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Dino Saluzzi regresó en su mejor forma
Acompañado por su hijo José María y su sobrino Martín, que aunque son buenos músicos, no siempre están a su nivel, Dino Saluzzi volvió a la música que mejor hace, con el tango y el folklore como ejes.
Dino Saluzzi hace rato que no necesita pasar ninguna prueba. Formado por igual en el folklore y el tango, salteño de nacimiento, se hizo músico del mundo. Recorrió todos los escenarios del jazz, aun del más hermético. Compartió conciertos y grabaciones con enormes figuras de diferentes géneros, inclusive del clásico. Fue protagonista en el teatro Colón y en innumerables salas muy prestigiosas de todas partes.
Con toda esa valiosa historia, vuelve a estar en una sala porteña para hacer la música que mejor hace, que lo representa más profundamente, que sabe transmitir con más talento. Otra vez son el tango y el folklore los que sirven de eje para armar un recital que va cambiando todos los jueves, con un trío como base -su hijo José María en guitarra y su sobrino Matías en bajo-, y con invitados que se van sumando semana a semana.
Saluzzi tiene un modo particular de acercarse a un listado de piezas que en general son muy conocidas, como «Milonga de mis amores», «Soledad», «Recuerdo» o «La tristecita», y a las que se suman algunas de su creación: «Son Qo Nati», «Pablo», «Flor de tuna», «Gabriel Kondor». Su estilo no lleva a la mera melodía acompañada tal como suelen aparecer este tipo de canciones en los festivales. Por el contrario, trata esos materiales básicos como en el jazz, improvisando, recreando, variando sobre melodía y ritmos, trabajando sobre la armonía. En ese viaje, que Dino maneja a la perfección y que hasta le permite el lujo de bordear la cornisa hacia el caos, no siempre está acompañado a su nivel por los integrantes de su trío, ambos eficientes pero con menos vuelo.
En la función que vimos, se sumaron su hermano Félix «Cuchara» Saluzzi en saxo tenor y clarinete y el gran guitarrista riojano -éste, sí, excelente compañero de aventuras musicales- Nicolás «Colacho» Brizuela. Y así entregaron, por ejemplo, estupendas versiones de «Soledad» de Gardel en dúo de bandoneón y saxo, o una muy valiosa de «Recuerdo» de Pugliese por todo el grupo.
Casi sobre el final, se sumó Julio Pane como un tercer invitado para compartir un tango y un vals en dúo de bandoneones con el anfitrión. Y Saluzzi se despachó, para placer de sus fans, con una interpretación cantada -magistralmente- de la zamba «La llorona» de Atahualpa Yupanqui.


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