En su primer viaje, el papa argentino cumplió un recorrido histórico por Jordania; Belén, en Cisjordania; y Jerusalén para predicar con el ejemplo que el diálogo es el único camino para lograr la paz.
Pese a que el Vaticano calificó la visita de simple "peregrinación", las palabras y, sobre todo, las acciones de Francisco tuvieron impacto político. El Sumo Pontífice, que pronunció 14 discursos y homilías en tres días, evitó en general improvisar en ellos como es su costumbre y se llevó como principal éxito la promesa del presidente israelí, Shimón Peres, y el líder palestino, Mahmud Abás, de reunirse probablemente el 6 de junio para orar por la paz en la Cúpula de San Pedro.
"La paz es cuestión de fantasía e inspiración. Tú tienes estos dos elementos", le confesó Peres a Francisco durante el encuentro privado. Expresándose en hebreo, agregó: "Tu peregrinación allanó el camino para una nueva paz".
"La construcción de la paz requiere, ante todo, de respeto a la libertad y la dignidad de cada ser humano, que según creen de judíos, cristianos y musulmanes, fue creado por Dios y está destinado a la vida eterna", respondió el Papa.
Aunque aclaró a los periodistas que lo acompañaron en el viaje de regreso a Roma que "el encuentro es para rezar" y "no se trata de una mediación", hay mucha expectativa por una eventual reactivación de las negociaciones, en punto muerto desde el fracaso en abril de la mediación esta-dounidense.
En ese vuelo sorprendió con declaraciones sobre el celibato. "No es un dogma de fe" en la Iglesia Católica, y "la puerta está siempre abierta" a tratar el tema, reconoció. Sin embargo, afirmó que "es un regalo para la Iglesia" que los curas lo adopten como "regla de vida".
También dijo que se está estudiando "la cuestión de los quince millones" de euros, como denominó la presunta malversación de fondos atribuida al cardenal Tarsicio Bertone. "Somos pecadores, débiles. La Secretaría de Economía ayudará a evitar escándalos y problemas", declaró.
Durante su última jornada en Tierra Santa, visitó la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar sagrado del islam, y el Muro de los Lamentos, uno de los más sagrados del judaísmo. Allí dejó un mensaje entre las piedras, como es tradición, que contenía la oración Padre Nuestro.
La cargada agenda de Francisco incluyó una visita al cementerio nacional de Israel, donde depositó una corona de flores en la tumba del fundador del sionismo, Theodor Herzl, algo que ningún pontífice había hecho hasta ahora.
Fuera de programa, visitó el monumento a las víctimas de atentados en Israel, un gesto que realizó a petición del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Durante todos los rituales, estuvo acompañado por dos amigos y compatriotas, el rabino Abraham Skorka y el profesor musulmán Omar Abboud, un sueño que cultivó desde que era arzobispo en Buenos Aires.
A continuación se dirigió hacia el memorial de Yad Vashem que recuerda a los seis millones de víctimas del Holocausto. "Señor, Dios nuestro, sálvanos de esta monstruosidad", dijo, tras lo cual besó la mano de seis sobrevivientes del horror nazi.
La visita papal concluyó con una misa en el Cenáculo, donde según la tradición cristiana se llevó a cabo la Última Cena de Jesús con los apóstoles, lugar que alberga también la tumba del rey David, considerada sagrada por los judíos, y que provocó malestar en la comunidad judía ortodoxa.
Poco después de la misa, un incendio provocado se desató en una de las principales iglesias católicas de Jerusalén, en el monte Sión, según informó el portavoz de la Abadía de la Dormición de María, el hermano Nikodemus Schnabel.
| Agencias AFP, DPA y EFE, y Ámbito Financiero |


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