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Diálogos de Wall Street
¿Los bancos centrales hicieron causa común? ¿O es un temor infundado del mercado de bonos? Con Gordon Gekko desmenuzamos el tema del momento en los mercados internacionales.

P.: Coincide con el mensaje de Janet Yellen después de su última reunión (y antes de su internación, breve, en Londres).
G.G.: De ahí, la espina clavada. ¿Qué es esto? ¿Un ejercicio supranacional de "forward guidance"? ¿Un ensayo colectivo de comunicación?
P.: No tenemos noticia de la existencia de tamaña coordinación. Quizás haya sido obra del azar. O del hecho de que estuvieran juntos en Sintra, en la conferencia que organiza todos los años el BCE.
G.G.: El tiempo lo dirá. Tal vez la caída sostenida de las tasas largas les apretaba los zapatos. ¿Por qué no pensarlo?
P.: ¿Quién se beneficia? Draghi es romano, ¿no? Deberíamos preguntarnos como sus ancestros, ¿cui bono?
G.G.: El mensaje del mercado de bonos iba a trasmano, y, por lo visto, y oído, colisiona con la visión imperante en la banca central del G-7 (si se quiere, excepción hecha de Japón). Tal vez haya sido una manera de preservar la credibilidad antes que la situación pasase a mayores. O de evitar que gane terreno una percepción demasiado sombría.
P.: Si es así, no nos lo dirán expresamente.
G.G.: Tiempo al tiempo. Ya habrá ocasión de hacerse una idea. La película continúa. Hoy (por ayer) tuvimos dos reuniones de bancos centrales que estaban en la lista larga de confabulados. Australia y Suecia.
P.: El run run de una posible suba de tasas era fuerte en Australia.
G.G.: John Edwards, exmiembro del banco central australiano, escribió sobre un presunto programa de ocho subas de un cuarto de punto a lo largo de los próximos dos años. Su impresión era de que ya estaban trabajando en su diseño, y por ende había mucho interés por conocer el resultado de la reunión.
P.: No produjo novedades. Se mantuvieron las tasas en el 1,50%. ¿Hubo cambios en la dureza del lenguaje empleado?
G.G.: Yo diría que el saldo final es neutro. Se reconoce que la economía se desaceleró en el primer trimestre, pero se lo considera un bache temporario y se piensa en una mejoría que procederá lentamente.
P.: Calza con el discurso renovado de todos sus colegas, como un guante.
G.G.: Lo más llamativo es que se pondera la contribución de las bajas tasas de interés y, en especial, el rol de la depreciación del dólar australiano desde 2013; sobre todo, para ayudar a la recuperación por fuera de la actividad minera. ¿Ocho subas de tasas? Uno diría, después de ver lo que pasó a Draghi con el valor del euro, que Australia lo pensará mucho antes dar el primer paso.
P.: ¿Y el banco central de Suecia?
G.G.: El Riksbank mantuvo la tasa negativa en menos 0,50%. Ve menos riesgos de un traspié económico, e inflación en alza y, por ende, es "menos probable que haya otro recorte de la tasa de repos". No espera ninguna suba de tasas antes de mediados de 2018. Para ello la recuperación deberá ser robusta. Y prestará primordial atención a "que la corona no se aprecie muy rápidamente".
P.: Nadie quiere apreciar su moneda. Salvo Draghi. ¿O le salió el tiro por la culata?
G.G.: Ahí ve dónde aprieta el zapato. Si hablar, que es gratis, encarece la moneda, tampoco se hablará demasiado. O hay que mandar a un funcionario con la aclaración pertinente ¿Acción? Mucho menos. Eso queda para Gran Bretaña, el único que tiene una inflación por arriba de su meta.


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