- ámbito
- Edición Impresa
El régimen sirio prolongó ayer la carnicería del fin de semana
Hasta ahora reducidas mayormente a ciudades del interior de Siria, las protestas prodemocráticas llegaron el fin de semana a Damasco. La reacción de las fuerzas de seguridad de Bashar al Asad (derecha) fue la misma de siempre: disparar contra los manifestantes.
El nuevo gobernador de la región visitó ayer la ciudad de Jable, cercana a Latakia, y, tras su marcha, las fuerzas del régimen cercaron la ciudad y comenzaron a disparar, agregó el vocero del Observatorio de DD.HH. con sede en Londres. La organización Sasasiah indicó que murieron nueve personas y que fue arrasada la casa del médico Zakraya al Akad.
Más tarde, miles de sirios se volcaron a las calles en la sureña ciudad de Nawa. «Larga vida a Siria. ¡Abajo Bashar (Al Asad)!», gritaban los dolientes durante un funeral, según se escuchaba a través del teléfono. «Andate, Andate. El pueblo quiere el derrocamiento del régimen», decían.
El fin de semana resultó devastador en términos de vidas humanas. El Comité de Mártires de la Revolución del 15 de marzo reportó 124 en los últimos tres días (luego se conocieron cinco muertes más), la mayor parte de ellos en Deraa, el viernes. A su vez, el Comité sirio de los Derechos Humanos, también con sede en Londres, publicó una lista de 112 muertos y desaparecidos.
Poco después del anuncio de las muertes en Jable, unos 3.000 habitantes de Banias, ciudad situada a unos 50 kilómetros de Latakia, organizaron en solidaridad una sentada en la autopista que une a ésta con Damasco.
La ebullición callejera es permanente. Miles de personas participaron entre el sábado y ayer en funerales de los muertos por la represión, al tiempo que los servicios de seguridad llevaban a cabo más detenciones. La revuelta llegó también a las calles de Damasco, la capital.
Junto con el intento de ahogar los reclamos, el régimen combina medidas aperturistas, en una dinámica que también aplicó el depuesto Hosni Mubarak en Egipto antes de su caída, el 11 de febrero pasado. Entre otras cosas, diferencia a una y otra dictadura su relación con EE.UU. Mientras la egipcia era aliada, tanto como del Gobierno de Israel, la de Al Asad es denunciada por las potencias occidentales como promotora del terrorismo y vinculada a la teocracia fundamentalista iraní.
El fin del estado de excepción dispuesto el fin de semana no aplaca los ánimos. Así lo demuestra también el hecho de que los servicios de seguridad se desplazaron a diversas ciudades. «Decenas de arrestos» tuvieron lugar en varias regiones, afirmó el Observatorio basado en Londres, que facilitó los nombres de 15 detenidos en el este del país y precisó que los muertos son 352 desde marzo. Gobiernos extranjeros y organizaciones humanitarias evalúan que los reportes de este tipo de entidades nacionales en el exterior, si bien hay que tomarlos con precaución, resultan cruciales para perforar el cerco informativo que imponen regímenes como el de Al Asad.
En cambio, las autoridades liberaron al presidente del Comité de Defensa de las Libertades y Derechos Humanos, Daniel Saud, que había sido detenido el sábado en su domicilio de Banias, informó el activista Amar al Qurabi.
De cara a su población, las autoridades sirias siguen denunciando muertes en las filas de la Policía o del Ejército a manos de «bandas armadas», a quienes imputan el movimiento de sublevación. «Una banda criminal armada» mató el sábado a cinco miembros de una unidad del Ejército en la provincia de Daraa, denunció la agencia estatal Sana. Los soldados respondieron y mataron a dos de los agresores. También fue abatido otro «miembro de una banda criminal» en otra parte de la provincia, agregó la agencia.
El accionar del Gobierno fue condenado por escritores y periodistas en una declaración conjunta hecha pública ayer.
El documento, que lleva 102 firmas, critica además el carácter tendencioso con que los medios estatales informan sobre las protestas.
Agencias AFP, DPA, Reuters y EFE, y Ámbito Financiero

Dejá tu comentario