- ámbito
- Edición Impresa
El adiós a Ricardo Passano
Ricardo Passano y Lolita Torres en una imagen clásica de «Ritmo, sal y pimienta».
Sintéticamente, podría decirse que fue el único actor que besó a Lolita Torres en una película. También fue galán de Aída Luz, Virginia Luque, María Duval, Nélida Daren, Inés Moreno, Susana Freyre, Silvana Roth, Beatriz Taibo y, ya grande, hizo un papel de recio con Isabel Sarli. Hace poco, la locutora María Esther Vignola lo definió como «una mezcla de Pablo Echarri con Mariano Martínez» de los 40 y 50. Pero él solo vivió para su esposa, la vestuarista Marta Pisano, con quien se casó en 1950. Cuando ella murió hace cinco años, la vida de Passano comenzó a apagarse. Ya en 2001 había muerto su hijo Ricardo Luis, poeta.
Passano nació en 1922 en una familia de artistas de Caballito. Su abuelo era actor y dramaturgo, su padre un prestigioso actor de teatro y radioteatro, cofundador del Teatro Independiente La Máscara junto a Leónidas Barletta, y sus hermanos menores Margot y Mario también terminarían luciéndose en la escena. El empezó a los 12 años en Radio El Mundo, como suplente, pasando luego a Belgrano, Splendid y Porteña. Su reino era el micrófono, pero la pinta reclamó su presencia en el cine, y la sangre lo empujó al teatro. Entre otros trabajos, en 1950 fue un excelente hijo en la puesta de «La muerte de un viajante» que dirigió Narciso Ibáñez Menta.
En cine se lo puede ver apenas adolescente en «El mejor papá del mundo» y otras historias, pero su real presentación y consagración fue como protagonista de «Juvenilia», 1943, donde, precisamente, encarnaba a Miguel Cané. Después vinieron «Se abre el abismo», «Las tres ratas», con Mecha Ortiz, Amelia Bence y María Duval, «Cumbres de hidalguía», «El último payador», junto a Hugo del Carril, y otros títulos, hasta llegar a las dos comedias con Lolita Torres: «Ritmo, sal y pimienta», y «La niña de fuego». Como es sabido, el padre de la actriz no permitía que ningún artista la besara, y mucho menos frente a las cámaras. Pero en pleno rodaje de «Ritmo, sal y pimienta», 1951, el productor Atilio Mentasti lo distrajo hábilmente por un rato, y ahí sucedió lo que todo el público esperaba (y también Lolita). Se dice que la gente ovacionaba la escena en las salas, y a «Passanito» lo felicitaban por la calle.


Dejá tu comentario