8 de octubre 2010 - 00:29

“El próximo Gobierno debería devaluar por lo menos un 20%”

El economista del mes

“El próximo Gobierno debería devaluar por lo menos un 20%”
En la tradicional entrega de El Economista del Mes, el análisis de la coyuntura y las perspectivas estuvo a cargo de Gabriel Rubinstein. Considera que el programa del próximo Gobierno tendría que contemplar un ajuste del tipo de cambio nominal de aproximadamente un 20 por ciento en el marco de un plan antiinflacionario. También debería incluir un plan de aumentos tarifarios del orden del 30 por ciento anual por varios años y otro de baja de las retenciones, eliminando las de trigo y maíz.



¿Cómo evalúa la herencia que dejará el Gobierno?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la salida de la crisis fue anterior a la llegada de los Kirchner. Y también hay que considerar que entre mayo de 2003 y diciembre de 2005, el kirchnerismo se metió «poco» con la economía, dejando que continuara al mando de ella Roberto Lavagna y su equipo. Para evaluar la herencia económica K propiamente, hay que enfocarse sobre todo el período 2006-2011.

En tal sentido, más allá del buen crecimiento, que se

hubiera dado con De la Rúa, Menem o quien fuera por las condiciones tan propicias, el kirchnerismo dejará una herencia negativa, habiendo degradado el funcionamiento de muchos mercados y acumulando desequilibrios económicos variados que deberán corregirse. Entonces, entre 2006 y lo proyectado para fin de 2011 (un crecimiento del 6% en 2010 y del 4% para 2011), se puede destacar: a) buen crecimiento del PBI, similar a Brasil, Chile y muchos otros países; b) leva baja del desempleo (del 10,1% al 9,8% a fin de este año); c) leve baja de la pobreza (del 33% al 30% aproximadamente); d) fuerte alza de la inflación (del 10% al 25%); e) desorganización de muchos mercados por torpe intervencionismo estatal (petróleo, gas, electricidad, carnes, trigo, etc.), que incluso llevó a caídas de producción totalmente evitables en combustibles, trigo, maíz, carne y otros mercados; f) fuerte deterioro fiscal: sin recursos del BCRA (derivados mayormente de la alta inflación) ni de la ANSES (que antes era ahorro de los futuros jubilados), se pasó de un superávit primario del 3,7% del PBI en 2005 a un déficit del 1,2% para 2011; g) fuerte proceso de apreciación cambiaria, que se notará más aún en 2011 si el real deja de apreciarse.



¿Cuáles fueron los objetivos de la política económica?

El Gobierno trabajó con la meta de «maximizar el poder político K» y ello se tradujo en «maximizar el gasto público» para beneficio de ciertos sectores y creando un sistema de extorsión política ampliamente conocido. Maximizar el gasto requirió de «nuevos recursos», y el Gobierno «redescubrió» que podía financiarse con recursos del BCRA derivados mayormente del llamado «impuesto inflacionario». Utilizar los recursos del BCRA como fuente de financiamiento es muy dañino. Es un lamentable retroceso. Los recursos del BCRA se generan sobre todo porque hay inflación. Se aplica un impuesto (del orden del 25%) a las tenencias de efectivo (base monetaria) y se le dan esos recursos al Tesoro (vía utilidades, adelantos transitorios y uso de reservas «excedentes»). La inflación empezó como un «error técnico» en épocas de Lavagna, que éste no alcanzó a corregir porque tuvo que irse, y se convirtió más adelante en una «droga». El kirchnerismo se hizo «adicto» a la inflación, ya que le da «caja» para sus planes políticos.

No hay que olvidarse que la inflación hace daño. Porque genera incertidumbres, temores, contribuyendo a un clima negativo de desorden social. Además, desalienta la inversión productiva, lleva a la apreciación cambiaria y hace aumentar la vulnerabilidad financiera.  



¿Por qué aumenta la vulnerabilidad financiera?

Porque las reservas deben servir para respaldar todo aquello que pueda llegar a querer convertirse en dólares (el llamado M3: circulante más depósitos). El ratio reservas/ M3 se está deteriorando, ya que las reservas que se compran se usan para financiar gastos, y el M3 crece a ritmo cercano a la inflación. Este aumento de vulnerabilidad financiera y el proceso de apreciación es preocupante. Eran procesos muy evitables si se hubiera tenido un Gobierno más responsable. Ambos procesos negativos podrán frenarse cuando se logre una tasa de inflación muy baja y tengamos un mejor Gobierno.

