5 de marzo 2012 - 00:00

El cine habla sobre lo que no se habla

Una escena de «No tengas miedo», el film que Armendáriz presentó en Pinamar y que se ocupa de los efectos del abuso sexual en los menores.
Una escena de «No tengas miedo», el film que Armendáriz presentó en Pinamar y que se ocupa de los efectos del abuso sexual en los menores.
Muchos lo definen como uno de los directores más serios y sobrios del cine español, y lamentan que filme tan poco (apenas ocho títulos en 28 años). Elogian especialmente «Secretos del corazón», que lo llevó a las puertas del Oscar. Y ahora todos le agradecen «No tengas miedo», un relato de gran delicadeza sobre las consecuencias del abuso sexual en los menores. Con esa obra estuvo este fin de semana en Pantalla Pinamar. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo se interesó usted en este tema?

Montxo Armendáriz: Lo desconocía absolutamente, hasta que unos amigos psicólogos y psiquiatras me hablaron de las secuelas que deja el abuso sexual, que a fin de cuentas no es sino un abuso de poder. Entonces estuve investigando casi dos años, charlando con víctimas que tuvieron la generosidad de contarme sus historias, sus supervivencias, porque lo que más me interesa, siempre, es la peripecia humana, el modo en que cada uno lucha contra algunas situaciones en que se ve manejado.

P.: Y que muchas veces la propia víctima calla.

M.A.: En España el silencio es parte fundamental para el mantenimiento de ciertos males. No hay víctima ni testigo, nadie quiere hablar, miran para otro lado. Pero cuando una película dice algo, empiezan a surgir las voces. Muchísima gente que no conozco me llama ahora para agradecerme, se siente ayudada, incluso se animó públicamente a dar la cara. Todo eso es para mí el mejor premio que hemos tenido.

P.: ¿También lo llamaron algunos abusadores?

M.A.: Sí. Entre ellos, dos padres que años atrás habían abusado de sus hijos, y concretamente me llamaron para pedirme orientación. Ya había entrevistado a cuatro durante la investigación previa. De mi parte, ya que estoy aquí, aprovecho para agradecer a la guionista argentina María Laura Gargarella («Motivos para no enamorarse»), que me ayudó a exponer ese drama eludiendo todo morbo.

P.: Otro tema callado durante años fue el de la resistencia antifranquista durante los 40 y 50, que usted trató en «Silencio roto», con Juan Diego Botto.

M.A.:
Conocí a Botto cuando estaba buscando actores de 19 años para «27 horas», y entonces nuestro cine carecía de actores de esa edad. La Resistencia era un tema muy tapado, que ningún sector político quería sacar a la luz. Había un pacto de no remover la historia, así que existían poquísimos libros y estudios, y en cine apenas «Los días del pasado», de Mario Camus, y «Luna de agosto». Pero escarbando se encontraba. Yo charlé con varios viejos que habían sido partisanos, y además de «Silencio roto» también produjimos un documental de Javier Corcuera, «La guerrilla de la memoria». Ahora ya todos hablan.

P.: Cuando dice «produjimos» se refiere a Oria Films, la empresa que armó con su esposa Puy Oria.

M.A.: Veníamos coincidiendo ya en muchas películas, desde «Las cartas de Alou», donde hicimos una investigación exhaustiva sobre las condiciones de vida de los inmigrantes ilegales en aquel entonces. Así que en el 2000 montamos la productora propia.

P.: Para valorar más ese paso, cuénteme de Olleta.

M.A.: ¿El pueblecito donde nací, en el medio de Navarra? No tenía ni agua, ni luz, ni carretera, de modo que tampoco veíamos ni un auto. Cuando instalaron las bombillas fue todo un acontecimiento. Entonces mi padre era herrero. Cuando nos mudamos a Pamplona se tuvo que colocar de obrero. Ahí vivíamos frente al manicomio, que era un edificio de tejas coloradas. Yo llegué a ser técnico electrónico, hasta que un día me decidí y les dije a mis padres que quería dedicarme al cine. Ellos se miraron, hubo un silencio terrible, y luego mi padre dijo «vamos a tener que pasarlo a la casa de tejao colorao». Olleta y Pamplona moldearon mi infancia, y de algún modo también mi cine. Quizá «Secretos del corazón» sea la película que más los representa, porque es una mezcla de ambos, y de los relatos de amigos, conocidos y vecinas que yo escuchaba cuando niño.

P.: Con esa obra fue al Oscar por mejor film extranjero.

M.A.: Ahí tuve el apoyo enorme de Antonio Banderas, que se puso la película al hombro y hasta insistió en llevarnos a su casa. Él fue, de jovencito, uno de los actores secundarios de «27 horas», y desde entonces cultivamos una amistad.

P.: La última pregunta tiene que ver con la primera película: ¿qué queda del mundo de «Tasio»?

M.A.:
Ya quedaba poco hace 28 años, cuando la hicimos. Primero hice un documental, «Carboneros de Navarra», sobre los hombres que todavía elaboraban carbón vegetal en esa zona. Uno de ellos era don Anastasio, en cuya vida me inspiré para realizar «Tasio». Hablo de gente que ya entonces era gente de edad. En Calabria se sigue haciendo (se ve en «Le quattro volte»), pero ahora en Navarra solo existe una asociación etnográfica que quiere mantener el recuerdo de los viejos hornos artesanales fabricando uno cada verano, para que los niños se enteren. Pero no tienen mucha razón de ser. Lo que antes era un proceso familiar de mes y medio, hoy se hace de modo industrial en un solo día. No es ecológico, ni siquiera más económico, pero es más cómodo.

Entrevista de Paraná Sendrós

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