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“El exceso de erudición es indigerible para el lector”
María Dueñas explica que, al ambientar su novela entre el final de la Guerra Civil Española y los primeros años del franquismo «no buscaba ninguna reivindicación, sino mostrar cómo era aquel mundo».
Periodista: ¿Qué es para usted «El Tiempo entre costuras»?
María Dueñas: Vengo del mundo académico, y un día decidí bifurcar mi derrotero. Comencé a escribir y compuse esa obra que para mí es una aventura, y para los lectores una novela de más de 600 páginas, difícil de clasificar en un género.
P.: Tiene de novela romántica, histórica, política, colonial, de espionaje, de guerra, de conspiraciones, del mundo de la moda y la aristocracia, de superación personal.
M.D.: No es un tipo de novela que obedece a una categoría. Todas esas lecturas posibles han hecho que muchos lectores se interesen en ella. Al no estar encajonada en un género, lectores de distinto tipo de gustos, de intereses y perspectivas, se han metido dentro y han sacado siempre algo que les ha gustado.
P.: ¿Qué diría entonces que es su novela?
M.D.: Es la vida de Sira, una modista, arrancando en 1935 hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial. Es una modista que conocemos en el Madrid de la Preguerra, una joven inocente, cándida, con muchas carencias formativas y de todo tipo, y con unas coordenadas vitales muy limitadas, hasta que se cruza una pasión arrebatada, de esas que se cruzan una vez en la vida, y eso trunca su camino. De la mano de Ramiro, que cree que es el amor de su vida, y resulta no serlo, deja España, se va a Marruecos, se establece en Tánger, y a partir de ahí cambia su vida por completo. Sufre traición, abandono. Estalla la Guerra Civil y no puede volver a España, el Estrecho está cortado. Entonces tiene que reinventarse de alguna manera, y lo hace como modista, con una proyección nueva.
P.: Bueno, todo eso en su libro es más dramático. Sira tiene una madre modista, y un padre desconocido, que resulta ser un hombre de derecha que...
M.D.: Bueno [ríe] déjele algo a los lectores. Sira abre un taller de modista, y tiene más aspiraciones. Así comienzan a cruzársele una serie de personajes, algunos históricos, otros de ficción que cambian su vida para siempre. Cuando termina la Guerra Civil, y estalla la Guerra Mundial, Sira regresa a España y colabora con ingleses, dándole la información que conoce por sus clientas alemanas en su taller de modista, de modo que sepan la agenda social de la comunidad nazi en Madrid, que en aquellos años era potente.
P.:¿Elige contar desde Marruecos porque desde allí invaden las fuerzas de Franco y comienza la Guerra Civil o por su exotismo?
M.D.: Quería recuperar la presencia española en el norte de África por mis vinculaciones familiares. Mi madre nació en Tetuán, y allí vivió mi familia mucho tiempo. El Protectorado de Marruecos estaba totalmente olvidado en la memoria de los españoles y en la narrativa contemporánea. Quería recuperar ese legado porque lo que ha quedado en el recuerdo es sólo lo negativo: la Guerra de Marruecos, el arranque de la Guerra Civil cuando Franco comienza a mover las tropas desde Ceuta, la tragedia que se inicia. Y no es así del todo porque en Marruecos hubo también una gran vida civil, con gente muy interesante de distintas procedencias, identidades encubiertas, conspiraciones. Estaban los alemanes, británicos, americanos, españoles; y gente normal y corriente, mi abuelo era funcionario de Obras Públicas, no tenía ninguna vida extraña.
P.: ¿Recuperar ese mundo de espías y conspiraciones fue lo que la impulsó a ir más lejos y profundizar ese aspecto en Madrid?
M.D.: La presencia alemana en el Madrid de la Posguerra es muy desconocida por los españoles. La Posguerra fue dura, dramática y la gente tenía necesidad de comer y de salir adelante como fuera. Las cuestiones relacionadas con el tramado de la guerra poco importaban porque había otras necesidades más inmediatas. Me interesaba recuperar esos dos puntos históricos poco tratados. Además, la zona del norte de África ha sido contada por muchos anglosajones, como el estadounidense Paul Bowles, pero por pocos españoles.
P.: En Madrid su modista atiende a la clase social más alta y escucha a aristócratas, esposas de ministros y de dirigentes alemanes.