De todos modos, no pareciera que será necesaria una maxidevaluación para corregir la apreciación cambiaria. No veo ni posible ni necesario retornar a los niveles de tipo de cambio «muy alto» del período 2005-2008. Pero sería importante detener el proceso de apreciación. No podemos descartar la conveniencia de una devaluación inicial, tal vez del orden del 20% (habrá que ver un número «fino» más cerca de las elecciones), en el marco de un programa antiinflacionario bien diseñado.

Bajar la inflación desde un 25% a un 15% en 2012 es posible, aun con devaluación del 20% e inicio de correcciones tarifarias diversas. Luego se podría bajar la inflación, por ejemplo al 8% en 2013 y al 5% en 2014, lo que debería ser el «máximo» de inflación tolerable en estas épocas. Con valor 1996=1, el tipo de cambio real multilateral promedio 2005-2008 fue igual a 1,86; esperaría que llegue a 1,38 o probablemente menos para las elecciones. Es un ritmo de apreciación demasiado fuerte, explicado por las apetencias electorales K.



¿Es posible evitar la apreciación cambiaria si viniera un escenario de boom económico?

Sí. El país tiene una calidad institucional muy baja, y esa es una gran razón (además de las más conocidas, como, p. ej., la de favorecer a la industria) para favorecer un tipo de cambio real relativamente alto (peso débil). En el marco de un boom de ingreso de capitales se podría defender la paridad real actuando bien en el plano cambiario-monetario: a) interviniendo mucho en el mercado (comprando dólares), b) esterilizando los excedentes. Esto se puede hacer vía fiscal (aumentando superávit) y/o vía monetaria (encajes y bonos en sistema financiero), y con esos recursos cancelar deuda, invertir en fondos anticíclicos o en fondos soberanos, a la manera de Chile, Brasil, China, etc., que en lugar de «gastar todo lo posible» (máxima K) vienen acumulando excedentes para evitar recalentar sus economías y para usar en caso de necesidad (ciclo negativo).



¿Qué debería hacer un Gobierno «no K» si ganara en 2011?

Además de un programa específico de gobierno para las diferentes áreas de acción, habría tres frentes que entiendo definirían las perspectivas para los próximos 10 años: a) Definir un rumbo económico mucho más sano (a mi juicio) que el actual, yendo hacia un modelo de «capitalismo competitivo», abierto al mundo, en lugar del modelo actual, que combina «fuerte intervencionismo (y por cierto muy arbitrario) del Estado» con «capitalismo de amigos», y que es muy degradante para el buen desempeño económico, político y social en el país. Esto implica lograr que se instale la idea de un «cambio de régimen», y provocar un «shock de confianza». Hay que hacer algunas cosas básicas que simbolicen ese cambio: arreglar muy rápidamente el INDEC, normalizar relaciones con el FMI, arreglar las deudas públicas pendientes, nuevas y transparentes reglas de juego respecto de los contratos con el Estado, en una suerte de «cruzada» para terminar con los muy altos niveles de corrupción presentes; b) Un «proma macroeconómico» acertado, para corregir y reencauzar los desequilibrios macroeconómicos actuales; c) Un programa macro «idóneo» para hacer frente a un eventual boom de ingreso de capitales al país, programa que impida el «mareo» habitual que tales situaciones en el pasado hicieron malograr caminos sustentables (como, p. ej, el boom posconvertibilidad, que produjo «borrachera» y que, entre otras cosas, llevó innecesariamente a la pérdida del muy buen superávit fiscal logrado hacia 1993).



¿Qué no puede faltar en un buen programa «macro»?

En primer lugar, metas de inflación decrecientes como las mencionadas antes; aumentos salariales acordes con una inflación que bajaría sustancialmente; una política monetaria y fiscal acorde con esa inflación objetivo; un plan de aumentos tarifarios para varios años (aproximadamente, en promedio, un 30% por año) para ir bajando los subsidios actuales hasta eventualmente eliminarlos; un plan de baja de retenciones en varios años (eliminado las actuales de trigo y maíz); control del gasto público y descentralización de la obra pública (a provincias) para recuperar el superávit fiscal perdido; probablemente, un ajuste inicial del tipo de cambio nominal para producir una inflexión en el proceso de revaluación actual del peso.