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Diálogos en Wall Street
Se espera que mañana, Ben Bernanke y las minutas de la última reunión de la Fed provean pistas sobre el futuro del QE3. Aunque no se palpa el temor de otras ocasiones, hablamos con Gordon Gekko, para entender qué podrían traerse entre manos.
Gordon Gekko: A dos semanas de su advertencia, nadie diría que Bernanke estropeó el rally. Los lunes suelen ser flojos, y los martes, fuertes como una roca. Van 18 martes consecutivos de suba en Wall Street. La debilidad de hoy, ciertamente, no parece culpa de la Fed...
P.: Si la efervescencia no cesa, sería natural que Bernanke retome el tema cuando se explaye en el Congreso. Y que le aumente los decibeles.
G.G.: No lo discuto.
P.: Hemos escuchado a muchos oradores de la Fed los últimos días. Señal de que hay necesidad de hacernos llegar un mensaje "aggiornado".
G.G.: Seguro.
P.: El QE3 -el programa de compras masivas de bonos de largo plazo- está en la palestra.
G.G.: Desde el momento que fue concebido. Tenía grandes detractores en el momento mismo en que se lo alumbró. No se olvide.
P.: John Williams, de la Fed de San Francisco, no era uno de ellos.
G.G.: No.
P.: Y la semana pasada dijo que la Fed podía comenzar a recortar el QE3 tan pronto como en el próximo verano boreal. O sea, a partir de junio.
G.G.: Pienso que quiso decir que una reducción de su potencia sería posible no en la próxima reunión -18 y 19 de junio- sino en la siguiente, a fines de julio.
P.: También señaló que todo el programa podría quedar desactivado antes que termine el año.
G.G.: Eso dijo. Podría. No lo aseguró ni mucho menos.
P.: Ese mismo mensaje, en boca de Bernanke, sería munición difícil de soportar.
G.G.: De acuerdo. Si Bernanke de veras está ofuscado, podría repetirlo al pie de la letra. No traicionaría sus dichos anteriores. El QE3 es condicional. Bajo ciertas condiciones, Bernanke lo removerá. El punto es que esas condiciones todavía no están presentes. Por eso las palabras de Williams no tuvieron más que un impacto muy fugaz.
P.: El discurso puede endurecerse, el accionar de la Fed, ¿piensa que no?
G.G.: Es lo que conversamos cuando Bernanke hizo saber su incomodidad por la efervescencia. Las minutas de la Fed ya eran muy ásperas cuando comenzó el año, ¿se acuerda?
P.: Un par de veces provocaron sendos revolcones.
G.G.: Así fue. La discusión interna es feroz. Pero a la hora de actuar, lo más sensato ha sido dejar que el QE3 siga rodando como está.
P.: Cuando los mercados tenían un estómago vulnerable, no existía el problema de atizar los excesos. Se corregía solo. ¿No hay que frenar el viento de cola ahora?
G.G.: No se equivoque, los mercados son los que brillan, la economía, no. En EE.UU., las políticas de estímulo ya comenzaron a recortarse. No el QE3, pero sí la política fiscal. Y en una magnitud no desdeñable.
P.: Me quiere decir que la Fed tiene las manos atadas por el "sequester" del gasto y el aumento de impuestos.
G.G.: La Fed puede hacer lo que estime conveniente. Lo que no puede, ni debe, es pasar por alto el contexto. El rojo del presupuesto, que era del 7% del PBI en el ejercicio que cerró en septiembre de 2012, caerá al 4%. No es moco de pavo. La inflación se repliega. De hecho, los precios -al consumidor, mayoristas y de importación- disminuyeron en abril. La creación de empleo fue saludable, pero la cantidad de horas trabajadas cayó en mayor proporción. La masa salarial se redujo. Es verdad, los mercados están en ebullición. ¿Qué hacer? No se les puede disparar con un cañón. Lo ideal sería usar un láser de precisión. Pero láser no tenemos.
P.: Queda amenazar de palabra.
G.G.: La comunicación es la mejor arma disponible. Todavía es tiempo de prevención. Wall Street bate récords día por medio, pero son máximos nominales; todavía no lo son en términos reales. Cuando se sabe que la economía ya hace tiempo que superó su tope precrisis. Y no es la Bolsa tampoco lo que más quita el sueño. La carga creciente de los préstamos estudiantiles parece ocupar el sitial de privilegio.


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