27 de septiembre 2010 - 00:00

El intimismo le sienta bien a Diana Krall

En el ámbito intimista del Gran Rex, Diana Krall ofreció uno de sus mejores recitales en el país, acompañada por tres excelentes músicos y con un repertorio heterogéneo.
En el ámbito intimista del Gran Rex, Diana Krall ofreció uno de sus mejores recitales en el país, acompañada por tres excelentes músicos y con un repertorio heterogéneo.
«Quiet Nights». Actuación de Diana Krall (voz, piano). Con Anthony Wilson (guitarra), Robert Hurst (contra-bajo), Karriem Riggins (batería). (Teatro Gran Rex).

El perfil «cool», como de pequeño pub, más cerca de un jazz de trasnoche que del pop de grandes estadios, pone a la canadiense Diana Krall en el mejor de los lugares que puede alcanzar. Un poco forzados por lo que quedó de la escenografía de TeenAngels, que debe esconderse, con una tela brillosa del estilo cabaret antiguo como fondo, con los músicos muy cerca entre sí (curiosamente, ella puesta de espaldas a sus compañeros), y sin muchos más artilugios que cuatro instrumentos y una voz, la pianista y cantante ofreció, ante un Gran Rex repleto, uno de los mejores conciertos que haya dado alguna vez en la Argentina.

La excusa de producción era la presentación de su último álbum, «Quiet Nights», en el que una vez más dejó ver su amor por la bossa nova. Sin embargo, lo que sucedió en su concierto poco tuvo del disco. No hubo aquí orquestaciones abiertas; en cambio, se rodeó de un trío de músicos de jazz que dieron esa impronta a todo su show. Tampoco los temas del álbum tuvieron especial presencia; apenas «Quiet Nights» -una versión en inglés de «Corcovado» de Tom Jobim, originalmente interpretada por Miles Davis en los años 60- y «Walk On Baby» de Burt Bacharach. Arrancó la noche con «Live Being Here With You» de Peggy Lee, siguió con «Deed I Do» de Ella Fitzgerald, «Just You, Just Me» de Jesse Greer, la muy conocida «Cheek to Cheek» de Irving Berlin y de Tom Waits, «Jockey Full of Bourbon» y «Clap Hands» a la hora de los bises. Sólo incluyó una pieza propia que compuso con su marido, Elvis Costello: «Abandoned Masquarade». Y fue maravillosa su versión, únicamente con piano y voz, de «A Case of You» de Joni Mitchell.

El clima reconcentrado de un concierto obligó al público a mantenerse en vilo durante los 90 minutos de concierto. Y eso sucedió por el excelente trabajo de una banda de virtuosos que juegan alternativamente al sonido conjunto y a los momentos solistas. Todos músicos de formación jazzística y con amplia y reconocida historia personal, se sumaron cómodamente a la voz pequeña -esta vez, Krall optó casi siempre por el medio tono y por la emisión «sucia»-, a las improvisaciones más apuntadas a la originalidad que al despliegue de notas, a «tutti» que nunca sobrepasaron esa medida intimista.

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