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Diálogos en Wall Street
¿Qué quiso hacer Papandréu? ¿Cómo reaccionará Europa? ¿Habrá que prepararse para un default unilateral de Grecia? ¿De dónde sale el optimismo de los mercados que brota como los hongos después del aguacero? Gordon Gekko, el alias de un veterano seguidor de los mercados financieros, ventila las respuestas de estos y otros interrogantes.
Gordon Gekko: Está claro que (el primer ministro griego) Papandréu no quedó conforme con la cumbre de Bruselas. Y que piensa que por las suyas podrá lograr un mejor arreglo.
P.: ¿Usted cree que Europa aflojará? Merkel no da el biotipo. Parece una mujer de hierro.
G.G.: Fue Papandréu quien inició la partida. Nadie lo obligó. Europa tampoco debería recular. Y eso Papandreu no lo debe ignorar.
P.: ¿No piensa que cometió un enorme error de cálculo?
G.G.: Deberíamos conocer cuál es su objetivo, ¿no le parece?
P.: ¿No está poniendo a Grecia al borde de la bancarrota?
G.G.: Es que Grecia ya está al borde de la quiebra.
P.: ¿No le está dando el empujón que falta?
G.G.: Eso lo sabe Papandréu mejor que nosotros. Esta es una partida de póker. Usted tiene que pensar que él conoce las cartas que tiene en mano y las que pueden manejar los demás.
P.: Con todo... ¿no es una irresponsabilidad de su parte?
G.G.: Muy probablemente. Aunque tiene que entender que por el curso que han tomado los acontecimientos el interés de Grecia se ha separado peligrosamente del interés de Europa.
P.: Cuando las autoridades europeas dicen que el plan que urdió Bruselas es el mejor sendero posible que tiene Grecia por delante, no necesariamente es verdad.
G.G.: No lo es. Este es el mejor plan desde el punto de vista de Europa. Y en la medida que Grecia cae cuesta abajo y pierde las esperanzas de recuperarse eso cada vez significa menos. Si no para la población, sí para los políticos. El interés de Papandréu también puede diferir del interés de su país. En principio es más fácil comprender la jugada como una maniobra de salvación personal. Su propio gabinete se desayunó con la noticia.
P.: Los mercados sintieron el golpe. Pero si uno repara en lo que puede significar, no lo acusaron todavía en toda su magnitud.
G.G.: Un default unilateral de Grecia no está metido en los precios. Tiene razón.
P.: Es más, hoy (por ayer), los mercados tuvieron la suficiente fortaleza de ánimo como para ensayar un rebote. ¿Basado en qué? No se sabe. No hay muchas pistas. La noción del referendo sigue en pie.
G.G.: Es así. Y Papandréu continúa al comando del Gobierno.
P.: ¿Será porque corre la versión de que la pregunta del referendo será redactada como para que no haya rechazo? Algo así cómo interrogar si se desea abandonar el euro. Lo que, según afirman las encuestas, carece de apoyo. Se dice también que el tiempo de los preparativos podrá acortarse. La consulta se haría en diciembre y no en enero.
G.G.: Todos detalles menores. Aquí lo importante es el desafío que planteó Papandréu. Unilateral. Haciendo trizas un acuerdo, bueno o malo, no importa, que él había aprobado. Esto es lo que se rompió. Me imagino que Alemania tendrá que montar un esquema alternativo que ya no dependa de Grecia. Más allá de lo que se pueda negociar con Papandréu o lo que arroje el referendo.
P.: Que resulte a prueba de un default de Grecia.
G.G.: Tal cual.
P.: Europa no pudo hacer lo más fácil... ¿logrará lo más difícil? A duras penas armó un ensayo de quita del 50% de la deuda griega con los bancos que estaba rodeado de grandes incógnitas sobre su posibilidad de ejecución.
G.G.: Los mercados le están concediendo el tiempo. Aprietan pero no ahorcan. Y en estas condiciones podrían ahorcar tranquilamente.
P.: Sorprende que haya un resquicio desde donde brote el optimismo. ¿De dónde sacan fuerzas las Bolsas?
G.G.: Estaba todo armado para proseguir con la fiesta. Y se ve que no hay ánimo todavía de tirar el cotillón.
P.: Da pena que no se puedan aprovechar mejor las buenas noticias de EE.UU. La creación de empleo privado -según el informe ADP- alcanzó los 110 mil puestos netos, superando con creces las expectativas. Y también la reunión de la Fed dio una mano.
G.G.: Seguro. La Fed aportó una visión constructiva acerca de la marcha de la actividad económica. Eso era impensable un mes o un mes y medio atrás.
P.: Y surgió un nuevo disidente -Charles Evans- que, a diferencia de los tres halcones anteriores, pide una política monetaria más relajada para curar el alto desempleo.
G.G.: Correcto. Lo que no significa que se vayan a tomar medidas en ese sentido en el corto plazo.
P.: Pero alienta un cambio en las expectativas.
G.G.: Sin dudas. Aunque el cambio que sí puede marcar una diferencia habrá que buscarlo en Fráncfort.
P.: Será el debut de Mario Draghi a la cabeza del BCE. ¿Cree que se animará a dar marcha atrás con la política que impulsó Trichet en su mismísima reunión de estreno?
G.G.: Pienso que no. La idea original era que el giro de timón ocurriese en diciembre. Aunque lo más sensato sería no perder más el tiempo. Queda claro que después del efecto Papandreu apurarse es mucho más recomendable aún. Después de todo un default griego sería rotundamente deflacionario.


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