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“Dijeron de mí”: cálido homenaje a Tita Merello
En «Dijeron de mí», Virginia Innocenti brinda una elogiable caracterización de Tita Merello, aunque su depurada técnica y
su prolijidad al cantar la alejan del estilo arrabalero de la homenajeada.
La homenajeada es Tita Merello, mujer controvertida, áspera en el trato, talentosa en el teatro y el cine, muy popular en la música, que murió en soledad en una cama de la Fundación Favaloro que había hecho su casa. El pianista Diego Vila conoce su oficio y es capaz de acompañar profesionalmente cuanto solista se le ponga delante y pasear con dignidad por cualquier género. La actriz, cantante -y guionista en el caso- Virginia Innocenti pensó el tributo, se puso en la piel de Merello, adoptó y adaptó sus palabras al texto dramático, reformuló las canciones de su repertorio y sacó a relucir todas sus capacidades técnicas.
El director Luciano Suardi buscó la puesta y los tonos escénicos e intentó sacar el mayor provecho de cada una de las herramientas. Y el productor-empresario teatral Lino Patalano reacondicionó la parte alta de un (su) teatro emblemático del centro porteño y decidió reabrirlo con un personaje que pasó hace muchos años por ese mismo ámbito.
Por esos cinco nombres está sostenido este «Dijeron de mí», que acaba de estrenarse en el Maipo Kabaret para ofrecer funciones de jueves a domingos y que muestra luces y sombras por igual.
Entre lo muy valioso se cuenta el sencillo vestuario, de Pablo Battaglia y Mónica Mendoza. La caracterización que hizo Innocenti; el respeto y la falta de prejuicio -sobrevolando todas sus aristas, aún las no agradables- con que abordael personaje; su trabajo como actriz; la amplia y variada elección del repertorio de tangos, milongas, valses y rancheras; su prolijidad como cantante; su sensualidad que recuerda a la de Tita. La seriedad del respaldo instrumental de Vila; La austeridad escenográfica.
Pero si «Dijeron de mí» no termina de cerrar con la mejor nota es porque el texto que va hilvanando épocas y canciones no alcanza un vuelo alto; Innocenti es técnicamente más dotada que Tita y demasiado cuidada como cantante, y no logra reproducir la «mugre» arrabalera de la Merello; Vila es más un pianista de concierto que uno de cabaret, y la continuidad teatral tiene subidas y bajadas que muchas veces «sacan» al espectador.

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