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Diálogos en Wall Street
El periodista dialoga con el experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street» que explica por qué aunque el crecimiento en EE.UU. está explicado casi exclusivamente por los planes de incentivo del Gobierno que son temporarios, los mercados ya descuentan que la economía está en marcha. «Queda claro que la recuperación que está instalada y pronto cumplirá un semestre, es un hecho real y no un mero espejismo de las estadísticas», dijo.
Gordon Gekko: Así es. Después de todo, el trimestre actual será más firme. Y, para remachar el mensaje, la cifra de ventas de viviendas de segunda mano -un salto del 7,4% en noviembre y su nivel más elevado en casi tres años- le dio un envión adicional a la confianza.
P.: Dos terceras partes del crecimiento del trimestre junio-setiembre termina explicado por el plan canje automotriz.
G.G.: Correcto.
P.: Y es imposible entender el aumento en la venta de casas sin hacer referencia al incentivo del crédito impositivo para quienes acceden a su primera vivienda.
G.G.: Tal cual. El 51% de las transacciones involucra a estos flamantes propietarios. Recuerde que, originalmente, la medida expiraba a fin de noviembre (aunque ahora su vigencia se extendió hasta abril).
P.: Hay una recuperación en curso, no lo discuto, pero depende crucialmente de programas de estímulo que son temporarios. No van a permanecer por siempre. ¿No es prematuro cantar victoria?
G.G.: Sí. Pero hay sobrados motivos para festejar. Haga memoria. Compare con la coyuntura de un año atrás y entenderá las razones para respirar aliviado. No sólo se contuvo una marea desbordante y se evitó un destino de catástrofe. Queda claro que la recuperación que está instalada y pronto cumplirá un semestre, es un hecho real y no un mero espejismo de las estadísticas.
P.: No lo niego. Pero se asienta sobre pilares muy precarios.
G.G.: ¿Es frágil, inestable? Sí. ¿Es una recuperación con muletas? Seguro. ¿No debe apurarse a descartar las muletas? También está en lo cierto. Los Gobiernos lo tienen claro. Han repetido hasta el hartazgo que mantendrán las políticas de estímulo. Hasta que suelden las fracturas. El enemigo público número uno es la posibilidad de sufrir una recaída.
P.: Pero el plan canje de vehículos ya agotó sus fondos. El crédito fiscal para la primera compra de vivienda fue renovado pero expirará antes de mediados de 2010. Y así sucesivamente.
G.G.: No se equivoque. Expiran los programas individuales pero se reemplazan por otros. El estímulo permanece. Usted cambia las muletas que utiliza pero no renuncia al apoyo de la ortopedia. Por diseño del plan, la dosis mayor de incentivos oficiales se volcará recién el año próximo.
P.: No es lo que se lee. Si uno analiza las proyecciones del déficit fiscal no observa ninguna previsión de aumento.
G.G.: Si Dios lo permite se va a gastar muchísimo menos en rescatar a los bancos. Lo que fue necesario para evitar una debacle pero que, aun así, significa poco a la hora de propulsar la demanda agregada. Si se remite al plan de estímulo que promovió la administración Obama (la ley ARRA), recién se desembolsó el 26% de los gastos contemplados. Y se ejecutaron menos de la mitad de los recortes impositivos. La artillería gruesa del estímulo se concentrará en el primer semestre de 2010. Y no se olvide que el presidente hará pasar por el Congreso un paquete de medidas destinadas a resolver los problemas del empleo, que es uno de los aspectos críticos.
P.: Obama ha dicho que no se tratará de un segundo plan de estímulo. Supongo que ello significa que lo financiará cancelando o reduciendo otros programas. O aplicando impuestos.
G.G.: Tiene razón. Pero no está mal rebalancear el esfuerzo y atacar el frente que la propia experiencia demostró más vulnerable. La crisis terminó siendo más suave que lo que se temía. El crecimiento retornó antes de tiempo. Y los destrozos fueron menores que lo que parecía razonable esperar a comienzos de año. Sin embargo, la tasa de desempleo se ubica en el 10%. El plan de estímulo calculaba que, gracias a su contribución, promediaría entre un 7,8% y un 8,5% a lo largo de 2009. Sin su concurso, estimaba un nivel del 9%. Este es un punto flojo de la estrategia. No me parece mal que se cambie el foco para intentar corregirlo. Después de todo, los mercados terminan de comprar la idea de que la recuperación va en serio recién cuando perciben que disminuye la hemorragia de pérdida de empleos.
P.: Con el informe laboral de noviembre.
G.G.: Tal cual. Fíjese como gira el dólar en una baldosa. Cómo progresivamente cambia el posicionamiento de las carteras. Y cómo se filtra la idea -aunque sea errada- de que las condiciones monetarias comenzarán a revertirse.
P.: No se ve una decisión inminente. Pero ya no se menta la deflación sino que otra vez se menciona el riesgo de inflación. La presión sobre las tasas largas no deja dudas: retomó una tendencia alcista.
G.G.: Todavía la tasa de diez años no atravesó el umbral del 4% que rozó en junio cuando la recuperación era una mera promesa y no una realidad palpable.
P.: Veremos si se detiene allí o si cruza el Rubicón. Como sea, tarde o temprano, volverá a repiquetear el interrogante de siempre: ¿cuándo actuará la Fed?
G.G.: Y la primera respuesta a mano será que la Fed moverá sus piezas en la reunión de junio. Ya está esbozada.
P.: ¿Lo cree así?
G.G.: Sinceramente, no. Pero vamos a recolectar números más firmes y es lógico que arrastren las expectativas en esa dirección. Como dijo usted, la recuperación se asienta sobre bases frágiles. Recomponer inventarios inflará los números de la producción pero no deja de ser un fenómeno por única vez. Personalmente creo que la cicatrización va a llevar mucho más tiempo. Las autoridades no querrán zamarrear la herida. En última instancia, la Fed deberá conducir las expectativas a través de la letra chica de los comunicados. Si no es la propia economía la que más adelante decepciona con su comportamiento, será la Fed la que obligará a rolar, a postergar, la fecha de una intervención.
P.: Entiendo que la Bolsa empuje y los bonos caigan, pero, ¿cómo conciliar la fe en una recuperación que se afianza (y el incipiente temor a la inflación) con una caída paralela de los precios de las materias primas?
G.G.: Hay dos vectores de expectativas en juego. Sus ejes son la salud de la economía y la vigencia del estímulo y las condiciones de liquidez. Son dos fuerzas encontradas. Las perspectivas de la economía mejoran pero, por eso mismo, se destiñen las de la liquidez. Si los precios caen será porque la promesa de una sobreabundancia de liquidez los hizo trepar demasiado alto.


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