposiciones individuales en galerías de París, Amsterdam, Bruselas, Miami, Wiesbaden, Francfort, Montreal, Toronto, Ottawa, Santiago de Chile y Buenos Aires y en 1997 representó a la Argentina en la Bienal de la Memoria de La Habana. En mayo de 2007 fue galardonado con el Benois de la Danse por su vestuario para la coreografía «La Tempestad» Wainrot, en el Teatro Bolshoi de Moscú.
Sus obras, principios éticos y estéticos en estrecha alianza, brindaron especial fuerza a su arte. Un arte destinado a mantener viva la memoria, como el de las cartas con sutiles grafismos que presentó a fines de la década del '80, o la violenta e imponente instalación de jeringas que exhibió al despuntar este nuevo siglo casi como una advertencia, o su bellísima e inolvidable escenografía de «La consagración de la primavera». «La diferencia entre el cielo y la tierra es infinita, pero la distancia es mínima», dijo una vez John Berger, uno de sus escritores favoritos, que también había llamado la atención sobre la condición precaria de la vida.
A.M.Q.

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