Una imagen de «Here And There», del joven director Darko Lungulov. También él cree que con la crisis, la gente elige ver más películas.
Nueva York - Woody Allen quizás sea el director que más atención mediática se lleve en el Festival de Cine de Tribeca que se celebra estos días en Nueva York. Pero más allá de las estrellas que sirven de gancho publicitario para este certamen creado por Robert de Niro, el festival cuenta con un amplio elenco de películas de corte independiente realizadas, en muchos casos, por directores nuevos que buscan hacerse un hueco en el mercado estadounidense y que lo hacen sin miedo a la crisis.
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Al revés, ven la crisis como una oportunidad. Es el caso, por ejemplo, de uno de los productores del film estadounidense «Handsome Harry», Dean Tendrich. «Esta es mi primera incursión en el mundo del cine», explica Tendrich, que proviene del mundo de la televisión. «Para mí es una oportunidad porque ahora hay más posibilidades de conseguir distribución si estás dentro del juego, ya que se hacen menos películas». Dirigida por Bette Gordon, «Handsome Harry», que celebra su estreno mundial en Tribeca, cuenta en el reparto con los actores Jamey Sheridan y Steve Buscemi.
El film es un drama que narra la historia de un grupo de ex soldados navales que combatieron en Vietnam y que, ya en edad de jubilación, ven cómo tienen que afrontar los fantasmas del pasado sobre aquel conflicto. «Es una historia de redención», explica Tendrich quien añade que, pese a ser un drama, confía en que los espectadores, aún en tiempo de crisis, acudan a ver la película. «En malos tiempos la gente quiere ver más películas, y ésta habla de muchas cosas sobre la vida», apunta.
Del mismo parecer es Darko Lungulov, director y escritor de «Here and There», otro estreno internacional en el festival. «En tiempos de crisis la gente se relaja y va más al cine», dice. Originario de Belgrado, Lungulov se trasladó a vivir a Nueva York para huir de la guerra de los Balcanes. En EE.UU. vivió el papel del inmigrante forzado a trabajar en lo que fuera durante años -»llegué a hacer de vigilante por la noche del árbol de Navidad, muy duro», recuerda-. «Hacía esos trabajos para pagarme los estudios de cine; entonces sólo deseaba tener un trabajo en el que no tuviera que utilizar el físico nunca más sino sólo el cerebro».
Partiendo de su propia experiencia, Lungulov muestra en su película la historia de un neoyorquino deprimido y de edad media que se va a Belgrado a hacer dinero fácil. Mientras, un joven de Belgrado se traslada a Nueva York y desde allá intenta traer a su novia.
«Hay un poco de todo, drama y comedia como en la vida», explica Lungulov que debuta en la ficción.
Lungulov muestra su satisfacción por el hecho de haber sido elegido para exhibir su película en un festival que, en esta edición, y debido a la crisis, tuvo que reducir su programación. «Esto hizo que hubiera menos competencia», admite. Pero pese a su satisfacción, el realizador, con la entradas prácticamente agotadas para las cuatro sesiones de su film en el festival, añade su preocupación por la situación del cine en Estados Unidos: «Nadie quiere invertir en cine independiente en este país».
Inviertan o no, el realizador británico Julian Kemp, se muestra contento de la presentacíón en Tribeca de «My Last Five Girlfriends». «Es la primera vez que el film se proyecta ante una gran audiencia», dice Kemp. «La historia trata de un hombre que busca compromiso emocional con una mujer. Es bastante inusual» apunta Kemp sonriendo. «Rompe con el tópico», añade y recuerda que está inspirada en el best-seller «On Love» de Alain de Botton. Un gancho, defiende, «que ya hace al film interesante».
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