16 de febrero 2011 - 00:00

El escenario se complica

Más allá de la bonanza que caracteriza hoy a los mercados financieros, se están creando condiciones críticas para la marcha de la economía mundial en el corto plazo. La euforia seguía en las Bolsas en 2007 y los organismos internacionales ignoraban la magnitud de los problemas en vísperas del estallido de la crisis, y podríamos estar frente a un escenario similar, en lugar de la lenta, pero constante recuperación de la que habla la mayoría de los expertos para referirse a las economías de los países desarrollados.

Hay pocas dudas de que las revueltas y masivas protestas en Egipto, Argelia, Yemen, Túnez y otros países islámicos en las últimas semanas tiene un común denominador que es el vertiginoso aumento del precio de los alimentos, que ha golpeado duramente a poblaciones de bajos ingresos y elevado desempleo. No ha sido el endurecimiento de las condiciones políticas, sino el costo de la vida lo que cambio en la última etapa para poner en movimiento gigantescas fuerzas sociales; más allá del papel multiplicador de las redes sociales y de rol de los jóvenes cultos que -por otra parte- carecen de trabajo.

Parálisis

La caída de Mubarak, el ambicioso y espectacular objetivo de los millones de egipcios que se movilizaron fue alcanzado, pero Egipto, al igual que los otros países de la región, está siendo

duramente golpeado en lo económico por la parálisis que generan el estado de movilización y la incertidumbre política que frena la inversión, de forma que el problema económico y social, lejos de superarse, se ha agravando.

Nadie sabe de nuevos planes económicos ni políticas sociales para hacer frente al principal factor catalizado de la crisis política que fue el hambre. De forma que más allá del entusiasmo inicial que han provocado los cambios políticos que evitaron la exacerbación del conflicto, estén en pie las profundas causas económicas y sociales que las provocaron.

La continuidad de las protestas en muchos países, la ola de huelgas que sacude a Egipto y la fuga masiva de tunecinos que escapan hacia Grecia o a Italia dando lugar a una movilización militar de esas naciones europeas para contenerlas, porque a duras penas pueden sostener a sus actuales habitantes, son claros testimonios de que la crisis recién está en sus comienzos. La transición en Egipto y el futuro de los gobiernos de Yemen, Túnez, Argelia, Siria, Jordania y aun Irán abren gigantescos interrogantes. No se ven las políticas alternativas capaces de modificar el escenario.

La FAO ya ha anunciado que el índice de precios de los principales productos básicos alimenticios superó todos los récords en diciembre y siguió avanzando en enero con un encarecimiento del 30% en 2010 y todo indica que seguirán muy firmes en los próximos años. Si se advierte que los egipcios gastan el 50% de su ingreso en alimento y posiblemente buena parte de los países pobres de África y de todo el mundo gaste un porcentaje aún mayor, se observa que la gravedad de la emergencia alimentaria no es un tema menor.

Desde ya que la demanda china e hindú impulsada por el crecimiento de la economía y el mayor apetito por las carnes que insume crecientes cantidades de forrajes figura entre las causas. También es sabido que el cambio climático está provocando catástrofes en las cosechas de gran magnitud. También hay un desvío de los alimentos para producir energía. Pero la FAO tiene bien claro que las especulaciones de los fondos de inversión en las grandes plazas son un factor determinante del alza de los alimentos. Los analistas de ABN AMRO acotan el problema

-no más del 5% o del 10%

del incremento-, pero es di-fícil ocultarlo. La incertidumbre sobre la evolución de las divisas, las bajas ta-sas de interés, la desconfianza en los bancos -todas expresiones de la crisis financiera no resuelta de 2007/2008- dan lugar a que los capitales que inflaron e hicieron estallar ruidosamente la burbuja inmobiliaria busquen protección en las materias primas. La masiva emisión monetaria de moneda en los países centrales alimenta estas compras, que son una expresión elocuente de la inflación y la pérdida de valor de las divisas otrora fuertes.

Semana clave

Mientras tanto, esta semana Europa está viviendo una semana clave por la necesidad de los países periféricos de colocar 23.300 millones de euros en bonos. La solución está siendo una masiva intervención del Banco Central Europeo en los mer-

cados de estos países adquiriendo los excedentes para contener la caída de estos papeles, que lleva los ni-

veles de riesgo-país en naciones como Portugal a niveles a los cuales se considera necesario un masivo rescate. La recuperación vertiginosa de la prima de riesgo, por ejemplo, ayer en Portugal cuando aparece la demanda del Banco Central Europeo, refleja que continúa vigente la política de ganar tiempo.

El lunes y ayer se reunieron los ministros de Hacienda que decidieron ampliar sustancialmente el fondo para el rescate de países. Pero para resolver sobre Portugal, paso que pondría en evidencia el estado de insolvencia de una tercera economía de la región -después de Grecia e Irlanda-, se quiere esperar hasta la cumbre europea del 11 de marzo próximo.

Es difícil saber cómo se llegará a esa etapa. El próximo 25 de febrero hay elecciones anticipadas en Irlanda, donde el oficialismo, que es el que implementó el rescate con el penoso e incumplible programa de ajuste, caería inexorablemente derrotado. Y hay decisión política de que el nuevo Gobierno no seguiría haciéndose cargo de la de deuda de los bancos. Lo que podría provocar un default que si no es adecuadamente regulado podría tener efectos dramáticos. La agencia Moodys ha advertido sobre este escenario.

Días pasados, un banco danés suspendió pagos, y el Gobierno aplicará una quita del 41% a acreedores y depositantes con más de 100.000 euros. The Economist advierte que el sistema bancario español está expuesto a graves peligros y que si bien hasta ahora el Banco de España está manejando bien la situación, el escenario es preocupante, porque los problemas son profundos y distan de resolverse en el corto plazo.

Dejá tu comentario