Rousseff y la dirección del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) acordaron una ofensiva proselitista junto a Lula que comenzará este mes, con el propósito de recomponer la imagen presidencial a 5 meses de los comicios en que buscará la reelección. Tres encuestas publicadas en abril indican que Rousseff perdió entre 6 y 7 puntos de intención de voto, y su respaldo ronda un 37%, mientras su principal adversario, el precandidato presidencial Aecio Neves, socialdemócrata, subió al 20%, con lo que aumentó la posibilidad de un balotaje.
Fuentes consultadas ayer por el diario Folha de Sao Paulo adelantaron que Rousseff participará en un acto junto al expresidente este mes en Belo Horizonte, reducto de Neves, primer paso de un plan para mejorar la aprobación de la mandataria, que comenzó a caer desde las protestas ocurridas durante la Copa de las Confederaciones de junio de 2013.
Para algunos petistas Lula puede ser un "pulmotor" a favor de la deteriorada popularidad de Rousseff en los actos que se realizarán a lo largo del mes de junio, coincidiendo con la celebración de la Copa del Mundo, entre el 12 de junio y el 13 de julio.
La dirección petista espera que la Copa del Mundo se realice sin contratiempos ni grandes manifestaciones, para vigorizar la imagen de Rousseff, y con ello enterrar la demanda de sectores del partido que impulsan la candidatura de Lula en los comicios de octubre.
Uno de los motivos de la estrepitosa caída de la popularidad de Rousseff fue el destape de escándalos de corrupción en Petrobras que rodean su nombre. En ese sentido, el expresidente de la compañía, José Sergio Gabrielli, afirmó que la mandataria desconocía la polémica compra de una refinería en Estados Unidos, investigada por las autoridades.
"No considero a la presidenta responsable", dijo Gabrielli en una audiencia en la comisión del Senado brasileño que investiga el caso. "La responsabilidad es de la dirección y del consejo (de administración), es por eso que las decisiones son colegiadas", afirmó.
Refinería
El Congreso brasileño cuestiona la compra de la refinería en Pasadena, Texas, sur de Estados Unidos. Petrobras adquirió en 2006 el 50% de ese activo por 370 millones de dólares, y terminó pagando 1.250 millones al verse obligada a comprar el restante 50% años después, tras un largo proceso judicial. El caso generó grandes titulares, ya que quien presidía el consejo de administración que decidió la compra en 2006 era Rousseff, entonces ministra jefe de Gobierno.
Ella ha insistido en que esa compra fue autorizada por el organismo colegiado porque no fueron informadas las cláusulas que podían obligar a Petrobras a comprar el 100%.
Aunque ayer la corrió del problema, Gabrielli había dicho en una entrevista en abril al diario O Estado que ni él ni Rousseff podrían "huir" de su responsabilidad. Gabrielli defendió ante el Senado la compra de la refinería: "Pasadena estaba barata" y su compra en la época "valía la pena", expresó.
Además, aseguró que fue un buen negocio, pero dejó de serlo en 2008 ante cambios en el mercado petrolero y el conflicto judicial con su socia en la propiedad de Pasadena, la belga Astra Oil. Y agregó que desde 2013 vuelve a ser un buen negocio, con ganancias y facturación de u$s 5.000 millones por año.
| Agencias ANSA y Brasil 247, y Ámbito Financiero |


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