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El Ballet de Julio Bocca, de estreno en el Borges
Ricky Pashkus, director del Ballet Argentino de la Fundación Julio Bocca, y Alejandro Ibarra, uno de los coreógrafos convocados para la
tercera edición de «Nombre y Apellido».
Dialogamos con Pashkus y Alejandro Ibarra, uno de los coreógrafos convocados para «Nombre y Apellido III».
Periodista: ¿Cómo surgió esta idea?
Ricky Pashkus: Una vez hicimos una muestra en el Centro Borges, nuestra casa «madre», donde había una muestra de fotos comentadas por Susan Sontag, que me impresionó porque eran de fotos de personas desesperadas frente a la guerra o el hambre. Ella decía que por más violento y doloroso que fuera lo que se estaba mostrando, el sistema mercantilista terminaba consumiendo la foto de ese chico desesperado y poniéndolo al servicio de un gran comercio, con una cara que no tenía ninguna identidad. Me pareció muy inteligente lo que ella decía. Y me generó el sentimiento de que me parecía una buena idea hacer obras cuyo nombre y apellido fuera el de la obra, y la obligatoriedad para los coreógrafos convocados era que tuvieran que ponerle a la obra un nombre y un apellido, además del propio: la identificación sobre la identificación.
P.: ¿Qué lenguajes confluyen?
R.P.: Al principio se fue dando una cuestión más tendiente a la danza contemporánea, después más para el jazz, el teatro musical, y hoy es toda esa mescolanza (que para mí es una virtud), sumado a las puntas, que en este caso las agarra Alejandro Ibarra, que no es un bailarín clásico. El objetivo de la Fundación Julio Bocca con «Nombre y apellido» es reunir lenguajes y generar asociaciones imprevistas.
P.: ¿Cómo describiría cada una de las coreografías?
R.P.: Hay una obra de Facundo Mercado, muy interesante porque trabaja una musicalidad muy austera, reminiscente de lo pampeano. Se llama «Tren Estrella del Norte», son imágenes de estaciones de tren, de viento desolador, que cuando vayamos a Washington en marzo lo vamos a complementar con cantantes de nuestra escuela. También está «Egon Schiele» de Analía González, sobre cuadros de este pintor, y «Manos», de Exequiel Barreras, es otro caso particular: él estaba trabajando como coreógrafo en una compañía en Zürich, lo conocí en un proyecto de la Fundación, y hace una obra maravillosa, yo estoy muy orgulloso de él. «Dang Thuy Tram» de Soledad Galoto es una obra verídica, patética, una historia vietnamita de una mujer entre dos hombres, que va a hacer tareas humanitarias y en la mitad de la guerra conoce a estos hombres y va dejándose llevar al comportamiento guerrero de ellos. «Selva Friedrich» de Pablo Fermani me interesó porque trae el lenguaje de las máscaras, de la pintura, de símbolos, y tiene un altísimo trabajo de maquillaje. «Juan Carlos Copes» de Ana María Stekelman. ¿hace falta explicarlo? [risas]. «Fête de Lumière» es de Gustavo Wons, coreógrafo residente en «Chicago», trabajó muchos años conmigo, genial creador de jazz. Como la mayoría de las obras de este género, es abstracta. «Linda Carter» y «Macho Pistola» de Alejandro Ibarra.
Alejandro Ibarra: Lo bueno de este proyecto es el desafío y el espacio que nos da a cada uno, sobre todo para lenguajes que no tienen mucha cabida en las compañías que hay en la Argentina. Lo de usar puntas en una obra no clásica fue un desafío de Julio Bocca y me entusiasmó. Le pedí a Ricky unas y fui probando qué cosas me iban saliendo.
P.: ¿Cómo es la vinculación actual de Bocca con la Escuela?
R.P.: Al estar dirigiendo el Ballet del SODRE él no puede dirigir ninguna otra compañía, entonces esto lo dirijo yo solo. Él tiene confianza ciega en mí. Él es mentor, inspirador, alma mater, el que nos permite convocar fondos, va a poner la cara cuando haya que ponerla, abre puertas enormes. Él ama este lugar, a tal punto que tenemos un terreno en Punta del Este, en la zona de Maldonado, para hacer la sede de la Fundación. Es de lo primero de lo que se ocupó cuando llegó allá.
Entrevista de Margarita Pollini


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