11 de mayo 2012 - 00:00

Divertido “Delirio” de la talentosa Radano

En «Delirio Gaucho», la excelente cantante y actriz Alejandra Radano mezcla, entre otras cosas, una gran recreación del humor de Verdaguer con una evocación de Ginamaría Hidalgo y melodramáticos temas de los 20 y 30.
En «Delirio Gaucho», la excelente cantante y actriz Alejandra Radano mezcla, entre otras cosas, una gran recreación del humor de Verdaguer con una evocación de Ginamaría Hidalgo y melodramáticos temas de los 20 y 30.
«Delirio gaucho». De Alejandra Radano y Fabián Luca. Dir., esc. y vestuario: F. Luca. Int.: A. Radano (voz, actuación), Los Primos Gabino (guitarra) y R. Salina (baile). Mús. incid.: D. Vila. (C.C. de la Cooperación, los sábados).

Actriz, cantante, humorista, en buena medida clown y artista plástica. Todo eso se resume en Alejandra Radano, cuyo mejor talento es la heterodoxia. Le sobran herramientas dramáticas y técnico-vocales como para encarar cualquier proyecto. Y su larga historia sobre escenarios de Argentina y de Francia dan cuenta de un currículum envidiable, que incluye «Drácula», «Cats», «La bella y la bestia», «Chicago», la «Opera de tres centavos», montones de unipersonales y producciones independientes -con sus habituales compañeros Diego Vila y Fabián Luca- o el «René lenervé» que hizo el año pasado en el teatro Rond Point de París con la dirección de Jean Michel Ribes.

Lo que está presentando en el Centro de la Cooperación -antes de volver a Europa para trabajar nuevamente con Alfredo Arias- es este delirio escénico-musical que está en la línea de lo que Radano ha hecho cada vez que fue dueña de sus proyectos. Aquí, como en un arcón de recuerdos van surgiendo canciones que tienen que ver con lo gauchesco, de México o de Argentina, de extrañas óperas o del sainete, del tango o del folklore. De ese arcón, simbolizado por una serie de cajas que se contienen unas a otras y sirven como referencia escenográfica, Radano (ataviada de manera muy extraña, en una suerte de pop hiperrealista, tal como es su estilo) va sacando piezas del pasado que hoy producen risa, por lo absurdas, ridículas, extemporáneas. Esos rasgos son además exacerbados por esta artista que mezcla su voz y sus guitarristas en vivo con partes grabadas y preproducidas, que interactúa con un bailarín folklórico que luce tan absurdo como el personaje de ella; que canta con todo el profesionalismo y que juega con su voz porque tiene elementos de sobra como para eso.

El humor de Juan Verdaguer -nadie lo ha recreado, jamás, como ella-, una evocación de Ginamaría Hidalgo con aquellos inefables «Pájaros de Hiroshima», la risa que estalla con temas que en su origen (años 20 y 30 en su mayoría) apuntaban al melodrama, se van sucediendo en una caravana delirante como el nombre del espectáculo.

Las guitarras de Los Primos Gabino son un excelente respaldo, dando con la «tierra» buscada pero también con la sutileza cuando ésta se hace necesaria. Y como un guiño a quienes quieren saber de qué es capaz Alejandra Radano con su voz, promediando su «Delirio gaucho», se despacha con una versión maravillosa -aunque nada convencional, por cierto- de «La Oncena», aquella chacarera musicalmente atrevida que escribió Eduardo Lagos hace ya unas cuantas décadas.

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