6 de noviembre 2009 - 00:00

“El torcan”: emotiva evocación de Cardei

«El torcan» (Arg., 2009, habl. en esp.). Guión y dir.: G. Arregui. Int.: O. Guzmán, A. Cardei, I. Pelicori, C. Disti, G. Moyano, R. de la Serna.

A esta película filmada en diversos lugares del Conurbano Sur, con dos pesos trabajosamente reunidos, con escenas en diversas tanguerías y sobre todo en una casa vieja de piso de pinotea tan vencida que, a riesgo de caerse, la cámara debía mantenerse quieta, se le pueden hacer varias objeciones.

Es fácil hacerlas. Observar, por ejemplo, algún detalle de vestuario infantil en una escena ambientada hace medio siglo, una ocasional asincronía, una línea de diálogo, alguna reiteración, la reducida cantidad de extras en determinada parte, cosas similares. Pero suenan a mezquindad, cuando la anécdota que cuenta esa escena de evocación de infancia tiene una fuerza emotiva que voltea, y el recuerdo que surge de la misma es de un cariño que desarma. «A pesar de la hemofilia, ¡qué linda que ha sido mi niñez!», dice, aproximadamente, la voz del protagonista. Y éste es apenas el comienzo de una historia que sabemos verdadera.

Evocación del cantor de tangos Luis Cardei, su vida, sus mujeres, su enorme ternura, sus tremendos padecimientos físicos («para mi la felicidad era que mi viejo se despertara de la siesta sin dolores», dice, también aproximadamente, su hijo), «El torcan» es prácticamente como esos tangos que pueden desentonar un poco, pero emocionan hasta las lágrimas. Y tiene tres puntales francamente invalorables: la participación del propio Alfredo Cardei en el rol del hijo, con toda esa historia de devoción filial, que acá se expone sin tapujos, la voz del propio Luis Cardei en unos temas como sólo él sabía cantarlos, y la impresionante, admirable caracterización de Osqui Guzmán, asumiendo como propios los gestos, los latiguillos, las salidas, el modo de desplazarse y sonreír, el modo de agradecer y de asombrarse, y la voz del torcan. «Fue como tener a mi viejo veinte días más», confesó simsu hijo al final del rodaje.

En suma, para amantes del tango, un reencuentro. Y para otros, un melodrama rebosante de afecto por el hombre que pasó infinidad de desgracias y fue capaz de saludarlas cada día, ofreciendo la maravilla de su arte. Por ahí se evoca el momento en que Luis Cardei filmó una parte de «La nube» en el Hospital Borda. En silla de ruedas, dolorido, le dice de pronto a su mujer, con toda ternura y tristeza, «¿Ves, María? En esa piecita vivía yo, cuando estaba internado». Escenas como ésa ya justifican la película.

P.S.

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