6 de enero 2009 - 00:00

Duilio Marzio: el general ya tiene quien lo visite

Duilio Marzio encarnará al general Henrik, protagonista de la famosa novela de Sandor Marai «El último encuentro», adaptada para la escena por Christopher Hampton.
Duilio Marzio encarnará al general Henrik, protagonista de la famosa novela de Sandor Marai «El último encuentro», adaptada para la escena por Christopher Hampton.
Hay preguntas que no se responden nunca, y otras cuya solución (si la hay) puede demandar 41 años. Ese es el tiempo que transcurrió desde la última vez que se cruzaron, a fines del siglo XIX, un intachable general austrohúngaro, llamado Henrik, y su mejor amigo, eximio pianista y frustrado camarada de armas, de nombre Kónrad.
La imprevista cena que los vuelve a reunir a lo largo de una noche extenuante, plena de revelaciones (o intentos de que se produzcan) es el motivo central de «El último encuentro», una de las novelas más famosas del hoy reconocido mundialmente Sandor Marai, el desdichado escritor nacido en Budapest en 1900, cuyas obras prohibió la dictadura comunista, y que se suicidó en los EE.UU. sólo unos meses antes de que cayera el Muro de Berlín y Occidente pudiera descubrirlo.
Los lectores de «El último encuentro» recordarán que su estructura es casi la de un largo monólogo: el general, ante su invitado, reconstruye la historia de ambos, aunque las intervenciones de Kónrad son medulares: en sus silencios o monosílabos, o en las escasas frases que pronuncia, podrían residir los enigmas que llevaron a que Henrik cerrara la ventana al mundo (ese desquiciado mundo en guerra del que no quedaban huellas de los valores con los que se formó). Entre esos secretos hay una mujer ya muerta, Krisztina, esposa del general, y una cacería que marcó la vida de ambos.
Sentado en un amplio sofá del living en el señorial departamento de Barrio Norte donde vive, Duilio Marzio no sólo dialoga con este diario sobre la obra, que este jueves estrenará en el Teatro La Comedia (Rodríguez Peña 1062), junto con Hilda Bernard y Fernando Heredia, con dirección de Gabriela Izcovich, sino que ocasionalmente se transforma en Henrik: «Las preguntas importantes», dice, como lo dirá el general en escena pasado mañana, «sólo se responden con la vida y con la sangre».
Periodista: Henrik parece estar viviendo dentro de usted.
Duilio Marzio: Es que es una bendición poder interpretarlo. La novela es una maravilla, y fue un momento extraordinario cuando me ofrecieron ser parte de esta obra.
P.: ¿Qué adaptación siguen?
D.M.: La de Christopher Hampton («Las relaciones peligrosas») que se representó en Londres, con Jeremy Irons en el papel de Henrik. La traducción al español es la misma que se hizo en Chile, sustituyendo por supuesto algunas expresiones locales por otras nuestras, y modificando el trato de tú por el de vos.
P.: ¿Es una adaptación fiel a la novela o se introducen, considerando su carácter muy verbal, elementos más teatrales?
D.M.: La diferencia más sustancial entre ambas formas es que el episodio central de la cacería, que en la novela sólo relata el general, en la obra se dramatiza. Con Fernando Heredia recreamos en escena ese momento en más de una oportunidad; es decir, la cena en el presente y el antiguo episodio de la cacería va y viene en diferentes momentos. Es una forma de hacer más vivo ese recuerdo traumático que ambos arrastran, y que reviven en el momento de su reencuentro.
P.: ¿Las partes de Kónrad han sido ampliadas?
D.M.: Tal vez un poco, pero no demasiado. Sin embargo su papel, aunque tenga menos texto que el mío, carga con un peso dramático importantísimo: sus reacciones, sus silencios y sus pocas réplicas ante las cosas que oye de quien fue su amigo, y que por supuesto lo sigue siendo, son cruciales.
P.: ¿Cómo juzga usted a ese general?
D.M.: Es un personaje profundo y complejo, al que mantiene vivo el mismo deseo, que ya tenía en su juventud, de encontrarle el sentido a la vida. Henrik es el representante de un mundo que se extinguió definitivamente después de entrar en decadencia, un hombre con un sentido del honor que hoy no existe, y tal vez fue por eso que cerró la cortina y se refugió en su pequeño castillo húngaro, donde no llegaban los ruidos del mundo. Qué pena que Luchino Visconti no haya conocido esta obra de Marai, porque estoy seguro de que habría querido filmarla. Sí, Henrik es un prusiano, pertenece a ese linaje de varios de los personajes que filmó Visconti: a Ludwig II de Baviera por ejemplo, constructor de esos castillos demenciales como el de Neuschweinstein, y que descienden en línea directa de la dinastía Hohenzollern. En la casa del general, por ejemplo, existía una habitación de huéspedes para el Emperador Francisco José I. Eso aparece en la novela y en la obra. Es decir, esos mismos personajes que, con la llegada de Hitler al poder en Europa, supieron que ya no tenían lugar en el mundo, y se encerraron o desaparecieron.
P.: Por eso fue imposible la amistad completa con Kónrad.
D.M.: Kónrad, aunque se lo impuso, nunca pudo ser un soldado, y aunque Henrik lo consideró siempre su mejor amigo, inclusive después de lo que ocurrió en aquella cacería, en el fondo también sabía que tampoco él podría terminar de entenderlo. Konrad es un ambicioso: no quería algo de lo que le ofrecía Henrik, lo que quería todo; y el general tampoco podía llegar a ser como Kónrad. No entendía la música, por ejemplo. Entre las muchas cosas que definen ese vínculo está Chopin, una Polonesa de Chopin, que si bien unió a la madre del general con Kónrad, a él lo dejó de lado.
Entrevista de
Marcelo Zapata

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