4 de octubre 2012 - 00:00

“El público del tango se resiste a las novedades”

Guillermo Fernández: «‘Grandes Valores del Tango’ fue un bastión y siempre lo reivindiqué. Es una pena que no haya registro de lo que fue la mejor época, entre 1970 y 1978».
Guillermo Fernández: «‘Grandes Valores del Tango’ fue un bastión y siempre lo reivindiqué. Es una pena que no haya registro de lo que fue la mejor época, entre 1970 y 1978».
Hace ya mucho tiempo que dejó de ser «Guillermito». Con 54 años, un estilo que se ha ido asentando con el tiempo, una garganta que le rinde cada vez mejor, aquel pequeño que hizo furor en el «Grandes Valores del Tango» de los años 70, se ha transformado definitivamente en Guillermo Fernández. Y, para festejar que ayer fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura en la ciudad de Buenos Aires, mañana hará un concierto especial en el teatro SHA. Dialogamos con él:

Periodista: Durante mucho tiempo, «Grandes Valores» fue un programa cuestionado por una parte importante del ambiente tanguero. Actualmente, esa crítica parece haber trocado en reconocimiento. ¿Usted también lo siente así?

Guillermo Fernández: Sí, y es justo. Ese programa fue un bastión y, personalmente, siempre lo reivindiqué. Es una pena que no haya registro de lo que fue, a mi criterio, la mejor época, entre el 70 y el 78 más o menos. Pero yo puedo decir que ahí me hice amigo de Leguizamo, que presencié el Mundial de fútbol sentado junto a Maradona, que le di una serenata a Azucena Maizani con Floreal Ruiz, que canté con Goyeneche, con Morán, con Rosita Quiroga, que me hice amigo de Cadícamo, que Julio de Caro y Sebastián Piana me hicieron un tango. Toda la primera época fue gloriosa, todavía con Juan Carlos Torry como conductor. Ya en la década siguiente, para el 83/84 empezaron a pasar cosas, desde el punto de vista estético, que no me gustaron y decidí irme. Yo había llegado ahí nada menos que de la mano de Hugo Del Carril, que antes me hizo subir a cantar en un show suyo en la Federación de Box. Él había sido el primer conductor de «Grandes Valores», unos pocos meses. Después se fue, pero hizo la conexión para que yo me presentara. En principio, fui para concursar, pero Alejandro Romay decidió que yo podía ser parte del elenco estable.

P.: Hubo un momento de su vida en el que se alejó del tango, cuando cantó y grabó baladas en los Estados Unidos. ¿Qué fue eso?

G.F.: Yo me fui a estudiar a Los Angeles ingeniería de grabación, producción, música. Como tenía que vivir de algo empecé a trabajar en los estudios. Hice producción, fui ingeniero, hice arreglos, compuse música para tres películas del estudio de Clint Eastwood. Me asocié con Eduardo Del Barrio. Trabajé con Pepe Motta. Así es que llegó la posibilidad de hacer un disco. Sin tener nada (aunque había dicho lo contrario) viajé a Nueva York, me contacté con Roberto Livy y lo grabamos. En tres meses estaba editado y fue rápidamente disco de oro. Les gustó el pelo largo que tenía en esa época y por eso fue así la foto de la tapa. Lo que no acepté fue la idea de buscar otro nombre, como me sugería el presidente de la compañía, que paradójicamente se llamaba Tomás Muñoz -tan gallego como yo-. Mi idea posterior era aprovechar ese impulso para hacer un disco de tango, pero ni él ni Livy estuvieron de acuerdo; y entonces la cosa no siguió. Casualidad o no, al poco tiempo produjeron el disco de tango de Julio Iglesias.

P.: ¿Qué le quedó al cantante de tango que es actualmente de aquella época?

G.F.: De eso aprendí mucho, especialmente lo que no quiero. Vi cómo se manejaban las listas de Billboard. Pero también aprendí a producir, a trabajar con exigencia profesional. Actualmente, cada disco mío cuesta un departamento. Y eso tiene que ver con que quiero que todo esté perfecto. Le dedico muchas horas de estudio, trabajo con los mejores músicos, le invierto mucho tiempo editándolo en el Pro-Tools que tengo en mi casa. Y sigo pensando en el concepto de álbum; me parece que es el camino del desarrollo de un artista, independientemente de que uno trabaje con los «cortes» para la promoción o que el sistema de venta haya variado radicalmente y hoy dominen los temas por sobre los discos completos.

P.: ¿Es cierto el «boom» del tango del que se habla a veces?

G.F.: No me parece que sea así. Afortunadamente, yo tengo trabajo. Si entro en ritmo, puedo hacer uno o dos shows por semana. Y tampoco tengo problemas en hacer un reemplazo de un colega, en alguna casa de tango, si es necesario. Pero no es sencillo ni hay tal boom. Menos si lo pensamos en términos de novedades. En mis conciertos, yo meto algunos de los temas que hice con Luis Longhi o Luis González -«Petróleo», «Deseo», «Milonga a Julio Sosa»-, pero se les complica más todavía a quienes no son cantantes y entonces no tienen quién los interprete. El público sigue queriendo escuchar los clásicos, se hace siempre el mismo puñado de piezas, y no es nada sencillo para los cantantes nuevos.

P.: ¿En qué lugar pone su carrera de actor?

G.F.: No me siento actor. Soy un cantante que actúa. Y hasta tuve el honor de que me nominaran hace poquito para los premios Hugo por «Te quiero, sos perfecto, cambiá». Es algo que me divierte y cada vez que puedo lo hago, sea con producción externa o propia; más allá de que no siempre acompaña el rédito económico.

P.: ¿Está grabando?

G.F.: Sí. Estoy haciendo dos discos juntos que se publicarán como un álbum doble. Es una especie de continuidad del «De gitanos y tangueros» que hice antes. Este se va a llamar «De criollos y tangueros» y va a incluir un CD con guitarras, con temas viejos y nuevos en el estilo del cantor nacional, y otro con el quinteto dirigido por Cristian Zárate, con el que voy a recrear clásicos que no había hecho antes, como «El motivo». Estamos haciéndolo y supongo que se editará en los primeros meses del año que viene.

P.: ¿Qué es lo que hará en su concierto de mañana?

G.F.: Es un espectáculo que bautizamos «Sentimiento tanguero». Va a ser un recital de canciones de distintas épocas. Voy a estar acompañado por el quinteto de Zárate, después por ese grupo ampliado con las cuerdas de la agrupación Elvino Vardaro, y finalmente por una orquesta típica. Así que habrá tango de muy diferentes estilos.

Entrevista de Ricardo Salton

Dejá tu comentario