21 de octubre 2011 - 00:00

El espectro de una guerra eterna

Roma - La muerte de Muamar el Gadafi puede marcar el fin de la guerra, pero no el de los problemas en la construcción de la nueva Libia.

Para el Consejo Nacional de Transición viene ahora la prueba de fuego de un diálogo, hasta ayer difícil y a veces controvertido, entre las distintas partes de la coalición que puso fin al régimen del «rais».

La captura -o la muerte, como se conoció ayer en Sirte- de Gadafi era un paso para intentar ganar el desafío de un diseño de un país en paz, estable, inserto en la comunidad internacional. Necesario, pero insuficiente.

El camino es todavía largo y los festejos de ayer en Sirte -incluido un polémico video de un Gadafi ensangrentado y golpeado, antes de la muerte- deberán dejar espacio hoy a un nuevo recorrido para construir «una nueva Libia unida», como recordó el premier del CNT, Mahmud Yibril.

Preocupación

El peligro es que la contradicción que recorre transversalmente el frente de los rebeldes explote ahora, en el momento en el cual podría aflojar la argamasa de la guerra a Gadafi.

Preocupa no poco a la comunidad internacional la histórica rivalidad entre Tripolitania y Cirenaica, así como podrá producir más de una fricción la diferencia ideológica entre los islamistas y los laicos en el interior del CNT. La guerra fue conducida por tribus distintas y por grupos de orígenes muy lejanos.

Por un lado, los hombres de Abdelhakim Belhayi, líder del grupo islámico y hoy comandante del consejo militar de Trípoli, y la brigada de los «mártires de Abu Salim», representantes de los grupos salafistas de Derna.

Por otro lado, los orgullosos berberes, en primera línea en la conquista de Trípoli, el grupo de Bengasi que dio comienzo a la revuelta y los combatientes de Misrata, la «ciudad mártir» de esta guerra, la «Sarajevo libia».

Fieles

Para no hablar de las tribus históricamente fieles a Gadafi, como los Qadafya, los Warfalla o los Tuareg que podrían, por un período, haber ayudado al coronel en su larga y misteriosa fuga dentro de Libia.

Fuga interrumpida ayer, en un ducto sucio de Sirte, por un muchacho de 20 años con una gorra de los New York Yankees en su cabeza.

Terminada la guerra -aunque hay que recordar que una parte del país al sur aún está en manos de los «lealistas», huérfanos desde ayer de su líder-, podría comenzar ahora un sutil desafío en la creación de un nuevo grupo de poder.

Frente al CNT hay dos opciones claras. Por un lado, el camino de un diálogo difícil y complejo, con la búsqueda de un equilibrio entre sensibilidades, puntos de vista y posiciones a veces muy dispares. Ello conduciría a una transición que se augura pacífica hacia la nueva Libia.

Por el otro, hay una lucha por el poder entre grupos de extracción muy distinta y ya no más unidos por la guerra de liberación del país, lo cual llevaría inevitablemente a un vacío de poder y una falta de seguridad.

La comunidad internacional debe estar muy atenta y cerca a la nueva dirigencia libia para apoyarla en este paso difícil. El camino a seguir no puede ser otro que el del diálogo y la búsqueda de equilibrios nuevos y estables.

La alternativa es la llegada de un escenario de tipo somalí en el margen sur del Mediterráneo.

Agencia ANSA

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