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El mundo según la mirada infantil
Jordana Berg, montajista y coautora de “Últimas conversaciones” de Eduardo Coutinho, que inaugura esta noche el 15° Doc Buenos Aires en Sala Lugones del Teatro San Martín.
Periodista: Usted trabajó 20 años con Coutinho. Pero hablemos de su relación con otros, como su marido Sergio Bloch, la directora Joana Nin o el comediógrafo Domingos de Oliveira.
Jordana Berg: Con mi esposo trabajé muchos años. Ahora está enseñando a los indios a hacer sus propias películas. Viaja tres días hasta la selva amazónica, otros tres dentro de la selva, ahí se queda dos semanas, no puedo acompañarlo, tenemos los chicos. Domingos de Oliveira, trabajé en un retrato sobre él, que halagó su vanidad, y me contrató para montar "Todo mundo tem problemas sexuais". ¡No es un buen ejemplo! Lo de Joana Nin es muy lindo. "Cativas. Presas pelo coracao", y el corto "Visitas íntimas" hablan de casadas y enamoradas cuyos hombre están en la cárcel. Ella dice que hizo una película de amor. Para mí es de control. ¿Qué más quiere una mujer, que su marido esté controlado? También monté "Oscar Niemeyer. A vida é un sopro" y otros documentales, más o menos 60. Y algunas ficciones.
P.: ¿Cuándo empezó?
J.B.: Yo entré la TV como operadora de caracteres. Un director me llevó a poner la letra de un tema de Gilberto Gil en un estudio de la BBC en Rio, y lo hice tan rápido que me invitaron a editar un videoclip. Fue una revelación.
P.: En 1985 Coutinho estrenó su primera obra maestra, "Cabra marcado para morrer", historia de una familia que se había dispersado por todo Brasil tras el asesinato del padre en 1964. Algunos hijos habían tomado otros nombres, pero él logró encontrarlos y reunirlos a todos.
J.B.: Paradójicamente, el éxito de esa obra lo dejó sin trabajo y sin plata. Cuando lo conocí se las estaba rebuscando. Un día quedó al frente de un proyecto, una serie documental televisiva sobre los pueblos del Nordeste. Nos dijo "Nadie va a ver una obra de campesinos hablando, pero la quiero hacer". De la serie solo se concretó "Santo Forte", que se estrenó como película, con éxito de público y también de crítica. Ahí lo contactó Joao Moreira Salles, propietario de Videofilmes.
P.: Hijo de embajadores, hermano de un banquero y un director (Walter Salles, el de "Estación Central"), autor de "Noticias de uma guerra particular", sobre el narcotráfico carioca, productor de cine, etc.
J.B.: Joao lo impulsó a filmar "Babilonia 2000" el 31 de diciembre de 1999, para ver qué esperaban del nuevo siglo los habitantes de una favela ubicada en la ladera de un morro carioca. Coutinho fue subiendo hasta la punta, donde los pobres dominan la mejor vista de la bahía, y ahí festejó con ellos. Luego, con "Edificio Master", entrevistando a los habitantes de un monobloc de Copacabana, Salles y él quedaron megaultraamigos, como padre e hijo, solo que el padre venía a ser el más joven, que lo impulsaba a trabajar.
P.: En sus últimas obras Coutinho ya no iba a ningún lugar, sino que instalaba la cámara y venían los entrevistados.
J.B.: Era muy fumador, empezó a enfermarse y no podía viajar. Nos decía, "aunque sea en silla de ruedas seguiré filmando". De a poco, creo que filosóficamente, fue haciendo obras cada vez más sencillas, se fue desligando de los escenarios naturales, la segunda cámara, los inserts, la música, las ilustraciones. "La cara del entrevistado es suficiente escenario", decía.
P.: ¿Cómo hacía para que la gente contara y confesara tantas cosas frente a la cámara? (una madre prostituta, un intento de asesinato, etc.)
J.B.: Su primera pauta: "Las personas necesitan ser escuchadas". Luego, no mostraba juicio moral, no imponía su opinión, se abría a los valores del otro. Y entonces los demás se abrían.
P.: ¿Nunca lo invitaron a hacer eso mismo en televisión?
J.B.: Muchas veces, pero siempre, amablemente, se negaba. No hubieran tolerado mucho tiempo sus planos largos, los silencios, dejar que los otros hablen sin interrumpirlos. La televisión exige cortes.
P.: Cuénteme de "Ultimas conversaciones", donde charla con chicos de la secundaria.
J.B.: El quería hacer una película sobre niños de jardín que ignoran la maldad del mundo y dan explicaciones maravillosas de lo que no conocen. Pero los abogados de Videofilmes le advirtieron que algunas madres podían desautorizar a posteriori la grabación y hasta harían reclamos. Ahí alguien le sugirió entrevistar a chicos de la secundaria. El aceptó a regañadientes. Un día me llaman del estudio. "No es nuestro Coutinho. No pregunta con interés". Aparecí al final del cuarto día de grabación. Me confesó su fastidio ante chicos de pobre vocabulario, sin memoria, que solo viven el presente. "Hay un abismo entre mis 80 años y sus 18". Trabajá sobre ese abismo, le dije. Y le prometí que después haríamos esa película con niños. Yo misma le llevaría dos pequeños, el último día de filmación.
P.: Es lo que se ve en la película.
J.B.: El equipo, muy sensible, había dejado todo prendido. Grabó toda la charla. De eso elegimos seis minutos, que están al comienzo, como un homenaje a su persona. Y al final, su entrevista con una nena que es toda luz, a diferencia de los adolescentes. Le llevé también un chico de 12 años pero no quedó porque le pareció "demasiado adultito". El murió muy poco después de terminado el rodaje. Solo alcanzó a desgrabar las charlas con los chicos y dejar algunas indicaciones anotadas. Nosotros seguimos esas indicaciones. Solo el comienzo y el final son decisiones nuestras. Y el título. No me gusta la palabra "Ultimas", ni figurar como coautora. Hubiéramos preferido un millón de veces que la firma fuera solamente suya.
Entrevista de Paraná Sendrós

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