15 de julio 2014 - 00:00

El “califato” en Irak y Siria hunde en el infierno a Mosul

La llegada de los milicianos del Estado Islámico a Mosul, la segunda ciudad de Irak, alteró por completo la vida social. Las mujeres sufren una grave discriminación y los miembros de las minorías no sunitas pierden sus viviendas y su fuente de ingresos.
La llegada de los milicianos del Estado Islámico a Mosul, la segunda ciudad de Irak, alteró por completo la vida social. Las mujeres sufren una grave discriminación y los miembros de las minorías no sunitas pierden sus viviendas y su fuente de ingresos.
Bagdad - La vida en Mosul, la segunda ciudad de Irak, hasta hace un mes habitada por más de dos millones de personas y ahora bajo el control del Estado Islámico (EI, ex Estado Islámico en Irak y el Levante), se convirtió en un calvario entre la ausencia de servicios básicos, la aplicación rigurosa de la ley islámica y la discriminación de la comunidad no sunita.

A esta realidad se le sumó un ataque llevado a cabo el sábado por hombres armados no identificados contra un burdel de los suburbios de la capital, en que fueron ejecutadas sumariamente 31 personas, de las cuales 29 eran mujeres que supuestamente ejercían la prostitución.

El 10 de junio, miles de milicianos del entonces EIIL se apoderaron fácilmente de Mosul que, de hecho, fue abandonada por las fuerzas militares del Gobierno del primer ministro proiraní Nuri al Maliki.

Las "tropas de Al Maliki", hostigadas por las milicias sunitas locales y grupos irreductibles del partido Baas, eran desde hacía tiempo virtualmente "invisibles" para la población de Mosul, una fortaleza sunita habitada también de antiguas comunidades cristianas, kurdas y turcomanas.

En la propia Mosul, en la antigua Gran Mezquita, el 5 de julio pasado, Abu Bakr al Bagdadi, líder del Estado Islámico se autoproclamó "califa Ibrahim" y apareció en público por primera vez.

El arribo de los milicianos del EIIL, formación vinculada (en el pasado) a Al Qaeda, provocó el éxodo de medio millón de personas, en su mayoría kurdos, turcomanos y cristianos.

Los milicianos habían conseguido neutralizar a la población para conquistar la ciudad sin resistencia porque habían prometido restablecer los servicios públicos, rebajar el precio de los alimentos básicos y que no cometerían acciones contra las comunidades locales no sunitas.

Pero el entusiasmo se desvaneció pronto. Varias fuentes de Mosul entrevistadas telefónicamente desde Bagdad, aseguraron que la mayoría de los barrios carecen de agua corriente y electricidad, las estaciones de servicio se están quedando sin combustible y las garrafas de gas, la carne y otros alimentos básicos no se consiguen o cuestan precios astronómicos.

En correspondencia con el anuncio del nacimiento del "califato" y el cambio de nombre de Mosul por el de "Estado Islámico", desde fines de junio la organización prohibió "la venta y el consumo de alcohol y tabaco", impuso a las mujeres cubrirse la totalidad de "su propio cuerpo" y limitó la presencia femenina en los lugares públicos.

"Los hombres, por el contrario, pueden seguir fumando en público y en los restoranes", explicó un residente de Mosul, que prefirió mantenerse en el anonimato.

El Estado Islámico también puso en marcha una verdadera campaña iconoclasta, derribando estatuas y tumbas de figuras religiosas, eliminó imágenes de las paredes de la ciudad -que el islam considera ofensivas-, destruyó las mezquitas chiitas y sus lugares de reunión, y ocupó y saqueó al menos dos iglesias.

Las medidas restrictivas contra la comunidad no sunita se volvieron cada vez más explícitas: "Los empleados de la ciudad debieron volver al trabajo con normalidad, pero sólo si eran sunitas. A los otros se les dio licencia temporal", explicó un residente desde Mosul. Desde el Kurdistán iraquí, Yusef Abdenur, un cristiano de Mosul, dijo que volvió a la ciudad para recoger "las últimas cosas de mi casa".

"Nadie me hizo problemas para volver. Pero sabía que después de esta última visita no estaría de vuelta nunca más", agregó, desde el exilio.

Los residentes de Mosul aseguran que desde el 1 de junio la presencia de milicianos extranjeros del Estado Islámico se nota de forma evidente e, incluso, organizaron brigadas de policía para limpiar las calles y ordenar el tránsito.

"Ahora hay muchos menos robos, porque los ladrones son susceptibles de que se les corte una mano", afirmó otro residente. "En general, no han atacado a civiles y no han violado ninguna mujer", agregó.

Pero, por el contrario, hubo decenas de casos de asaltos a las casas de los funcionarios del Gobierno que fueron secuestrados y llevados a lugares desconocidos.

Los funcionarios fueron secuestrados "tal vez porque eran considerados traidores o tal vez porque quieren conocer sus secretos para resistir la ofensiva del Gobierno", explicaron residentes desde Mosul.

Agencia ANSA

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