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El contrabajo, gran protagonista

Como dice el bandoneonista Rodolfo Mederos desde la portada, ninguna orquesta o conjunto de tango podría tocar sin un contrabajo. Y particularmente en este género, es el instrumento grande, «la chancha» como suelen llamarlo, «el grandote» según Rivas-, el que juega ese papel de sostén armónico y rítmico desde los sonidos graves. Por su propia naturaleza, es menos frecuente encontrarlo como solista y prácticamente una rareza escucharlo solo o en dúos. El muy buen contrabajista Sergio Rivas hizo aquí justicia con el contrabajo y con su propio talento y encaró un disco raro que, precisamente por eso, termina haciéndose muy interesante.
El repertorio se armó con clásicos tangueros, algunos de los cuales son de muy larga data y pertenecen a uno de los pioneros de este instrumento en el tango, como fue Leopoldo Thompson a principios del siglo pasado. A eso, se sumaronn algunas piezas escritas en diferentes momentos dedicadas al instrumento o a algún solista y obras variadas de Sciarretta, Ahumada, Libertella, Cabarcos, Valente, Mederos, Requena o Leopoldo Federico.
Hay aquí varios solos (siempre brillantes en su afinación y su fraseo) del propio Rivas. Y hay también unos cuantos dúos con invitados que engalanaron el trabajo: Oscar DElía (piano) en «Negligée», «Que nunca falte» y «Tangueando en el contrabajo»; Armando de la Vega (guitarra) en «Mano Brava», «Contrabajísimo», «Romance de orquesta» y «Poema en gris»; Fernando Taborda (bandoneón) en «Contrabajeando» y «De tal palo»; Horacio Romo (bandoneón) en «Bajo romántico»; y Natalia González Figueroa (piano) en «Caminando», y «Kicho» de Piazzolla, uno de los mejores momentos del disco.
Ricardo Salton


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