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Diálogos en Wall Street
Periodista: Usted pensaba que después del rally de septiembre, los mercados se llamarían a sosiego. Esperaba que se tomaran un descanso.
Gordon Gekko: Y también algún resbalón. ¿Por qué no?
P.: Sin embargo, octubre arrancó a todo vapor. No importa lo mucho que ya se escaló. Cunde la desesperación por no perderse lo mucho que restaría subir.
G.G.: Es así. Estuvimos cuatro meses sin ir a ningún lado, desprovistos de convicciones firmes, y ahora, de repente, se hizo la luz.
P.: Es el milagro de la expansión monetaria.
G.G.: A esta altura, ya no es tanto la expansión en sí, como el milagro.
P.: ¿Se justifica?
G.G.: La fe no precisa razones. Pero, aunque sea la fe de los conversos, habrá que regarla.
P.: Ya en septiembre, después de la reunión de la Fed, se sabía que se alistaba otra fase de aliento monetario.
G.G.: Las palabras de Bill Dudley, el presidente de la Fed de Nueva York, no dejaron mucho espacio para la duda.
P.: ¿Cómo se entiende? ¿Tanto importa que el Banco de Japón haya sumado su artillería? No es verdad que fuera una sorpresa.
G.G.: Fue el primer banco central que retomó la senda del estímulo renovado. El 30 de agosto. Cuando todavía la Fed deshojaba la margarita.
P.: Sin embargo, su decisión produjo una explosión de algarabía. Y encaramó las cotizaciones a un nuevo terraplén. No hablo de un papel o dos, sino de todos los activos de riesgo, sin excepción. A granel.
G.G.: La mejor medida es el derrumbe fulminante del dólar. Como cortesía de su rol hegemónico en el plano monetario, su caída equivale a un fortísimo aumento de la liquidez internacional.
P.: Es imposible no asociar el derrape actual con otro desmoronamiento que vimos este año. El que protagonizó el euro cuando la crisis de la deuda europea se salió de cauce. Es la misma vorágine, los mismos protagonistas centrales. Aquello fue la ida, ahora toca el viaje de vuelta. ¿No es un exceso de frenesí?
G.G.: Usted habló del milagro de la expansión monetaria. Lo más prodigioso de esta recuperación es que nadie está convencido de que la crisis europea se haya enderezado.
P.: Tal cual. El euro trepa como si la solución de sus problemas estuviese a la vuelta de la esquina, una vez que el carrusel de los bancos centrales concrete un giro completo.
G.G.: El único inconveniente es que la suba del euro aprieta en demasía.
P.: La suba puede servir para tapar los problemas y ganar tiempo. Lo que no le vendrá mal ni a Irlanda ni a los países mediterráneos.
G.G.: En rigor, la revaluación de la moneda común, a la par que oculta los problemas, los agrava innecesariamente. No es neutral.
P.: Pero mire que China se ofreció a comprar bonos de Grecia.
G.G.: Es el abrazo del oso. Japón puede dar testimonio. Pero no se compre el buzón. Observe la firmeza del euro y los rendimientos de cada bono soberano, y se dará cuenta de que China no mastica vidrio.
P.: Incentivar la entrada de capitales a Europa es un dolor de cabeza. Pero también lo era cuando se marchaban a toda prisa.
G.G.: Ni un extremo ni otro. Ni un baño con agua hirviendo ni la ducha fría. Usted no quiere congelarse, pero tampoco morir escaldado.
P.: Disculpe que insista. ¿Se justifica una suba de los activos de riesgo tan potente? Por más que se descuente que otros bancos centrales se sumarán al ruedo del relajamiento crediticio. En caso afirmativo, ¿cómo saber cuándo el entusiasmo se pasó de revoluciones?
G.G.: Si quiere que le conteste, déjeme hacerle otra pregunta: ¿qué magnitud tendrá la compra de bonos del Tesoro de los EE.UU.?
P.: Se habla de un billón de dólares.
G.G.: Se habla, pero no se sabe. No a ciencia cierta. Fíjese que Bill Dudley estimó que una compra de bonos por 500 mil millones de dólares provee tanto estímulo como una reducción de la tasa de Fed Funds de entre medio punto y tres cuartos de punto. Y hay gente que se aferra a esa cita y piensa, sin ningún otro asidero, que el tamaño del programa será de medio billón de dólares.
P.: Importará también la velocidad con la que proceda la Fed (y bancos centrales que se acoplen).
G.G.: A decir verdad, la magnitud del anuncio pesa más. El grueso de la baja de tasas se produce cuando se explicita la decisión.
P.: En el caso de una iniciativa descontada con muchísima antelación, su impacto, ¿no debería estar incorporado ya en los precios?
G.G.: Si así fuese, nadie debería sorprenderse. Si el programa resulta más pequeño que lo que hoy se da por sentado, es lo que cabría esperar.
P.: ¿Usted qué piensa?
G.G.: Ya conoce mi opinión sobre octubre. A mi juicio, el «upside», el potencial de una sorpresa positiva, está en retomar la utilización de la política fiscal, ya no tanto en exprimir más el balance de la Fed. Combinar ambas herramientas -como se hizo en su momento, hasta que Europa le ató las manos a la política fiscal- sería el verdadero golpe de efecto. El que no está en agenda.
P.: Después de la elección del 2 de noviembre.
G.G.: Correcto. Sin estridencias, Obama está mudando el gabinete. Son piezas claves las que se alejan. Y no se sabe si el recambio terminó.
P.: ¿Tim Geithner es el nuevo hombre fuerte? Se retiraron todos los que podían hacerle sombra.
G.G.: Hoy por hoy, es así. Pero también suena el desembarco de Michael Bloomberg en su posición. Como sea, es obvio que Obama algo se trae bajo el brazo. Sí o sí, necesitará rectificar el rumbo de la economía. La próxima elección no se puede perder.
P.: Mañana (por hoy) se difundirá el informe de empleo. Como siempre, es la baza principal en el desfile de los indicadores económicos. El reporte de ADP marcó una reducción del empleo privado. Pero nadie se asusta. ¿Porque no se cree que haya ocurrido? ¿O porque cuánto peor, mejor; más estímulo se le arrancará a la Fed?
G.G.: Las dos razones influyen. Pero es bueno poner los pies en la tierra cuando todo el mundo vuela con la imaginación. El mejor negocio, ahora que la Fed decidió empujar otra vez, es que la economía no se rompa, que no se atasque y que reaccione favorablemente. De ser posible, más temprano que tarde. Estábamos mucho mejor en abril, aun con las tasas largas en el 4% y la Fed en cuarteles de invierno, que lo que estamos ahora.