M.D.: Yo tenía referencias familiares de aquel mundo, pero necesitaba saber más. Comencé a investigar y encontré un conjunto de personajes históricos absolutamente fascinantes, que estaban prácticamente olvidados. Juan Luis Beigbeder, militar que había actuado en la Guerra de Marruecos, que fue el primer Ministro de Relaciones Exteriores de Franco, y que cometió la osadía de ponerse del lado de los ingleses, cuando el gobierno de Franco era completamente pro alemán. Su amante, Rosalinda Fox, una inglesa muy exótica, muy excéntrica, que aparece por allí como caída del cielo. Y Alan Hillgarth, jefe de la inteligencia británica en España. Entre todos ellos empujaran a Sira a un arriesgado compromiso en el que las telas, las puntadas y los patrones de su oficio se convertirán en la fachada visible de algo más turbio y peligroso.
P.: ¿Se encariñó con alguna de esas personas que extrajo de la Historia?
M.D.: El general Beigbeder, ministro al que después Franco le corta la cabeza, me inspira mucha compasión. En realidad Franco lo aparta, lo sustituye por su cuñado Ramón Serrano Suñer. Las simpatía de Beigbeder por los Aliados, en momentos en que las tropas de Hitler se hacían dueñas de Europa, fue la causa de que fuera reemplazado por Serrano Suñer, conocido germanófilo. Beigbeder es un personaje con muchas sombras en su vida pública y en su vida privada. El haberse encarado ante Franco no le redime de muchas otras cuestiones negativas que hizo. No quiero hacer de él un héroe, porque no lo fue en absoluto. Pero por la manera tan dramática que acabó me inspira afecto, simpatía.
P.: Su novela suma carácter histórico y erudición.
M.D.: No quería escribir una novela histórica sino una ficción, y la mucha erudición lastra el pulso narrativo y resulta infumable para el lector. Sira se cruza con esos personajes históricos y ellos, con su postura pro Aliados le piden que colabore en su causa, que reciba a las amantes de los nazis, y esté atenta a la información que den y luego la traspase.
P.: Su personaje tiene el oficio perfecto para conseguir esos datos, ¿planeó desde el comienzo que fuera modista?
M.D.: Tenía que ser modista, en ese tiempo las mujeres que venían de abajo tenían pocas posibilidades de alcanzar una cierta independencia económica, y ésa era una. Además, en un taller de costuran se da lugar a muchísimas complicidades. Allí las mujeres se sienten en confianza y hablan y hablan. A esto se une lo que iba sabiendo que había ocurrido en la realidad de ese momento histórico. Yo no soy historiadora, y muchas veces tenía que poner un freno a mi curiosidad, decirme: estoy escribiendo una novela y no un trabajo de investigación para una tesis doctoral. Es que encontraba, por ejemplo, como había funcionado el primer franquismo. Yo pensaba que desde que había terminado la Guerra Civil había impuesto un poder absoluto, un orden incuestionable que se prolongó a lo largo de los años, y no fue así. Los primeros años el gobierno era absolutamente inestable, había montones de problemas internos, se cuestionaba todo. Probablemente los más conocedores de la historia lo sabían, yo iba sorpresa tras sorpresa.
P.: ¿A qué se debe el interés por volver a contar esa etapa de España? En los últimos tiempos ha reaparecido, en autores como Javier Cercas o Almudena Grandes, entre muchos otros.
M.D.: Creo que el interés ha estado siempre, y me cuesta trabajo encontrar una razón única. Cada narrador, cada revisionista, como le queramos llamar, enfoca su trabajo de manera distinta. Almudena lo hace de una manera más crítica, asumiendo un compromiso político. Esa no ha sido mi intención. No busqué ninguna reivindicación sino mostrar con objetividad cómo era aquel mundo. Yo no quería escribir sobre la Guerra Civil, pero me muevo por una época donde ella está. Lo mío era crear una ficción sobre una base rigurosa, y en eso me ayudó esa disciplina que me dio la vida académica de que todo se documente, que todo esté justificado, dar hechos y no opiniones, cómo formar patrones lingüísticos, saber de las diversas voces y de cómo estructurar el discurso. Todo eso me ayudó mucho.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
M.D.: Por el momento no tengo tiempo, pero tengo aparcada una historia que trata sobre las relaciones entre España y Estados Unidos, que fueron muy intensas, tanto en el pasado cuando una sector de ese país fue territorio español, en la formación inicial de los Estados Unidos, el abrazo de Franco con Eisenhower, las nuevas relaciones donde nos llenan de bases militares. Quiero darme una vueltecita por ahí.
Entrevista de Máximo Soto


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