24 de abril 2009 - 00:00

El cine que se asfixió tras el Muro

Ralf Schenk: «Un director alemán que huyó de la RDA hizo en la Argentina uno de los primeros intentos de cine en color en 1952, ‘El gaucho y el diablo’».
Ralf Schenk: «Un director alemán que huyó de la RDA hizo en la Argentina uno de los primeros intentos de cine en color en 1952, ‘El gaucho y el diablo’».
A veces la vida de los directores es tan interesante como sus propias películas. Ralf Schenk, estudioso que hoy presenta en la Sala Lugones del Complejo Teatral de Buenos Aires el ciclo del Instituto Goethe sobre el desaparecido sello cinematográfico Defa, «La fábrica de imágenes de Alemania Oriental», dialogó con este diario sobre un alemán que filmó en la Argentina, otro que enfrentó a Bertolt Brecht, un comunista sincero, y uno que resultó afectado por la censura y por Robin Williams.

«La historia del cine tiene cosas locas», dice Schenk. «Por ejemplo, en los archivos muy bien conservados de la Defa descubrí 'Química y amor', sátira utópica que allá nunca se vio, pero acá se estrenó en 1951, y una de 1957, 'La más bella', prohibida porque mostraba Berlín Occidental demasiado atractiva. El autor, Ernst Rechenmacher, fue asistente de Carmine Gallone, vivió en la Praga ocupada, se hizo productor, emigró, dirigió en Italia, la Argentina y Brasil, recaló en la RDA, y como se la prohibieron se hizo distribuidor en la RFA.»

Periodista: ¿Rodó en la Argentina?

R.S.: Si, como Ernesto Remani, «El gaucho y el diablo», en 1952, primer intento argentino de cine en colores. Y en Brasil, la comedia «Destino em apuros» y «Sob o céu de Bahia», ambas en colores mejor logrados. Como era tirolés fui al Tirol, puse un aviso, y apareció una hija adoptiva con una valijita llena de fotos. Pero ninguna de «El gaucho y el diablo». ¿Qué habrá pasado?

P.: Hablando de misterios, ¿qué pasó con Wolfgang Staudte, la primera gran figura del cine de la RDA?

R.S.: Apenas terminó la guerra quiso filmar «Los asesinos están entre nosotros». Sin interés de los aliados, fue a los soviéticos. Así nace el primer film de la Defa (se exhibe hoy y el 30). Siguió filmando allí, hasta que discutió con Bertolt Brecht. Éste quería una versión muy estilizada y didáctica de «Madre Coraje», casi teatro filmado, y Staudte la quería en colores, con estrellas, para gran público. Simone Signoret haría de mujerzuela. Cuando la actriz principal lo supo, ya fue también una cuestión de cartel. Intervinieron el ministro de Cultura y el secretario general del Partido. Ahí Staudte pasó a filmar en la RFA con María Schell, y no lo vieron más.

P.: Se escapó.

R.S.: No, se quedó en su casa, porque siempre vivió en Berlín Occidental. Antes del Muro, la gente cruzaba todos los días rumbo al trabajo. Mucho personal de la Defa era occidental. Pero en 1961 se cerraron las fronteras. Ahí empezó una nueva generación, solo oriental, de técnicos y autores. Lo singular es que muchos, incluso funcionarios, creyeron la propaganda oficial, que el Muro se hacía para poder construir el socialismo sin interferencias. Y cuando los rusos reemplazaron a Nikita Kruschev por el estalinista Brezhnev, las cosas cambiaron. En 1965, el director de Planeamiento Económico de la RDA se suicidó en su despacho, porque no sabía cómo producir todo lo que la URSS exigía. Justo había una conferencia económica del Partido. Y como éste no sabía qué decir, de un día para otro la convirtió en conferencia cultural. Tema: los artistas tienen la culpa. Cayeron en desgracia, entre otros, Frank Beyer y su film «Huella de piedras», por «hostil al Partido y al Estado». Recién volvió a verse en 1989 (en el ciclo se verá mañana).

P.: ¿Nadie lo defendió?

R.S.: Hoy sabemos que Konrad Wolf abogó por él y otros colegas. Wolf, judeo-comunista criado en la URSS, fue teniente del Ejército Rojo durante la guerra, experiencia que cuenta con sentido crítico en «Yo tenía 19 años» (se verá el domingo), y quería sinceramente cambiar las cosas desde adentro. Sus obras, como «El cielo dividido», «Mamá, estoy vivo», y «El hombre desnudo en el campo de deportes» tocaron el límite de lo autorizado. Lo toleraban solo porque era hijo de un famoso escritor, hermano del vicedirector de la Stasi, y presidente de la Academia de Artes. Pero la lucha lo fue consumiendo por dentro, y murió de cáncer a los 57.

P.: Tendría al menos la admiración de los demás autores, porque era un autor de estilo notable.

R.S.: Al contrario, sus obras, en sintonía con las de Alain Resnais, y las de Frank Beyer, como «Desnudo entre lobos» y «Jakob el mentiroso», fueron desdeñadas por los autores jóvenes, que impulsaban un cine seco, «ajeno al artificio», que mostrara la vida cotidiana en sus detalles ínfimos Esa corriente se impuso, y ellos quedaron un poco al margen. Ahora, que terminó todo, podemos apreciar mejor sus esfuerzos.

P.: ¿Cree que la remake norteamericana de «Jakob el mentiroso», con Robin Williams, haya acelerado la muerte de Beyer?

R.S.: Lo que sé es que en público jamás dijo nada a favor ni en contra, pero entre amigos proclamaba que la suya era muchísimo mejor. Y tenía razón.

Entrevista de Paraná Sendrós

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