14 de agosto 2014 - 00:00

El breve camino de un renovador

Brasilia - El socialista Eduardo Campos bebió desde la cuna en la política que se empeñaba en renovar cuando ayer se le atravesó la muerte.

De 49 años, estaba tercero en las encuestas de intención de voto para las presidenciales del 5 de octubre, era hijo de la diputada Ana Arraes y nieto de Miguel Arraes, un histórico líder socialista que, desde la década de 1960, impulsó las cooperativas agrícolas y los sindicatos en el estado nororiental de Pernambuco, uno de los más empobrecidos del país.

En ese Pernambuco miserable fue que Campos nació y se forjó para la política, con su familia primero y después en las filas del Partido Socialista Brasileño (PSB), por el que fue diputado regional y federal, y que finalmente gobernó entre 2007 y abril pasado, cuando renunció para postularse a la presidencia.

Entre 2004 y 2005 fue ministro de Ciencia y Tecnología, cargo en el cual confesaba que había comprendido la necesidad de apostar a la innovación para promover el bienestar entre los brasileños.

Durante sus dos mandatos mantuvo una popularidad elevadísima, cercana al 90%, y encabezó una modernización de esa región con el apoyo del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), a quien tuvo siempre como aliado, hasta que optó por volar con sus propias alas.

Esa ambición, que calificó de "obligación política" para "acabar con viejos y anquilosados esquemas", lo llevó en septiembre del año pasado a romper la alianza que el PSB mantenía con el PT. Le comunicó entonces a la presidenta Dilma Rousseff su decisión de "dejar la coalición de Gobierno para discutir libremente el futuro de Brasil".

Para darle una mayor envergadura, se alió a la líder ecologista Marina Silva, una exdirigente del PT que en las elecciones de 2010 había quedado en tercer lugar en las presidenciales y que, como él, se decía desencantada con el Gobierno de Rousseff.

Con Silva como candidata a la vicepresidencia en su fórmula, el líder socialista comenzó a ganar espacio y las encuestas lo comenzaron a presentar como el fiel de la balanza para las próximas elecciones.

Rubio, de ojos azules y voz calma, Campos era considerado un "seductor", y tanto por su juventud como por sus propuestas era uno de los candidatos a renovar la política brasileña. De hecho, ése fue el principal mensaje que transmitió a los electores en su breve campaña, que se frustró con el accidente de avión ocurrido ayer en Santos, ciudad del litoral del estado de San Pablo.

En una reciente participación en un foro con industriales, el líder socialista afirmó que las protestas del año pasado mostraron que"la sociedad ya no quiere ser gobernada de arriba hacia abajo" y arremetió contra la"vieja política".

Agencias AFP y EFE

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